24 horas

En más de una ocasión pienso qué haría si me dijeran que tengo nada más que 24hs para vivir, que no hay prórroga posible, que se termina todo para mí y que voy a tener que aprovechar ese tiempo al máximo.
Cuando vivía mi mamá esa idea me aterraba porque pensaba en lo que ella podía llegar a sufrir asi que mi chance era mirarla y decirle mil veces que la amaba y que no la hubiera cambiado por ninguna otra madre del mundo.
Hoy la situación es diferente, por ende mis opciones también. Reuniría a mis hermanos, a mis amigos (a los que están y alguna vez estuvieron en mi vida) a esos por lo que hubiera dado cada gota de mi sangre y se los diría, los abrazaría mucho, mucho y después permanecería a su lado riéndome hasta que no me quedara más aire en los pulmones.
Llenaría de besos a mi negrito y le recordaría que no existió, existe ni existirá ser más puro en este mundo y con una mirada tan noble como la suya.
Y después te iría a buscar. Aunque me restara nada más que un minuto y no supiera dónde encontrarte, te iría a buscar. No sé si harían falta demasiadas palabras porque los dos sabemos que no existe nada más poderoso que una mirada pero tal vez, si lograra dominar los nervios y la ansiedad, diría algunas cosas que habitualmente callo, no esperaría respuesta alguna y te abrazaría hasta que se terminara mi tiempo.

La Luna alumbró el día jueves, septiembre 08, 2005

1 Satélites Lunares

Caminó por la Luna Anonymous Marcos, tu sombra
Vas a esperar las últimas 24 hs de tu vida para abrazar a tus hermanos, a tus amigos y decirles lo que significan para vos?
Y mientras tanto qué vas a hacer? Privarte de lo que más querés?
Está bien que me busques en el último minuto, ya sabés que te quiero para toda la eternidad.

12:50 a. m.

Detrás de la ventana

Buenos Aires, 28 de Abril de 2005
Señor:
Verá Ud, tal vez el envío de esta carta le parezca atrevido de mi parte pero no encuentro otra forma de hacerle saber lo que me sucede. Vivo cerca de su casa y puedo verlo partir y regresar todos los días a la misma hora algo cansado, con un andar pausado y reflexivo, a veces con un cierto aire de melancolía en su rostro, como si añorara algo que quiere y no puede vivir.
Nos hemos cruzado en un par de ocasiones pero nunca me ha mirado y yo he contenido el aliento esperando que asi fuera pero no ha dado resultado y no me lamento, al contrario, es señal de que no soy obvia y eso me permite continuar admirándolo desde lejos pero a la vez muy cerquita suyo.
A veces, por las mañanas, cuando no logro verlo partir hacia su trabajo lo imagino con su traje oscuro subiendo al coche, con cara de sueño y alguna gotita de agua deslizándose por su mejilla izquierda porque se afeitó con los minutos contados y la toalla que debía secar su rostro había quedado húmeda en un rincón.
Y hasta mi ventana llega el aroma fresco de su desodorante mezclado con las tostadas que quedaron solitarias al lado de la taza de café.
Los fines de semana, cuando sale al jardín a fumar un cigarrillo, mi mano se apoya en la ventana e imita una caricia para su cara y a veces hasta he ensayado un abrazo esperando que llegara a su lado pero a los pocos minutos lo veo girar sobre sus talones e irse y no alcanzo a saber si lo recibió o no.
Señor, ahora Ud ya sabe quien soy. Si por las mañanas sale y dirige la vista hacia su izquierda tal vez vea mi sombra recortada contra la ventana despidiéndolo en silencio y conteniendo mi corazón para que no salga corriendo detrás del suyo y le diga que hasta que no regrese lo voy a extrañar.

Hoy

Es hoy o no es nunca.
Hoy puede ser mi última chance de ser feliz o de dejar de serlo.
Hoy puedo hacer el amor por primera vez o despedirme de la idea.
Puedo llegar a las doce de la noche vacía, con todas las luces de mi alma apagadas y nadie más que yo se enteraría.
Hoy me desperté sintiendo que después de todo no hay nada, que el Lunes es un día que quizás no llegue y de ser así habremos perdido la oportunidad de estar juntos.
Hoy mi corazón puede renunciar a tu nombre o explotar de alegría e igualmente detenerse y nadie lo lamentaría.
Hoy quiero mis globos de colores, mis cartas, los abrazos que colecciono en el deseo y los besos que no dí pero pretendo. Es hoy o nunca, tengo tiempo hasta la noche para ser inmensamente feliz y no me alcanza.

Unicamente

Él tenía un ritmo de vida arrollador, todo a su alrededor era velocidad, apremio, apuro, muchas personas dependían de él, se sabía poderoso.
Ella en cambio era mucho más tranquila, tenía un andar cansino y un cierto aire de bohemia. Su imagen era melancólica y sugestiva, algo distante y lejana pero irresistiblemente encantadora.
Se conocieron porque así debía ser y la atracción fué tan poderosa como inmanejable pero la esencia de ambos hizo todo diferente desde el principio. Vivían a destiempo pero se suspiraban a diario. Se reclamaban, se buscaban, se presentían, se adivinaban siempre. Todos sabían que se perseguían por los rincones, vivir sin el otro se hacía impensado e imposible y ellos, inmersos en ese mundo que construían segundo a segundo, lograban acariciarse en el recuerdo y en la intención.
Estaban pagando muy caro haberse enamorado siendo quienes eran, él tan rubio, ella tan morena, los dos tan independientes y tan ajenos a todo lo que no fueran sus fuerzas.
El único consuelo que les quedaba era saber que podían unirse en un eclipse, en un mágico momento donde la luna y el sol, el día y la noche podrían hacer el amor y morir naciendo.

