Dolor

Llevo casi un mes donde todo me hace mal, todo me duele, me lastima y lo único que sé hacer con precisión es llorar.

Me miro al espejo y veo que me falta luz en la mirada, me falta algo de la alegría que me caracterizaba cuando me nombraban ciertas cosas, lugares o palabras.

Es como si hubiera adquirido la habilidad de deshacerme en lágrimas y dejar que el viento me arrastre de la misma manera en la que arrastro los pies al caminar por la calle con la mirada gacha.

No sé cuándo se irá este dolor (si es que alguna vez se va) y qué cosas se llevará con él pero si de algo estoy segura es de que cuando ya esté lejos y se haya convertido en un punto mínimo en el horizonte, no volveré a ser la misma nunca más.

Refugio

Es casi matemático: cuando sentimos que estamos en peligro, tengamos la edad que tengamos, buscamos un refugio, el que se encuentre más a mano y si no es un lugar físico (casa, auto, puente) corremos hacia el espiritual.

Yo tengo uno que seguramente me envió mi madre desde el cielo.

Mi refugio tiene nombre de varón y la vida quiso que lo conociera hace ya más de dos años, que lo viera cada tres o cuatro meses y significara la pérdida del miedo a pasarme algo solamente con un abrazo.

La primera vez que me dió un abrazo de bienvenida sentí algo que no había sentido jamás y cuando logré poner esa sensación en palabras descubrí que de eso se trataba la seguridad.

Un abrazo suyo representa para mí estar a salvo del mundo, de todos los peligros, miedos, dolores, pérdidas, abandonos. En ese abrazo hay una alquimia extraña que me convierte en una niña que necesita de esa protección y cuando la encuentra se vuelve adulta, segura y valiente y es entonces cuando puedo suspirar aliviada y relajarme porque desde el fondo de mi alma escucho una voz muy suave que me dice que nada me va a pasar.

El es ese techo bajo el cual puedo guarecerme en medio de una tormenta, el espacio pequeño pero infinito de su abrazo me aleja de cualquier vendaval y me avisa que todo va a pasar en cualquier momento.

El es sol cuando sonríe, leña encendida en pleno invierno, viento Sur cuando los problemas empañan la visión y se necesita  despejar el camino. Es compañia a la distancia, el que me baja la luna llena desde el Este cuando mis ojos no alcanzan a verla y el que me abre su corazón de madrugada cuando la vida nos permite contarnos lo más lindo y lo más feo que nos pasó en este mundo.

Es mi hilo rojo o de plata, aquél que no se corta ni siquiera con el filo más agudo. Es mi salvoconducto hacia la paz y la simpleza que en él desborda permanentemente y que a mí tanta falta me hace.

Es la prueba fehaciente de que la libertad puede acomodarse entre sus brazos y mi cabeza sobre su hombro.

El poder de la palabra

Pocas cosas en esta vida destruyen o construyen tanto a un ser humano como la palabra.
Nos pueden acariciar o cortar el alma según quién y cómo las usen.
Hacía mucho que alguien no me heria tanto con las palabras como lo hicieron el viernes, hacía mucho que alguien no me atacaba y destruía de la manera en que me destruyeron ese mediodía.
Hacía exactamente ocho años que no caminaba por la calle llorando y mirando hacia abajo como me sucedió hoy y eso aumentó mi dolor, mi pena y mi tristeza.
Tambien es justo decir que para contrarrestar esas palabras que me lastimaron vinieron muchas otras y de diferentes lados, que se convirtieron en bálsamos para tanto dolor pero aún así sigo sintiendo el puño cerrado del golpe en el medio del pecho y por momentos vuelve a mí la falta de aire y el ahogo profundo que me provoca seguir en esta ciudad.
Necesito desaparecer, ir en busca de mi destino, de mi lugar en el mundo y quiero hacerlo antes de que la amargura me gane y me paralice.
A veces las letras suben y bajan en un mismo renglón porque bailan y forman palabras suaves, con cadencia y armonía y en otras ocasiones se quedan estáticas formando el filo que corta y hace sangrar el alma.
Mirar mi interior y ver que todavía quedan algunas gotas de sangre fresca, densa y oscura me espanta pero de alguna manera tengo que revertir la situación y aplicar una meta, un sueño, una ilusión o un plan sobre esa herida y lograr que cicatrice a la brevedad.

