Así dice la canción que estoy escuchando ahora y creo que es cierto, hay un rumor intenso a invierno particularmente por este día y desde hace cinco años.
Anoche pensaba que tal vez en algún momento sabré toda la verdad pero por ahora lo que viví desde que nuestros caminos se cruzaron es todo lo que tuve y tengo para nombrarte, recordarte y llorarte.
Siempre voy a tener presente lo que me dijo alguien a quien le conté toda esta historia: «El para vos fue cierto desde el minuto cero y es lo único que tiene que importarte» y lo tomé como palabra santa.
Desde hace nueve años te llevo conmigo, te nombro, te escribo, te pienso en algunas canciones, te recuerdo en algunos lugares que visité, te lloro y añoro todo, todo, todo lo que viví porque exististe en mí.
Dicen que no muere aquella persona a la que se recuerda y se lleva en el corazón y si es por eso vos no estás muerto ni vas a estarlo mientras te sienta como te siento.
Cortázar, Antonio Gala, Clara Montes, Wong Kar Wai y Siworae cobraron vida y significan más de lo que son en sí mismos porque fueron un nexo entre ambos y quedaron grabados en mí como un símbolo tuyo.
Todo seguirá allí hasta que el rumor a invierno cese y el viento anuncie primavera aunque para ese momento ya no puedas escribirme ni recordarme como tantas otras veces.
Solamente yo sé lo que sentí por vos y eso no me lo quita nadie, ni siquiera esta puta y pretendida muerte anónima que parece haberte llevado.
Alicia, lejos del país de las maravillas
Una mañana Alicia se levantó y comprendió que había vivido una mentira asi que decidió no hablar más. Anudó prolijamente una a una sus cuerdas vocales y enmudeció.
Pasaron los días y entendió que la solución no era esa asi que optó por no volver a escuchar. Tapó sus oídos con telas de diferentes colores y texturas y salió a la calle. Las personas le parecían marionetas grotescas moviendo tan rápidamente sus bocas y sin una expresión acorde en sus miradas.
Pero al poco tiempo Alicia sintió que no era suficiente y eligió no volver a ver.
Cerró sus ojos fuertemente y selló sus párpados con lágrimas creyendo que de esta manera evitaría el contacto con el mundo. Pasaron los días y aprendió a moverse entre los demás sin sus sentidos pero no se sentía satisfecha hasta que una madrugada, antes de la salida del sol, supo lo que pasaba: seguía teniendo alma y corazón.
Al darse cuenta de esto fué hasta un rincón de su habitación y a tientas buscó una pequeña caja de madera donde guardaba algunos recuerdos de su infancia. Palpó con sus dedos la pequeña cerradura que tenía, levantó la tapa e inclinó la caja dejando que su contenido cayera al piso.
Segundos después, cuando la caja se había vuelvo liviana entre sus manos, encerró en ella a su alma y a su corazón y dejándola sobre la cama desapareció
Mercado de musas
Que te hayas ido de la manera en que te fuiste siempre constituyó para mí un dolor ciego, sordo e interminable pero que no me hayas dejado ni siquiera una nota avisándome dónde podía encontrar a mis musas para continuar escribiendo es algo que tal vez no te disculpe jamás.
Porque mientras estabas era fácil encontrar temas, motivos y razones para tener mis manos activas sobre el teclado sin embargo ahora, cada vez que quiero escribir algo tengo que pensar mil veces lo que quiero decir y cómo hacerlo.
Seguramente en este reproche escondo el único válido y es el de tu partida pero como contra eso ya no se puede hacer nada dejá que al menos me descargue con algo mucho más liviano como esto.
Por ejemplo ahora mismo estoy empecinada en que este conjunto de letras signifique algo y no sé si voy a lograrlo pero sigo como si al final fuera a encontrarte sonriendo y recordándome que había nacido para escribir.
Hubiera necesitado un post it con tu letra dibujándome un mapa que me guiara para llegar hasta el mercado de las musas, señalándome un puesto donde pudiera comprar tres o cinco para escribir sobre los sueños, una o siete con el color del futuro y once o trece para que me ayudaran a hablar de amor.
En cambio acá estoy, sentada frente a la ventana del altillo mirando esta tormenta que tiñe todo de color gris y recordándote mientras escucho esta canción porque tiene la misma cadencia de aquellas madrugadas eternas en las que supimos hablar de todo sabiendo que el tiempo, en algún momento infame, se iba a terminar.
Plan B
Tal vez lo escuché o lo aprendí cuando era pequeña, lo cierto es que alguna vez supe creer que esto del amor era una cuestión relativamente simple.
Primero vendria el compañerito de la primaria que me tomaria de la mano de manera inocente cuando hiciéramos la fila antes de entrar a clase, luego me pasarían a buscar a la salida de la secundaria y llevarían mis libros hasta que llegáramos a casa y más tarde vendrían las mariposas en la panza con el chico de la facu que me fascinaba y cursaba en la otra cátedra que no me tocó porque su apellido empezaba con F y el mío con M.
La realidad poco y nada tuvo que ver con todo eso por lo tanto me fuí acostumbrando a lo que el destino iba dibujando en mi camino hasta que abandoné el amor de manual y comprendí que mi única meta en esta vida era convertirme en la mujer de la vida de fulano de tal.
Posiblemente mi proyecto fué demasiado ambicioso, capaz que quise dar el paso más largo de lo que me permitía la pollera y por eso mismo esa sombra que alumbró la luna durante tantos años se fué caminando de la mano con la muerte y me dejó sin saber si mi sueño era tan descabellado.
No me arrepiento de haber cambiado el amor de telenovela por uno que se ajustaba mucho más a mi manera de ser, tal vez lo único que me cuestiono ahora es no haber pensado cómo sería mi vida con un plan B.
