Estoy sentada frente al balcón mirando el mar que hoy está color gris plomo porque llueve y como pasa casi siempre en estos casos, cielo y mar se funden en una sola línea como un gran croma celestial.
Mientras dejo correr el tiempo con estas observaciones, escucho música y vienen a mi mente un montón de pensamientos viejos, gastados, deshilachados de tanto acariciarlos y doblarlos nuevamente para que regresen prolijamente a su lugar.
Pocas veces ocurre que entre tanta memoriosa nostalgia aparezca algo nuevo pero recién sucedió y me asombra que no haya pasado antes.
¿Cómo puede ser que nunca me haya imaginado en este, MI LUGAR EN EL MUNDO, con Marcos?
No entiendo cómo algo tan preciado para mí jamás haya tenido un solo punto de contacto con él, si hasta relaciono Mar Azul con su imagen, con su muerte y no pude jamás verlo aquí conmigo.
¿Qué hubiera sentido al entrar a este departamento, qué hubiera sentido yo al verlo moverse por la casa, al cruzar a la playa con él, al sentarnos juntos en el balcón para ver el amanecer o la salida de la luna?
¿En qué momento y de manera absolutamente inconsciente, decidí apartarlo de algo tan importante para mí como esta casa, esta tierra y este mar?
Mientras escribo escucho «Pensar en tí» de Luis Miguel y pienso en él, miro la lluvia, canto en voz alta que hubiera sido más hermoso escuchar su voz que pensar en él, recuerdo su costumbre de caminar sin paraguas bajo la lluvia, con su piloto, las manos en los bolsillos del pantalón sin preocuparse porque llegara empapado y necesito imaginarlo sentado en una esquina de este largo sillón blanco al tiempo que desde la otra yo hago lo propio y de tanto en tanto los dos levantamos la mirada y nos sonreímos en silencio.
Hubiera sido la mujer más feliz de todas, nadie me hubiera detenido, hubiera tenido el mundo en mis manos si no se hubiera muerto, el corazón hubiera estallado en mi pecho cada vez que hubiera visto su cuerpo a mi lado al despertar, hubiera dado mi puta vida por la suya y nunca pude, nunca me dió ni él ni Dios la oportunidad de nada y me voy a morir con esta duda que me quema el alma eternamente.
Y así Caleta seguirá siendo un lugar sin él, un rincón donde no lo imaginé jamás como si fuera solamente mío y no hubiera querido compartirlo con quién más amé en la vida.
No sé si es justo….
Pavada de conclusión
Se ve que el aire de mar me vuelve reflexiva y valiente, por eso llego a conclusiones como ésta: no le tengo miedo al amor ni a enamorarme, al contrario, disfruto el estado de enamoramiento y los abismos en los que me paro cuando me siento enamorada pero lo que me aterra (si, la palabra es aterra por más que suene exagerada) es el día a día, la relación, el vínculo que se establece con el hombre elegido para asomarse a ese abismo.
Vulnerabilidad
Es uno de esos estados del ser humano que no me sienta especialmente bien.
Me siento absolutamente expuesta, como si algo o alguien me hubiera arrancado la piel a dentelladas y mo tuviera cómo cubrirme de las inclemencias del tiempo.
Asi estoy desde hace una semana, absolutamente vulnerable y con las emociones a la deriva como los barquitos de papel abandonado en un lago.
Ahora que lo pienso estamos en el mes de Julio, hemos pasado el primer semestre del año y se cumple una vez más mi profecía de vida: estoy cambiando la piel tal y como hacen las serpientes.
En estos seis meses me han pasado cosas muy fuertes, cosas que sacudieron mis cimientos de una manera brutal dejándome parada en el medio de la nada y redescubriendo una vez más la vida en general y la mía en particular
Estoy a punto de dar un paso enorme y tengo miedo de equivocarme. Tener miedo es una de esas cosas que aparecieron en mí en estos últimos meses y nunca había sido miedosa asi que tuve que enfrentarme también con eso.
Todo esto hace que solamente pueda llorar desde que me levanto hasta que me acuesto y casi nadie lo sabe ni lo sospecha, solamente una amiga conoce mi día a día y si no lo cuento a nadie más es porque me hunde más aun en el ruido de todas las voces que seguramente de buena fe quieran aconsejarme.
Parecer fuerte y autosuficiente es agotador pero si no tengo esa contención que necesito no puedo darme el lujo de derrumbarme y si hablo de contención pienso en él pero no puedo seguir cargándole todo este paquete, tengo que liberarlo, soltarlo, dejarlo ser el hombre que es y no el super héroe que siempre está ahí para salvarme con sus abrazos.
No existe una sola noche en la que no me acueste pensando en este paso que voy a dar sin sentir que se me va a romper el corazón de pena pero no puedo ser injusta ni egoista.
Estar vulnerable no me sienta bien. Mis ojos se aclaran por las lágrimas, el silencio sella mis labios y mis manos se entumecen de tanto apretarlas cuando me siento angustiada o estrujo un pañuelo de papel empapado en llanto.