La leyenda de las mariposas

Crecemos escuchando que una de las manifestaciones más evidentes del enamoramiento es la sensación del aletear de las mariposas en el estómago y nos convencemos de ello, adoptamos la creencia y la vamos transmitiendo de generación en generación.

Cuando conocemos a alguien sentenciamos todo diciendo: «Siento mariposas en el estómago» o todo lo contrario y en ese momento comenzamos la épica tarea de continuar alimentando el romance o cortarlo de cuajo según sea uno u otro caso.

El arrobamiento que nos provoca el romance despierta sonrisas en nuestras bocas, nos entibia el alma, logra que nuestras mejillas se sonrojen y que vivamos en una especie de microclima donde nada nos puede malograr el día y mucho menos la vida y es en ese momento en el que sentimos su aletear permanente creemos que son miles pero no todos sabemos que algunas de ellas solamente viven veinticuatro horas, tiempo suficiente como para salir de su crisálida, poner las crías y morir en la próxima jornada.

¿Pero qué pasa si ese amor no es correspondido o si se ha marchado? La mayoría de las veces nos vemos envueltos en un estado de tristeza, pena, dolor y se sabe que esos sentimientos suelen provocar lágrimas en los seres humanos.

Las lágrimas son como gotas de lluvia propias, privadas, que cada uno decide cómo y cuándo soltar y que poco tienen que ver con el factor climático. Nos abandonan, dejan de amarnos y ellas acuden como un bálsamo reparador para tanto dolor.

Cuando salen corriendo e inundan nuestros ojos las sentimos pesadas, densas, como si estuvieran hechas de mercurio y no de agua salada pero mágicamente alivianan su peso al trasponer el umbral de las pestañas, resbalar por nuestras mejillas y terminar deshechas sobre nuestra ropa, estrelladas contra la almohada o muchas veces cayendo inevitablemente contra el frío y duro suelo que nos sostiene.

Y es ahí, en ese trayecto, cuando la leyenda de las mariposas se desvanece por completo porque sus frágiles alas no soportan el peso de nuestras lágrimas. Nuestra pena es tan pesada que no la aguantan así como tampoco nuestro corazón y aún sin quererlo las vamos matando una a una con cada lágrima sin darles tiempo a escapar y cobijarse en otras ramas, otros árboles u otras almas que recién hayan comenzado a amar.

Rescatá a mis ángeles

Alguien me decía que no estabas bien y yo, sentada frente a esa persona, asentía en silencio y lloraba. Ya lo sabía, ya lo presentía y en ese momento tenía la confirmación de una realidad.
El sueño y la vigilia se daban la mano, daba vueltas en la cama luchando por despertar para no seguir con algunas imágenes pero tenía la sensación de que una mano invisible me empujaba nuevamente contra las almohadas para seguir durmiendo y perdía la batalla irremediablemente..
Al despertar sentí que caía en un abismo profundo donde resonaba tu nombre y nadaba en el mar que se había construido con mis lágrimas.
Una voz, la tuya o la mía (acaso importa eso ?) me hablaba de los dos y por momentos te pedía a gritos que me ayudaras porque estaban muriendo mis ángeles.
Se iban tiñendo de azul y no eran mis lágrimas sino su sangre, estaban desangrándose lentamente mientras yo luchaba y lloraba porque no podía salvarlos.
Es que simplemente no puedo. Cada día que pasa y no te encuentro en ningún lado más que en mí misma muere otro ángel y te juro que intento salvarlo recordándote pero se empeñan en soltarme la mano y alejarse de mí, de la misma forma en que lo hacés vos.
Por eso mi grito desesperado de ayuda, porque los días pasan y las pruebas de que me soltas y te alejás son irrefutables y me pregunto en que cementerio podré enterrar tantos ángeles, donde podré blanquear tantas túnicas azules y guardar tantas alas que se fueron debilitando despacito por no poder usarlas en tu ausencia.
Y quién me asegura que de ahora en más mis sueños no se vean custodiados por esos pequeños demonios que se esconden bajo el nombre de pesadillas y te traigan hasta mí triste, angustiado, solo, y no pueda hacer nada por salvarte ?
No quiero ver que tus túnicas se tiñen de azul ni que se debilitan tus alas.
Ayudame a no tener esta sensación que me ahoga, que no me deja pensar, que me acorrala todas las mañanas al despertar.
Buscá una ventana, la que tengas más cerca de tu mirada, abrila y dejá entrar mi recuerdo.
Escuchalo mientras te cuenta en voz baja lo que me pasa y miralo a los ojos porque mi alma está en ellos.
Rescatá mis ángeles, no permitas que sigan muriendo con tu ausencia.

