Consecuencias

Es atravesar mi pecho y tomar el corazón entre las manos.
Sentir que late mucho más rápido si te nombro y se adormece con la distancia.
Saber que mis cuerdas vocales se deshacen inexorablemente si no hablo de vos.
Dejan de fluir las lágrimas por emoción y mi visión se nubla.
Las paredes se achican, me aplastan, el aire se envicia y se vuelve mercurio.
El nombre que me pusiste descansa inquieto en un rincón y reclama tu presencia.
No hay azules ni tormentas especiales, todos los días se convierten en el último que me dijiste «Yo te amo más, mucho más» y mi aliento queda suspendido de tus acentos.
Y sin embargo no puedo dejar de pensar que cada vez falta menos, aunque mi esperanza no tenga una consecuencia inmediata.

La bahía del viento

Decían en el pueblo que si en la bahía se cantaba a viva voz al atardecer, el viento hacía los coros y si el silencio del lugar se volvía abrumador se escuchaban viejas y melancólicas canciones cantadas por antiguos habitantes del pueblo.
Julio había nacido allí y conocía todas las historias que contaban sobre el mar y la famosa bahía del viento. En ese mismo lugar había conocido a la mujer que fué su novia por espacio de dos años y con la que se casó para separarse tres años después. No tuvieron hijos asi que el proceso de separación no fué tan doloroso pero los primeros meses de soledad se le hicieron eternos.
Se levantaba al alba, trabajaba sin descanso hasta que caía el sol y antes de regresar a su casa pasaba por la bahía, se sentaba de espaldas al pueblo y cantaba siempre la misma canción, como si esa letanía lo ayudara a curar las heridas más rápido.
Una de esas tantas tardes al llegar al lugar comprobó que no estaba solo. A lo lejos divisó una figura sentada sobre la arena, abrazada a sus rodillas, meciéndose suavemente al compás de un ritmo misterioso que Julio no podía escuchar.
Como no tenía ganas de compartir su momento de intimidad con nadie hizo caso omiso de lo que había visto y sentado en el lugar de siempre se puso a cantar.
El viento no tardó en hacerse escuchar y Julio alcanzó a percibir una voz femenina que entonaba la misma canción que él. La sincronización de las voces era perfecta y su asombro crecía a cada segundo pero no podía (ni quería) moverse para que no se rompiera la magia del momento.
Cuando la canción llegó a su fin Julio se paró buscando a la mujer con la mirada pero no la encontró.
La escena se repitió durante semanas. Ël llegaba, la veía a lo lejos, se sentaba a cantar, el viento le traía su voz y cuando la canción llegaba a su fin ella ya no estaba.
Una tarde, rompiendo todas las reglas, al llegar a la bahía fué directamente hacia donde estaba la figura femenina y notó con asombro que cuanto más caminaba, la distancia que lo separaba de la mujer se hacía más grande, era como si la extensión de arena bajo sus pies se prolongara separándolos sin que él pudiera hacer nada para modificarlo.
Cansado de caminar sin llegar hasta ella regresó a su rincón a cantar y una vez más la suave voz lo acompañó para desaparecer al terminar.
Por primera vez después de muchos meses Julio se sintió triste por aquél episodio y decidió no ir a cantar al día siguiente, ni a la otra semana, ni al otro mes. La única explicación que se daba a sí mismo era que no quería pasar por el desencuentro porque la misteriosa mujer lo había cautivado y si no podía tenerla prefería no verla.
Cuando la pena se había convertido en una pesada carga para sus espaldas regresó a la bahía y la vió, lejana, linda y con el cabello suelto, como siempre.
Ni siquiera intentó acercarse para no perderla asi que se sentó, comenzó a cantar y su corazón dió un vuelco cuando sintió que ella lo seguía pero esta vez sentía su voz cada vez más cerca, como si el viento se hubiera abocado a rozar sus mejillas con cada estrofa.
Cerró los ojos, siguió cantando hasta que sintió que lo abrazaban y se dejó llevar sin preguntas.
Aún hoy, cada vez que cae el sol y Alma va a la bahía, ve a lo lejos la figura inalcanzable de Julio que la espera para empezar a cantar.

