Cuando no estaba había un orden natural en las cosas, su ausencia marcaba ese orden y todo era conocido, no había demasiados sobresaltos.
Extrañarlo por las madrugadas, buscarlo durante el día en cada rincón de la ciudad y guardar prolijamente su recuerdo cuando se escondía el sol para renovar la esperanza al apoyar la cabeza sobre la almohada.
La sensación era la de estar en sintonía con alguna fuerza superior que marcaba el ritmo de la rutina, las cosas eran cíclicas y se mantenían de la misma forma de siempre lo cual no dejaba de darle cierta seguridad. Sabía que pasado cierto tiempo volvería y la normalidad se apoderaría de su vida por un espacio de tres o cuatro días.
Pero esta vez algo no seguía ese orden natural, algo se había salido de cauce y la ausencia no se contaba hora a hora, no surgía la pregunta de la vuelta, no había sobresaltos (no al menos por esa razón) y la búsqueda durante el día era menos intensa.
La seguridad y la calma se habían quebrado, la noción de tiempo se había invertido, los minutos corrían veloces de la misma forma que los latidos de su corazón y la espera … la espera ya no era ni siquiera su presencia.
Como al pasar
Todas las mañanas pasaba por esa esquina y se quedaba maravillada con aquella casa, los pequeños escalones que conducían a esa puerta misteriosa y el increíble color de las flores que cubrían la entrada.
Cuando estaba por llegar frente a ella imaginaba que algún día vería una figura que le diera vida pero los días pasaban y nunca aparecía ningún rostro que justificara tanta prolijidad y simetría, solamente podía percibir alguna nota musical lejana pero indescifrable.
En el pueblo no daban datos, al mencionar la casa de las flores todos bajaban la vista y cambiaban de tema, no sin antes dejar escapar un suspiro de melancolía y pena.
Una mañana se atrevió y subió despacio uno a uno los peldaños y mientras lo hacía pudo notar que en cada uno de ellos había escritas frases, nombres, fechas y todas tenían que ver con ella, con su vida, con su historia.
Al llegar al último peldaño y justo antes de rozar la puerta, pudo leer como al pasar su nombre y un «Hace años que te estoy esperando».
Cartas amarillas
Esta carta fué encontrada hace unos días entre los escombros de una casa abandonada.
Estaba atada junto a otros papeles con una cinta azul y se transcriben los párrafos legibles, el resto se perdió por efecto del tiempo y la tinta que de a poco fué borrándose en forma implacable.
«Buenos Aires, 18 de Julio de ….
Querido mío:
No es necesario que me ocultes nada, sabés perfectamente que sé todo lo que pasa y que creo que no tiene sentido tu silencio ni tu ausencia. Pensás que soy débil, verdad? Pues te equivocás, de la misma manera en que te equivocás al decidir por mí.
Una y otra vez me alejás de tu lado, preferís no verme, no saber de mí y creés que con eso me evitás sufrimiento y dolor pero no es así, al contrario.
Que estás irreversiblemente enfermo, que tenés los días contados, que te vas a morir? Tenés miedo a pronunciar todas esas palabras delante de mí? Cuál es tu temor? Ver mi mirada sosteniendo la tuya mientras lo decís? Sentir mis manos tomando las tuyas y mis brazos rodeando tu cuerpo y darte cuenta que necesitás eso, que necesitás mi amor?
Nunca se te ocurrió pensar que mi vida tendría mucho más sentido si pudiera cuidarte por las noches cuando te sentís descompuesto o alcanzarte un sweater cuando tenés frío y la calefacción de tu casa funciona bien? Nunca imaginaste que podía despertarte con infinita ternura para darte un remedio que tuvieras que tomar por las madrugadas? O tampoco pensaste que podía estar a tu lado cuando sintieras que tu cuerpo no podría soportar un solo momento más de dolor y simplemente mirarte a los ojos y decirte que te amaba?
No me diste jamás la chance de elegir, en todos estos …. ños siempre tomaste las decisiones que consideraste correctas para los dos y yo acá, aceptando todo por amor y hoy que puedo correr a tu lado y demostrártelo te escurrís entre mis manos como el agua del río.
……….. pero nada puede modificar todo lo que te amo.