Tiempo de espera
Montaña rusa
Ahora que miro hacia atrás comprendo que todo fué como una montaña rusa.
Yo me sentaba en el carrito de atrás, me colocaba esa especie de brazo protector alrededor del cuello y esperaba que su presencia en mi vida le diera fuerza al juego y permiso a mi amor.
Cada vez que lo sentía a mi lado me mantenía en las alturas rozando el cielo y cuando creía que el trayecto sería una línea recta, desaparecía y sobrevenía la caida al abismo.
No tenía sentido gritar por lo tanto me acomodaba para afrontar otro recorrido lineal tratando de no contar los minutos que duraba esa vuelta que siempre parecía eterna.
Y cuando ya me sentía segura en la costumbre de esa soledad, otra vez me veía en las alturas porque había regresado.
Tal vez la responsabilidad de tantos cambios era mía por seguir eligiendo el mismo juego en ese parque de diversiones pero no es el momento de arrepentirse por la elección, después de todo esa adrenalina me mantenía viva.
Ojalá a él también le hubiera sucedido lo mismo.
Ser nutriente
Alguna vez, no hace mucho, tuve un gran amor.
Un gran amor de esos que nos hacen crecer, que nos dan alas para volar solos o acompañados, que nos mantienen latiendo el corazón a una frecuencia inusitada día y noche.
Un amor que llevamos siempre de la mano (aún cuando estamos durmiendo) y al que le podemos hablar en silencio porque tenemos la certeza de que vamos a ser escuchados.
Un amor que vivimos como un regalo y con el que proyectamos una vida que hasta el momento de conocernos no parecía hecha para nosotros.
El otro día me dieron una definición mucho más acabada al decirme que para mí él fué un ser nutriente, alguien que nutrió mi alma, mi espíritu y mi mente y tenían razón porque fué todo eso y mucho más (si cabe).
Tal vez una de sus misiones en esta vida haya sido conocerme y permitirme aprender de él pequeñas cosas que modificaron mi existencia para siempre, como por ejemplo que no se puede morir de amor sino vivir por él.
Dicen por ahí que nadie se casa con el amor de su vida, que existen simplemente para que sepamos lo que se siente al encontrarlo y luego se marchan, algunos sin posibilidad alguna de retornar porque el destino final es casi excelso y lejos de la tierra.
A pesar de esa distancia insalvable creo que siempre voy a continuar escribiéndole cartas urgentes aunque sepa que llegan cuando ya no hay nadie.
Con aquél corazón, con el sol en la maleta, dando tumbos y debiéndole sueños mientras sigo desembalando el universo…
Contra la pared
Si pudiera dormir de cara a la pared, antes de cerrar los ojos hasta el otro día dibujaria tu rostro sobre el inmenso espacio en blanco.
Escribiría tu nombre en ella tantas veces como fuera necesario para que lo sintieras y llegaras hasta aquí de madrugada.
Trazaría un marco imaginario alrededor de tu rostro y de tu nombre, lo repasaría noche a noche y lo pintaria de un color distinto todos los dias de lluvia.
Si pudiera dormir de cara a la pared seguramente no intentaría buscarte durante el día como me pasa últimamente y encontraría algún sentido a los sueños que volvieron después de tanto tiempo.
Pero sucede que no duermo de ese lado porque me falta el aire y siento que me ahogo.
Cambiar la piel
Cada tanto me sucede este raro fenómeno de cambiar la piel.
Comienzo a mirar a mi alrededor, siento que hay cosas que ya mostraron su fecha de vencimiento a los gritos y tengo que ponerme en movimiento.
Lo intento una y otra vez, creo que no voy a poder y de pronto un dia cualquiera algo dentro de mí comienza a adquirir una fuerza arrasadora, siento que el Cosmos se acomoda para darme la bienvenida y solamente miro hacia atrás para registrar en mi memoria aquellas cosas que me hicieron llegar hasta el lugar donde estoy en ese momento.
Al igual que las serpientes, cada tanto abandono aquella piel que me protegió de la tristeza, del llanto o de la soledad y si bien el proceso es doloroso, cuando ya no queda casi nada de aquel cúmulo de escamas desgastadas sigo hacia adelante.
Este proceso me deja absolutamente expuesta y vulnerable porque esta nueva piel no tiene marcas ni cicatrices, no sabe de peligros ni viejas costumbres, es delicada, fina, transparente y por eso mismo es que debo cuidarla más que nunca pero en el fondo sé que eso no siempre es bueno porque si la mantengo así jamás se curtirá ni se volverá dura para convertirse en mi escudo frente a lo desconocido.
Está cayendo el traje antiguo, puedo ver como lo dejo atrás, alcanzo a divisar lo que dentro de poco no será más que polvo que se irá con el aire.
Duele, tira y cuesta pero se vuelve imprescindible para que el viaje sea mucho más ligero.
Recuerdo eterno
¿Quién puede decirnos cuál es la mejor manera de amar y la más certera y eficiente de olvidar?
No existen un manual de intrucción para estas cuestiones y si existiera seguramente no lo leeríamos (como hacemos con los que traen los electrodomésticos) porque nos domina el sentimiento, nos arrastra y nos lleva a un lugar lejano y atemporal donde lo único válido es el ensayo, la prueba y el error.
Así vamos dando tumbos, ensayamos en el enamoramiento, probamos con los «Te amo» cotidianos y lloramos los errores cuando se van de nuestro lado pero como nos cuesta soltar, nos aferramos al recuerdo eterno.
Aún hoy y después de tanto tiempo, reconozco que legitimo su presencia en mi vida y la renuevo cada vez que lo sueño.
Tal vez uno se cura de un dolor por amor cuando recuerda a esa persona y puede sonreír sin lágrimas inoportunas… o no.