Cansancio

Estoy cansada. De mí, de ellos, ellas, del ayer, del antes, de lo que fué y no pudo ser.
Tengo un cansancio desprolijo en el tiempo y en el espacio, rebelde en sus causas y descausas.
Quiero descansar y las ideas para lograrlo huyen de manera atropellada hacia otro lugar para que las reciban con un poco más de tranquilidad y orden.
El espejo me devuelve la imagen de un ovillo sin punta y eso me agota mucho más.
Las zetas resbalan de mis manos y caen rendidas en cada huella que dejo al andar.
Este agotamiento no tiene fin y no tengo la más mínima intención de buscarle el principio.

Carta

De pronto tuvo ganas de escribirle asi que revolvió los cajones de su escritorio, encontró la lapicera de tinta negra que tanto amaba, sacó dos hojas de papel reciclado y apoyó suavemente la pluma para que su mano se deslizara con los trazos de las primeras letras.
Fecha, lugar, hora y encabezado.
Cuando había terminado la parte burocrática y aburrida de la carta un silencio ensordecedor se apoderó de su mente y ráfagas de imágenes salieron disparadas hacia su emoción.
Su alma quería contarle mil cosas sin embargo, luego de casi dos horas de lucha interna, consiguió formular una sola pregunta en el medio de una de las hojas que había destinado para la misiva.
Leyó y releyó mil veces lo que había escrito y a pesar de saber que no habría respuesta, dobló prolijamente la hoja por la mitad, la metió en el sobre y marchó rumbo al correo.
A los pocos días tuvo el sobre nuevamente entre sus manos con un sello impreso en tinta roja en la parte de adelante que decía: “Domicilio inexistente”.
Es el día de hoy que no sabe si lamenta más lo que decía ese sello o no haber obtenido respuesta a aquella pregunta tan simple: “¿Cómo funciona el olvido?”

Perder

Se esfuma ante sus ojos el camino y las huellas que le indican el regreso.
El aliento se le escurre por los bolsillos y se estrellan contra el suelo sus sueños y esperanzas.
Deja olvidados los recuerdos en una esquina y el futuro en una vieja estación de tren.
De manera desprolija e inconsciente va quemando las chances que guardó intactas en el fondo de un cajón por no saber utilizarlas.
Cambia el color de sus pupilas, arrastra sus pies, silencia su voz y se acurruca.
Nadie comprendería que había perdido su único bien, su razón y su pasión.