Y sé que una mañana me voy a despertar con la sensación de que ya no estás en este mundo pero nadie va a tocar a mi puerta ni va a llamar a mi teléfono para contármelo y cuando sienta que eso sucedió saldré corriendo de mi casa y buscaré un lugar apartado para poder llorar y gritar, para poder estar sola sin que nadie intente comprenderme porque ya sé que eso es imposible.
……… y vos si supiste hacerlo, siempre supiste porque me conocés, sabés cómo soy.
Espero llegar a tiempo para mandar esta carta y si llegara a tus manos antes de mi partida quisiera que me buscaras, vos sabés cómo y dónde hacerlo. Siempre voy a estar esperándote, sin miedo a nada y fuerte como los dos nos necesitamos.»
Cuentan que la carta fué enviada y devuelta al remitente y cuando la persona que la escribió la tuvo entre sus manos la ató con la cinta azul, apagó las luces de la casa, salió por la puerta que daba al jardín, tiró las llaves en un pozo que había cerca de la vereda y se perdió entre las sombras.
Nunca más se supo de los dos pero los vecinos de la casona, hoy en ruinas y abandonada, cuentan que en las noches de tormenta se ve a través de la ventana de la habitación principal la sombra de una pareja bailando lentamente canciones de amor.
Dominga
Hace un rato tuve que llevar unos papeles a una persona que vive a pocas cuadras de mi casa y mientras esperaba que bajara a abrirme la puerta del edificio se acercó a mí una señora que quería saber cómo podía hacer para tocar el timbre del primer piso para que bajaran a buscar algo que ella traía dentro de un paquete de yerba.
Era una señora muy mayor, su cabello estaba recogido hacia atrás, tenia una pollera azul y un cardigan de lana gastadísimo color ciruela.
Mirarla a la cara era como estar frente a uno de esos mapas geográficos que nos hacían comprar en el cole. Cada arruga era profunda y de un tenue color marrón como las montañas, los ojos eran enormes y verdes, como los lagos pequeñitos que nos hacían memorizar en cada clase, su pelo canoso era como los picos nevados de nombres difíciles y tenía una sonrisa enorme, como los oceános misteriosos que ocupaban la mayor parte del mapa.
Me explicó que no sabía «usar estos aparatos (portero eléctrico) porque yo en mi casa no tengo nada de eso, entiende señorita?».
Le pregunté si no tenía frío, porque no se le veía nada abrigado debajo del cardigan.
«No Niña, si tengo dos pulloveres! Lo que pasa es que yo en mi casa estoy calentita y de última, si tengo frío, me meto en la cama y me tapo hasta la nariz pero no puedo salir muy abrigada porque sino los cambios de temperatura me van a hacer mal. Es que yo tengo 87 años, sabe? y a esta edad hay que cuidarse».
Mientras me perdía en la ternura infinita de sus ojos verdes y la vocecita cascada que me contaba en un segundo una vida, bajaron a abrirle.
«Doña Dominga, qué dice?».
«Acá estoy, no sabía cómo llamarte pero esta chica me ayudó a tocarte el timbre. Acá te dejo lo que te preparé, tené cuidado cuando lo llevas porque si lo ponés de costado se puede volcar el aceite y si no te gusta como quedó lo tirás y listo».
«Pero Dominga, qué dice? Si el otro día nos comimos todo enseguida, estaba riquísimo».
«Bueno, bueno nena, mejor, mejor y ahora te dejo, eh?».
Saludó a la mujer con la que hablaba y mientras bajaba de a uno los escaloncitos del frente del edificio volvió a agradecer mi ayuda y cruzó lentamente la calle hasta perderse en una puerta de madera en la vereda de enfrente.
Y Dominga me dejó sentada en el porche del edificio mirándola partir, sintiendo que se iba una de esas personas que se recuerdan como entrañables, de las que preparan las comidas caseras más ricas del barrio, que tienen las manos tibias y no se abrigan demasiado porque a cierta edad con acostarse en la cama y taparse hasta la nariz es suficiente hasta para calmar las penas más hondas del alma.
Por error, por envidia, por amor.
Siempre creyó que sería él quién se marcharía primero y le preocupaba dejarla sola, indefensa, sin armas para enfrentar lo que sería su vida en soledad después de aquél gran amor.