Espacios

Es difícil hablar de los espacios que ocupan las emociones en nuestros corazones o en el alma.A veces decimos «Tengo una alegría enorme» o «Siento una pena infinita» y siempre tratamos de darle forma, peso, color y tamaño a todo pero a ciencia cierta nadie sabe cuánto espacio se lleva una emoción.
Es curioso porque por momentos pueden ser tan grandes que sentimos todo el cuerpo habitado por ellas entonces parecemos pequeñitos e insignificantes y después, cuando una alegría o una pasión nos desborda, nos convertimos en invencibles y tenemos la sensación de poder con el mundo entero.
Soy una eterna rehén de mis emociones y trato de darles espacios confortables para que se sientan cómodas en mí pero a veces no lo logro porque siento que piden más y más.
Se agigantan y me envuelven o se retiran de mí y me dejan exhausta, como cuando la ola se va de la orilla y vemos que arrasa con todo, hasta con ese nombre que escribimos en la parte más húmeda y firme con la esperanza de que permanezca allí para siempre.
A lo mejor el gran secreto sea rendirse, aunque se trate de un ratito nada más pero rendirse, dejar que nos ganen todos los espacios, que no dejen rincón sin ocupar, que se sientan poderosas, armen y desarmen en nuestra estructura emocional y después nos hagan creer que una gran pena cabe en una lágrima y un gran amor en el inmenso abrazo de la persona amada

Bazar de almas

Necesitaba ir de compras asi que pensé que darme una vuelta por el bazar de almas no sería mala idea, la mía necesitaba un par de cositas fundamentales para seguir su viaje livianita.
Entré y comencé a caminar entre las góndolas plácidamente. Busqué elementos que le dieran alegría y ahí estaban los nombres de mis amigas. Llegó el momento de agregar a mi carrito rincones donde sentirme protegida y me llevé esquinas con el nombre de mis hermanos.
Cuando pensé que también debería comprar artículos para cuidarme de los cobardes y mentirosos encontré canastos atiborrados de baratijas. A pesar de no gustarme ninguna compré varias porque últimamente no recordaba cómo defenderme de los estafadores emocionales y necesitaba ayuda urgente.
Al momento de llegar a la sección de caricias y mimos para almas enamoradas encontré una cajita de madera pintada de azul que parecía estar esperándome en silencio.
Cuando la tomé entre mis manos seis letras se escaparon de su interior y mientras mi alma se emocionaba, en el aire se formaba un nombre: Marcos

Dar y esperar

Si pudiera darte algo más que este amor sería toda mi sangre. La dejaría en el umbral de tu casa junto a una pequeña nota con tu nombre y una estrofa de cualquier canción de Drexler.
Si tuviera que esperar algo más de este amor sería la posibilidad de tocar tus manos, perderme en tu mirada, acercarme a tu boca justo en el preciso momento en que respirás, robar tu aliento y esconderme entre tus brazos como una ladrona que escapa de la condena fatal de las distancias que nos separan.

Una carta

Buenos Aires, 2 de Enero del 2006

Me dijiste «Lo tuyo es escribir» y puede ser que tengas razón pero olvidaste algo elemental: lo mío es sentir (te).
Me dijiste «Aunque no me escribas a mí» y es verdad que no siempre lo hago pero en este caso me resulta inevitable.
Lanzar una botella al mar con una carta adentro implica un viaje sin destino sin embargo está claro que en este caso no es así.
Mi botella, mi carta tiene como único destino tus ojos (esos de los que prometí no volver a hablar), tus manos para que la salven de los vaivenes de las olas y tu corazón, para que guarde cada sentimiento que se revela en mis palabras.
Me gustaría pensar que caminas despacio por la playa hasta que decidís sentarte y leerme, acariciar con tus dedos esta hoja y sentir que son mis mejillas las que te esperan todos los días.
Me conocés y sabés que esta carta tenía que tener corazón y por eso recién ahora fué arrojada al mar, ni ayer ni mañana, hoy.
Es verdad que a veces me siento perdida pero en cuanto tu nombre amanece conmigo el camino se torna claro, inconfundible y es inevitable querer caminarlo hasta el final.
Tus sombras siempre fueron mi Luz (te acordás?) y hasta que me quede sin suspiros voy a seguir caminando por la calle esperando detenerme en una baldosa para que tropieces conmigo, levantes la mirada y sonrías.
Después de leer esta carta cerrá los ojos, extendé tus manos y allí, donde el viento se vuelva más suave, vas a encontrar a mi corazón nombrándote.