Límites

Todo es hasta donde llegan mis ojos.
Tu imagen, tu andar, tu mirada atravesando la mía esperando el momento final.
Todo es hasta donde llega mi boca.
Tus besos, tu lengua, tus labios, tu piel limpia y tu aliento mezclándose con el mío.
Todo es hasta donde llegan mis oídos.
Tu voz pronunciando mi nombre a solas en una noche de tormenta.
Todo es hasta donde llegan mis manos.
Las tuyas intentando entrecruzarse con las mías para escapar juntos y lejos.
Todo es hasta donde los dos querramos, ni un amanecer antes ni uno después.

Hay momentos

En los que simplemente se trata de abrir el pecho, sacar el corazón y comenzar a hacerle preguntas.
Si sangra demasiado seguramente se quede callado, el esfuerzo por detener el sangrado quizás le consuma la poca energía que le queda para latir y no quiera respondernos.
Si el aire es suave posiblemente nos cuente, en voz muy baja, que las cosas son así, que no tenemos que preguntar tanto, que él tiene sus tiempos y no admite consejos ni razones.
Nos va a convencer, nos va a seducir y no vamos a poder discutirle nada. Aceptaremos mansamente que dependemos de él y ejercerá una dulce autoridad sobre nuestros sentimientos.
Cuando sienta que comprendimos su mensaje latirá con fuerza, nos ensordecerá al punto de querer volver a colocarlo dentro de nuestro pecho, de donde tal vez no deberia haber salido nunca para no desgarrarse.

Sillas vacías

Una tarde de invierno estaban las dos sentadas, una al lado de la otra.
La dueña y su ilusión charlaban tranquilamente, estaban de acuerdo en todo, se las veía satisfechas y reían al caer el sol. De pronto pasó él, apuesto, reservado, enigmático e inteligente.
La ilusión no pudo resistirse y lo siguió, abandonó la silla y a su dueña y fué tras esa mirada sombría pero clarita como un lago. La dueña creyó que volvería al ratito asi que la esperó sentada hasta que comenzaron a caer los rayos de luna sobre el patio pero la ilusión no aparecía.
Hizo la denuncia, le dijeron que era mayor de edad, que ya sabía lo que hacia, que no podían salir a buscarla tan rápidamente pero que si pasados treinta días no tenía ninguna novedad podrían investigar un poco más.
Le pareció demasiado tiempo asi que decidió salir ella misma a buscar su ilusión y regresarla a casa. Caminó y caminó, preguntó a todos los vecinos del lugar, la describió de todas las formas posibles y nadie supo decirle nada.
Una noche de primavera, mientras deambulaba por un parque la vió. Su ilusión, tan risueña y fresca yacía descansando al lado de un par de anteojos para leer, un texto de Cortázar y una caricia. Supo que había sido feliz y se quedó sentada a su lado, para que le contara.

La partida

No tenía demasiado sentido que siguiera pensando, ella no iba a volver, se lo había dejado claramente expresado en la nota que encontró sobre la mesa de la cocina.
Meses y meses de pedirle por favor que hablaran, que la escuchara, que entendiera sus razones y nunca tomó en serio sus palabras ni sus advertencias. Ahora ella ya no estaba, hacía escasas horas que había abandonado la casa y su partida había sido tan contundente que ni siquiera quedaba el aroma de su perfume entre las sábanas.
No estaban los discos ni las fotos, faltaban dos maletas donde seguramente había doblado prolijamente toda su ropa y acomodado sus queridos libros de siempre.
Miró por encima de su hombro y notó que tampoco estaba la caja de cedro que había sobre la mesa del living ni su copa preferida.
Lentamente bajó las cortinas de toda la casa, dejó que las luces tenues iluminaran el ambiente, abrió una botella de vino, se sentó en el sillón de tres cuerpos que alguna vez compraron juntos y mientras un sabor salado cubría sus labios comprendió que bebería sangre y vino hasta morir.

Remanso

Era temprano, se despertó al alba y comprendió que necesitaba escuchar sus palabras, algo que le hiciera sentir sosiego o simplemente que conectara su espíritu con otra realidad asi que salió de su casa camino a su encuentro pero al llegar notó las luces apagadas, no había nadie.
Repasó en su mente los lugares a dónde podía haber ido y recordó que tal vez hoy no fuera un día más asi que giró sobre sus pasos y se dirigió hacia el lago.
Al llegar respiró hondo y dejó que sus ojos se mimetizaran con el paisaje y que su corazón se acompasara al ritmo del viento.
Se sentó a la orilla del lago, apoyó la cara entre sus manos y así, dejándose invadir por la paz del lugar comprendió que a pesar de todo había un remanso, un rincón a donde correr y permanecer en silencio o no, todo depende de lo que necesitara.
Mientras se perdía en estos pensamientos una sonrisa cómplice se adueñó de su rostro y supo que era cuestión de esperar, porque en los remansos el correr de las horas no pesa y el viento mece, arrulla y hace más liviana la espera.

Pobre niña triste

Creyó que existían las torres y los castillos, que cuánto más ascendía en la espiral más puro era el aire y resultó que no, que arriba el aire también falta.
Quiso retroceder en el camino y en el tiempo pero nadie le contó que las huellas se pierden y los días de la semana cambian año a año.
Pensó que si cantaba todo el día su alma no estaría triste y su corazón bailaría al compás pero se confundió de música y comenzó a escuchar la melodía de sus propias lágrimas cayendo sobre su falda sin cesar.
Pobre niña triste, pensó que podría encontrar un destello de luz en esos ojos que esperaba y aquella tarde solamente encontró oscuridad.