Y mientras estaba le enseñaba cosas, trataba de pedirle que imaginara la vida sin él, que se preparara para un nuevo amor porque según él así debía ser.
Las horas transcurrían así, sabiendo que se escapaban entre los dedos de ambos como agua y vivían como podían, como las circunstancias los dejaban.
Pero lo que él nunca pudo preveer es que una madrugada el destino, por error, primero iría a buscarla a ella.
La encontró dormida, abrazada a las almohadas, pensando que lo tenía a su lado y que lo cuidaba.
Tenía el cabello revuelto y una sonrisa calma, las pestañas húmedas y las manos entrelazadas, parecía que estaba acariciando aquellas manos tan amadas pero el destino fué implacable y se la llevó sin decir palabra, sin dejar ningún aviso previo ni una señal velada.
Cuando le llegó aquella carta con la noticia, ahí, recién ahí, supo de verdad cuánto la amaba.
Por amor
Por amor podemos proyectarnos en el nombre y el rostro de un hijo que queremos tener con la persona que amamos.
Por amor podemos esperar minutos, horas, años, siglos por la persona amada sin que esa espera se convierta en una carga sino en una necesidad.
Por amor las utopías siguen vivas y no existe sueño que no pueda concretarse.
Por amor el concepto de tiempo como tal desaparece y todo se reduce a ese instante en el que miramos a los ojos a la persona que amamos.
Por amor el mundo no es inmenso sino pequeñito, tanto que cabe en un abrazo, en un tono de voz o en una pizquita de canela.
Por amor el corazón deja de ser un músculo y comienza a tener identidad propia, camina, salta al vacío sin lastimarse, se agita, se recupera y vuelve a nuestro pecho para recordarnos que estamos enamorados de alguien y se convierte en el vocero de ese amor.
Por amor vamos y venimos por la vida poniendo un pie delante del otro sobre el cordón de la vereda sabiendo que el riesgo de mantener el equilibrio es lo que nos da la calma que necesitamos para lograrlo.
Por amor se abren blogs como éste y se descubre que esa palabra deja de tener cuatro letras para tener las mismas que las del nombre de quien amamos.
La Luna alumbró el día lunes, julio 11, 2005 ![]()
8 Satélites Lunares
Buzón mágico
Amor mío:
Cuando regreses a casa vas a encontrar este sobre en nuestro buzón mágico y estoy segura que tus manos van a temblar desde que lo tomes entre ellas hasta que, muchos minutos después, puedas sentarte cómodamente en el sillon para abrirlo y leer mi carta.
Sé que vas a leerla despacio, que tus ojos verdes van a deslizarse lentamente sobre cada palabra más de una vez si es necesario y mientras lo hagas vas a sentirme a tu lado, cuidándote.
Cuando escribí La ciudad sin Marcos Buenos Aires era un bloque de cemento que me atrapaba y no me dejaba respirar, no me orientaba en ninguna calle y mis destinos nunca eran los elegidos. Hoy las cosas son diferentes porque estamos caminándola juntos y encontrándonos cada noche y cada encuentro es mucho más mágico que el anterior.
Por más que repitamos una y mil veces el recuerdo de cómo nos conocimos, por más que me reproches con todo tu amor que había días en los que me eras indiferente y te recuerde que no era indiferencia sino cautela, todo es diferente.
Crecimos juntos, aprendimos del otro, fuimos midiéndonos hasta conocernos de memoria, descubrimos que pensamos igual en todos los aspectos básicos e imprescindibles de la vida, de esta vida que siempre vamos a defender a ultranza por más que vayamos contra la corriente y muchas veces terminemos discutiendo con el resto de los que piensan distinto.
Muchas veces me puse en puntitas de pie para poder llegar hasta tus ojos y así pudieras ver en mi mirada que te amaba incondicionalmente y que iba a esperarte hasta el fin de los tiempos.
Cuando era invierno y no estabas abrigaba tu recuerdo y en primavera lo dejaba caminar a mi lado por cada vereda alfombrada de tilos que pisaba porque sabía que estabas en algún lugar pensándome.