Voy en busca del mar y alli tal vez logre equilibrarme o terminar de caer.
Cualquiera sea el resultado espero poder regresar más fuerte de lo que me voy aunque el golpe de la caida sea mortal y parezca no poder recuperarme nunca más.
¿Y ahora?
Para mí siempre vas a ser la canción de JT Mirrors y ahora me pasa que cuando la escucho se me anuda el alma.
Bittersweet
Creo que uno de los recuerdos que jamás podré quitar de mi mente es el de aquél día en el que te pregunté si sabías hablar italiano.
Respondiste que sí y quisiste saber por qué te lo preguntaba. Cuando te contesté que lo hacía porque me parecía un idioma super dulce, contra atacaste con un comentario que llevo grabado a fuego en mi alma: «Mucho más dulce te va a parecer el día que te hable al oído en francés mientras te hago el amor».
Nunca lo pude comprobar y todo pasó a tener un sabor agridulce.
Días
Hay días en los que siento que me va a estallar el corazón y no precisamente porque tenga una falla cardíaca sino porque no resisto ver imágenes de perritos perdidos, abandonados, enfermos, con mirada triste, desvalidos, maltratados,,,,
Creo que Dios me hizo más piadosa con ellos que con los humanos y no me averguenza decirlo. No tengo resistencia, no tengo aguante, siento que me estrujan el corazón cuando piden refugio o cura para alguno porque esas miradas silenciosas me destrozan el alma, saldría corriendo para poder abrazarlos a todos, para comprarles remedios, chiches, ver aunque sea por un segundo un destello de luz que me haga sentir que se aliviaron.
Los años me endurecieron tanto que ellos son lo único que moviliza mi emoción de verdad.
Memento
Porque significa mucho y tal vez un poco más o porque me lleva a un hermoso Noviembre del 2013 en Punta del Este.
En la vereda de enfrente
Estoy parada en esta vereda y en la de enfrente veo a alguien similar a mí que pareciera estar esperando algo o a alguien.
La miro y como me asombra tanto el parecido, me detengo a pensar qué cosas podríamos tener en común y para eso me veo obligada a hacer un flashback de mi vida.
De chica siempre quise ser inteligente, espía internacional, patinadora sobre hielo o arquitecta y sin embargo no me dediqué a nada de todo eso pero internamente cuando me preguntaban qué quería ser cuando fuera grande (pregunta que juré no hacérsela nunca a ningún niño) una vocecita muy firme decía una sola palabra: feliz.
No recuerdo haber tenido nunca un espíritu estilo Susanita Chirusi (una de las amigas de Mafalda) sencillamente porque yo ERA Mafalda por tanto el tema hogar, marido, hijos era algo que dejaba reservado a los vaivenes del destino.
Y así fue como, al menos hasta ahora, el destino quiso que no tuviera hijos y si bien Marcos era el hombre con el que me hubiera gustado ser todo lo que quería Susanita, Dios tuvo otros planes para ambos y él ahora me espera en un lugar demasiado lejano como para llegar ni siquiera tomando un avión.
Creo que me paré en una vereda donde no era requisito fundamental tener un plan trazado para vivir y posiblemente me haya ganado la comodidad y la creencia de que era mejor dejarse sorprender por el destino.
A lo mejor sea conveniente cruzar hacia la otra vereda, quedarme parada en silencio al lado de esa mujer que se parece tanto a mí y observar detenidamente sus movimientos, intentar escuchar sus pensamientos, adivinar lo que transmite su mirada y descubrirme en su misteriosa similitud.
¿Quién me asegura que ella no sea yo misma a punto de estrenar una nueva vida?
Breve conclusión
Me parece, creo, presiento, tengo la leve sensación de que nunca me quisieron como yo quería que me quisieran.
Enojo
Estoy enojada conmigo, no tolero esta sensación de idiotez que me atrapa cada tanto.
Es mentira que estoy enamorada, es mentira que quiero irme, hoy todo lo que dije ayer es mentira y eso me enoja hasta el cansancio.
No soporto mi inconstancia, es inaceptable esta manera tan volátil que tengo de ser.
Estoy sola, no me siento mal (tampoco en la gloria pero al menos no mal) y cuando más o menos conservo el balance en mi interior puedo mirar hacia atrás y ver la cantidad de estupideces que dije e hice. Es entonces en ese momento cuando comienza a crecer este enojo conmigo misma y a comprender que es preciso que cambie, que me modere un poco y piense antes de actuar.
Complicado será revertir lo que dije sobre estar enamorada, tengo la sensación de que nadie va a creerme pero creo que lo más convincente que puedo decir a mi favor es que nadie que esté realmente enamorado deja de extrañar a la persona que quiere, deja de necesitarla o de querer estar a su lado y mi realidad es que no lo extraño, hoy no lo necesito ni quiero estar con él.
Reconocer eso no me enoja, me alivia.