Cinco años y trescientos sesenta y cuatro días

Hace dos días caminaba con Otelo mientras desaparecía el sol y al escuchar esta canción caí en la cuenta de que nunca le había prestado atención de verdad.
Sabía de qué se trataba la letra pero nunca terminé de enlazar la fuerza de sus estrofas con la muerte de Marcos.
En una ocasión él supo decirme que seguramente a mí me gustaba este tema porque lo relacionaba con su enfermedad y nuestra historia pero en verdad eso nunca había sido así, a mí me gustaba porque me gustaba y punto pero antes de ayer algo me dejó quieta en medio de una vereda llena de hojas secas asimilando cada palabra que cantaban JLO y MA.
Ahí recordé que mañana se van a cumplir seis años de su muerte y en parte, de una parálisis que sufrió mi vida.
Han pasado tantas cosas desde el 2006 y a la vez no ha pasado absolutamente nada!
A lo largo de estos años mil veces me ha dolido la cabeza porque en ese mismo lugar se había alojado el tumor que terminó matándolo, me han dolido las venas tanto como a él porque por ellas pasaba el veneno de la quimioterapia que nunca lo salvó, me ha quemado el corazón en el pecho simplemente al pensar que el suyo se había detenido tan temprano y me ha faltado el aire hasta el ahogo porque para qué respirar si él tampoco lo hacía?
También usé estos años para odiarlo por haberse muerto pero más todavía por no haberme dejado estar a su lado para aprovecharlo hasta el final y al escuchar palabra por palabra lo que dice esta canción entendí, aunque en parte, el por qué de su decisión de alejarme de su lado desde que se enfermó.
Así y todo no lo justifico, no comparto lo que hizo, no se lo perdono pero de qué vale seguir dando vueltas sobre eso si ya no hay retorno?
Marcos seguramente no va a ser el último amor de mi vida pero sí el más grande, el más fuerte, el que más me enseñó, me hizo crecer y me dió alas para volar.
Su presencia en mi vida ha sido tan fuerte que lo llevo tatuado en la piel de manera literal. Hace pocas semanas me tatué en mi mano izquierda un kanji japonés que representa a la luna, esa luna que siempre miré con tanta fascinación desde pequeña pero que cobró mucho más significado para mí desde su aparición en mi vida.
Esa misma luna que me quedé mirando un 14 de Junio a la noche en el medio de la calle mientras pensaba que tal vez él podía estar haciendo lo mismo, la misma luna a la que en ese momento le pedí que nos uniera desde el pensamiento y le hiciera sentir mi presencia a su lado cuando la realidad era muy diferente a mis pedidos porque cinco días después supe que en ese momento él estaba dejando de respirar para siempre.
Esa luna que me conviritió en Sele durante mucho tiempo solamente para él y luego se transformó en ese blog añorado que abrí para contarle qué era de mi vida mientras no estaba y pudiera enterarse cada vez que regresaba de sus ausencias que siempre me parecieron eternas.
En la mano del corazón lo llevo tatuado para que mis ojos no lo pierdan de vista, en el alma lo llevo grabado porque su presencia en mí es tan irreversible como su ausencia en esta vida terrenal, en las canciones lo escucho y en las hojas de un libro tal vez algún día lo plasme como me pidió siempre.
Mañana no será un día más para mí como no lo ha sido ninguno de todos los 14 de Junio desde el 2006 hasta hoy pero así y todo sé que algo ha cambiado.
A pesar de este amor eterno que sé que voy a sentir por él hoy me permito abrir despacio, muy despacio, otras puertas o al menos la posibilidad de que eso ocurra.
Confieso que me da pánico hacerlo porque siento que de esa manera dejo atrás una etapa de mi vida que amo profundamente pero también es la primera vez que algo me empuja a sacar la cabeza y sentir la necesidad de mirar hacia el sol.
Seguramente detrás de esta decisión está él alentándome a que lo haga y si lo logro se sentirá satisfecho porque fue uno de sus pedidos recurrentes al conocer cuál sería el final: «More, vas a tener que seguir sin mí y desde donde me encuentre quiero ver que lo lográs» y en ese pedido no solamente estaba incluído el deseo de que mi vida amorosa continuara con alguien diferente sino el deseo profundo de saber que algún día me dedicaría a mi gran pasión que era escribir y me iría a vivir frente al mar.
No sé por qué escribo esto hoy y no mañana o por qué no lo dejo programado en el blog para que se publique en la fecha indicada, tampoco sé si voy a cumplir su pedido pero al menos voy a intentarlo, como sea o como pueda pero voy a intentarlo pero lo que me queda claro es que nunca pude lograr lo que el nombre de esta canción impera como tampoco logro que el llanto me desarme frente a su recuerdo.

Entre el sueño y la vigilia

«Corre corre corre corazón, de los dos tú siempre fuiste el más veloz Toma todo lo que quieras pero vete ya…» dice insistentemente mi reproductor de música desde hace días.
También desde hace días pienso en él y lo siento como si estuviera a mi lado tratando de decirme algo.
Por las noches lo sueño de una manera tan vívida que al despertar tengo que recordar si todo quedó en el sueño o se coló algún retazo de su recuerdo en la vigilia.
Hace solamente cuatro horas apagaba la luz de mi habitación para intentar dormir y poco he logrado en el intento pero dentro de ese lapso de tiempo soñé con él y recién al despertar y recordar el sueño me pregunté una vez más (tal y como hice la noche de su cumpleaños y la del mío) si todo había sido producto de mi inconsciente o si de verdad su alma rondó mi cama para recostarse a mi lado y hablarme mientras me veía dormir.
Y quedo otra vez expuesta como si alguien hubiera levantado suavemente esta piel que habito para pasar por debajo de ella todas las emociones, los recuerdos, las sensaciones y los sentimientos para que camine, respire, ría y llore hasta que todo duela tanto como su muerte.