Siempre supe que volverías porque estábamos predestinados, porque Dios no es caprichoso en sus elecciones y si un día eligió ponernos en el mismo camino era porque nos merecíamos mutuamente.
Este amor creció tanto y se hizo tan poderoso que hicimos de un Adagio una nueva vida, que una noche imaginamos con el color de mi cabello y el de tus ojos.
Este amor es tan inmenso que sabe trascendernos y nos va a unir en todas las reencarnaciones posibles si es que existen (como me dijiste hace dos noches atrás).
A esta altura de la carta ya sabrás dónde está el agua de la lluvia, verdad? pero sigo aunque me cueste ver lo que escribo y presienta que tu cansacio se transformó en esa mágica corriente eléctrica que recorre tus brazos cuando estamos juntos.
Marcos, amarte se me hace imprescindible para respirar y si algún día toca que me esperes en otro lugar que no sea este mundo, cuando llegue a tu lado vas a saber que todo valió la pena, absolutamente todo.
Te amo con el alma.
La Luna alumbró el día miércoles, julio 13, 2005 ![]()
2 Satélites Lunares
- Caminó por la Luna
Marcos - Lunita, mientras te esperaba vine hasta el blog y me maravilla que supieras de antemano qué sensación me iba a producir cada frase.
Gracias vida, hasta busqué «Sobreviviré» porque sabía que mi Negrita es maga y hada a la vez.
Me voy a dormir solito, cuando regreses acostate a mi lado y abrazame fuerte, muy fuerte.
TE ADORO !!!!!!!!!!! - 5:16 p. m.
- Caminó por la Luna
Mafi - Amor, sabía que buscarías la canción por eso quise dejarla allí para que la escucharas a tu regreso.
Haceme un lugarcito, si? Te amo mucho, mucho, mucho. - 5:35 p. m.
Para vos
14 julio 2005
Para vos
Take my heart, it’s yours to break
Take it now and keep it always
Ever more or just a day
Take my heart and make it thrill
With my heart do as you wish
Do it all, I love you madly
Madly if you take my heart
Life is short for everyone
Give your hand, you’ll be my own
Take my heart, it’s yours today
Take my heart, it’s yours to break
Take it now and keep it always
Ever more or just a day
Take my heart and make it thrill
With my heart do as you wish
Do it all, I love you madly
Madly if you take my heart
Te amo
La Luna alumbró el día jueves, julio 14, 2005 ![]()
2 Satélites Lunares
- Caminó por la Luna
Marcos - Morenita, yo te amo más, mucho más.
- 1:41 a. m.
- Caminó por la Luna
Mafi - Te adoro, no dejes de sentirlo nunca.
- 1:48 a. m.
Sentirte cerca
Es esta maravillosa sensación de saber que ambos nos pensamos y sentimos al mismo tiempo lo que me hace estar sentada acá escribiéndolo, aún con tanto sueño acumulado en mis ojos.
Esas situaciones inexplicables que nos unen más allá de la razón, la más absoluta de las sintonías entre tu alma y la mía, la perdurabilidad, el mimo constante aunque no nos toquemos, la sensación de pertenencia que traspasa cualquier frontera imaginable.
La punzada en mi corazón antes de saber de vos, los fuertes latidos del tuyo cuando sentís que tenés algo para decirme, la música, las letras, todo estuvo desde un principio de nuestro lado pero más que nada esa fé inquebrantable que ambos tenemos, ésa que hace que tengamos la plena convicción de habernos conocido para permanecer en la vida del otro y hacernos bien.
Sentirte cerca, saberte a mi lado aún cuando desde afuera parezca que todo se viste de silencio, regalarte mi incondicionalidad más absoluta, mis sonrisas más francas y mi sentimiento más noble es lo que me da vida y paz, ésta paz tan grande que sentimos cuando estamos juntos.
Guardarte como mi secreto, mi ilusión, mi esperanza, como ese hombre que me da alas y me hace libre, ese hombre que siente que lo estoy llamando en silencio y acude a mí la exacta cantidad de veces que sabe que puedo acudir a él cuando me necesite.
Este hombre que puede mirarme a los ojos y descubrir «mi fuerte fragilidad» (como dice Ismael Serrano), reconocerse en ella y disfrutarla.