Dónde

Entre las sábanas y debajo de las almohadas.
Por las noches y en cada amanecer.
Cuando el sol envuelve mi balcón.
Al cruzar la calle para escapar del mundo.
El Viernes, ayer, hoy, dentro de cinco días.
Por necesidad, para respirar, por amor.
No sé dónde buscarte.
Tampoco quiero saber dónde me perdiste.

Formas

Mirame mientras te acercas y cuando mi aliento se una con el tuyo abrazame hasta que puedas contar cada latido de mi corazón. Cuando lo logres acariciame,que tus manos resbalen por mi espalda y mágicamente cambien de rumbo en segundos. Buscá, jugá, recorré. Vencé todas las barreras y las resistencias,hablame,contame qué sentís,a dónde vas,qué me espera.
Quiero que tu voz describa cómo es mi cuerpo cerca del tuyo y en susurros me hable de texturas, sabores y olores. Quiero conocerme a través de la yema de tus dedos y de tu lengua, inventame una vez más,no me des respiro,mordeme la carne y la voluntad,quiero esa marca en la piel y en la memoria.
Llevame hasta el abandono y rescatame mil veces, necesito tu desesperación ligada a la mía y el placer transformando tu mirada.No me pidas permiso.

Marcos

Todavía no sé bien como decir todas las cosas que quiero porque la magia de tenerte tan cerca hace que mi corazón se alborote y las manos no respondan.
Gracias por escuchar esta canción, pensarme y contármelo, gracias por vencer tu resistencia, por estar, por volver, por reír y por Drexler desde el 2002 …

Que bueno, que bueno
(Jarabe de palo – Jorge Drexler)
Te quiero aunque ahora no viene a cuento
aunque no te lo demuestro te quiero.
Te quiero aunque parezca que me olvide
aunque creas que no es cierto eso es lo que siento.Me gusta pensar que me gustas
saber que te quiero qué bueno, qué bueno.
Me gusta ser el dueño de tus celos
despertarme y darme cuenta de lo mucho que te quiero.

Quererte, quererte no es bastante
quererte es no entenderte y que te siga queriendo.
Quererte, quererte es acordarme
quererte es merecerte más de lo que te merezco.

Me gusta pensar que me gustas
saber que te quiero, qué bueno, qué bueno.
Me gusta ser el dueño de tus celos
despertarme y darme cuenta de lo mucho que te quiero.

Te tengo, te pierdo, te agarro, te suelto.
Te vas y te espero, te busco, te encuentro.

Te acercas, me alejo, te escucho, te cuento
te compro, te vendo, te odio, te quiero.

Te dejas, me dejo, me besas, te muerdo.
Te lamo, te huelo, qué bueno, qué bueno.
Te pido, te ofrezco, (te amo, te miento)
te abrazo, te aprieto, me duermo, te sueño
qué bueno, qué bueno.

Te quiero y lo que más echo de menos
es que no te quiera más de lo mucho que te quiero.
Te echo de menos tu retrato en la pared
una cartita en el correo para decirte que te quiero.

Qué bueno, qué bueno…

 

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La Luna alumbró el día sábado, diciembre 17, 2005

2 Satélites Lunares

Caminó por la Luna Anonymous Marcos
TE AMO !!!!!!

10:51 p. m.
Caminó por la Luna Blogger Mafi
Yo también!

Olivia

Olivia nunca tuvo patio ni patines.
Jugaba a que preparaba los manjares más deliciosos del mundo subida a un banquito de madera celeste, revolviendo sin cesar cacerolas de un tamaño diminuto y amasando tortitas de azúcar y harina.A veces no quería ver ni oír, prefería mirar por la ventana de su habitación y soñar que la vendrían a buscar los chicos que jugaban frente a su casa para pasear todo el fin de semana.
Dibujaba tirada en el piso, copiaba las caras de sus personajes preferidos en hojas enormes y le ponía sus propios colores, como a casi todas las cosas de su vida.
Olivia no era igual a todos y eso la avergonzaba. Solamente se sentía bien cuando estaba sola en su mundo, sin que nadie la lastimara, sin que nadie la humillara, mezclando colores imposibles y ensayando respuestas que nunca podía dar a tiempo porque los comentarios hirientes eran demasiado veloces para sus escasos diez años.
Prometió crecer y cambiar pero no lo logró. Los años pasaron y aún así Olivia siguió siendo diferente, aunque cuentan los que la conocen que ya no ensaya más una respuesta letal ni dibuja a sus personajes favoritos en grandes hojas blancas. Ahora calla y espera, tal vez algún día no sienta más verguenza y se anime a abrir las ventanas.