Todo eso y muchísimo más sos vos, simplemente por el mágico hecho de sentirte cerca.
LA LUNA ALUMBRÓ EL DÍA DOMINGO, JUNIO 05, 2005
4 SATÉLITES LUNARES
Caminó por la Luna Marcos
Morenita, TE AMO, TE AMO Y TE AMO cada vez más.
1:22 A. M.
Caminó por la Luna Mafi
Yo también, sos lo más hermoso que me pasó en la vida.
Banco 16
De pronto me encontré parada en la esquina de San Martín y Bme.Mitre girando sobre mí misma sin poder dar un solo paso, buscando lo que sabía que no iba a encontrar, sintiendo que la sangre corría por mis venas como si fuera arena húmeda y fué en ese momento cuando me dí cuenta que estaba llorando, que no podía contener las lágrimas.
En lugar de bajar las escaleras de la estación del subte D entré en la Catedral, estaba llena de turistas, todos sacaban fotos, el ruido era ensordecedor, nadie parecía darse cuenta dónde estaban hasta que una voz femenina, cálida y dulce, les recordó que debían guardar silencio.
No pude cumplir con el pedido, la congoja no me dejaba, lloré y lloré hasta que comencé a sentir que las lágrimas me quemaban las mejillas y los ojos se me cerraban solos. Sobre el altar,en el techo, había una ventana que estaba abierta y entraban unos pocos rayos de sol y segui llorando mientras miraba esa ventana y millones de por qué se cruzaban por mi mente.
Es la tercera vez que me enojo con Dios, la tercera vez que le cuestiono las cosas cuando siempre me manejé en la vida con la teoría de que él sabía por qué hacía lo que hacía. Hoy esa teoría y todas mis convicciones acuñadas durante años volvieron a parecerme inútiles.
De pronto me asustó sentir que nada podía parar mis lágrimas, me asustó sentir que me ahogaba, que la Catedral parecía venirse encima de mi pecho y no encontraba cómo liberarme de tanta pena y de esa mirada furibunda que le estaba lanzando al Cristo que se encontraba en el altar.
Miré hacia mi izquierda y ví un altarcito pequeño donde descansaba la imagen de la Virgen de Luján y recién en ese momento pude calmarme un poco pero no logré dejar de preguntarme por qué, por qué no pude hacer nada hace 6 años atrás y por qué no puedo hacer nada ahora.
No me sirven las explicaciones de ángeles ni de almas que no pertenecen a este mundo y por eso deben irse, no me sirve nada que no sea una respuesta lógica y racional porque lo que siento es lógico, humano, racional y necesita explicaciones del mismo tenor.
Hace ya mucho tiempo que sé que vine a este mundo nada más que para sentir, no para tener éxito ni trascender por alguna obra en particular, vine a sentir y a dejar que mi alma se moldeara en base a esas cosas y ahora estoy viviendo ese destino más que nunca. Siento que si me tocan me voy a desarmar como una hoja de papel barrilete que quedó expuesta a una lluvia torrencial, creo que me quedé sin piel, que desde afuera se pueden ver mis venas tratando de buscar algo de oxígeno para que la sangre pueda fluir normalmente y así seguir.
Es la segunda vez en mis 38 años que quiero cambiar mi vida por la de otra persona, que quiero entregarla, hacer un trueque y sentir que sirve para algo.
No espero que nadie entienda lo que me pasa, desde esta mañana me siento como aquella bailarina en la oscuridad, encerrada, sin poder ver pero tratando de cantar como una única manera de salvar la pena y el dolor.
Sé que todo pasa y ésto también va a pasar pero mientras está hay que transitarlo porque negarlo es hacerse el estúpido y siempre luché para no serlo.
No me arrepiento de nada, volvería a elegir y a sentir todo lo que me pasó desde aquel día de Octubre hasta ahora y si algún día pudieras ir a la Catedral entrá por la entrada de la calle San Martín y sentate en el banco 16 (comenzando desde el altar), al lado de la imagen de la Virgen de Luján. En ese mismo lugar estuve hoy pensándote, sintiéndote, llamándote y a pesar de todo mi enojo rogándole a Dios por un mañana más.
Ya sabés dónde está ahora el agua de la lluvia.
T E A M O !!!!!!