De nervios y responsabilidades

Ayer tuve una conversación muy extensa con un amigo mío y entre tantos temas, hablamos de edades, pareja e hijos.

En un momento él expresó que consideraba una irresponsabilidad querer tener un hijo a cierta edad y como ejemplo dijo a los 60 y pico en el caso de los hombres.

Un sinfin de alarmas comenzaron a sonar en mi mente y le dije que de acuerdo a su criterio yo era una potencial irresponsable por querer tener un hijo a esta altura de mi vida.

Su respuesta fue que él no me juzgaría y respetaría mi decisión, lo que para mí fue un «Si, serías una irresponsable pero no te lo digo porque soy tu amigo y no quiero lastimarte»

Su teléfono se quedó sin batería y la conversación quedó trunca pero me rebotó lo que dijo durante todo el día de hoy.

Este ha sido un lunes caótico en la ciudad: paro general de transporte, necesidad de llegar a trabajar, no poder dejar de pensar en la charla de ayer y comprender que estoy a siete días de uno de los puntos de inflexión más grande de mi vida: el viaje.

Resultado: tengo un nudo en el estómago del tamaño del planetario y las cervicales rigidas como una columna griega.

En cualquier momento estallo como un campo minado.

Un recuerdo express 

Estoy escuchando la versión remix de Sweet Dreams y vino veloz a mi mente la noche en la que estábamos cenando, comenzó a sonar este tema y decidimos dejar todo cómo estaba, sacar el pen drive, agarrar las llaves de la camioneta y salir sin rumbo para disfrutarla mientras nos convertíamos en lo que ni.siquiera nosotros sabemos qué somos.

No es raro, es nuevo

Hace un par de semanas que cuando pienso en el viaje que se viene repito una frase sin cesar: «Es todo tan raro».

Recién comprendí que lo que está sucediendo no es raro, es NUEVO.

Todo esto que vivo es absolutamente nuevo para mí porque desde que el mundo es mundo siempre he viajado sola (salvo en alguna que otra ocasión en la que se hacían viajes cortos con amigas) y ahora me veo frente a una situación completamente desconocida que es la de viajar acompañada y encima con un hombre.

Debo cambiar mi manera de expresarme. Esto no es raro, es nuevo y como tal deberé manejarlo con cuidado porque no todas las cosas nuevas vienen con un manual de instrucciones para no arruinarlas de entrada.

Aromas

A veces pienso que amo tanto Caleta y siento desde lo profundo de mis entrañas que es mi hogar porque huele a familia.

Cuando vivía en Ayacucho me pasaba eso, entraba y se respiraba aire de familia, sobre todo en otoño o invierno cuando mamá preparaba sopa de verdura.

Este departamento donde vivo desde hace dieciseis años no tiene ese toque.

Puedo entrar y sentir el perfume que uso o algún aromatizador que puse en la habitación pero nada que tenga que ver con un hogar de verdad.

Acá paro, pernocto, transito y mucho mas desde que murió el negrito.

Allá vivo, canto, cocino, comparto mi vida con gente que amo, lavo la ropa y adoro colgarla al aire libre y que luego huela a sol.

No reniego de este departamento, sólo digo que no sabe a hogar y cada día necesito con más desesperación eso: un hogar parecido al que alguna vez supe tener.

File doesn’t exist anymore

Esa frase se repite una y otra vez en mi mente cuando intento crear imágenes del viaje que supuestamente vamos a hacer en Diciembre.

Antes veía todo con absoluta claridad: como caminábamos por las calles, a los lugares que íbamos, las fotos que sacábamos y hasta de las cosas que nos íbamos a reír pero desde hace tres días todo eso ya no existe y cuando intento recurrir a lo que sería mi C: dentro de mi mente, el display loopea: FILE DOESN´T EXIST ANYMORE.

Se borró todo, no hay foto, imaginación, predicción…

No vienen aromas ni sensaciones a mí, se perdieron vaya a saber dónde y a medida que se alejan se llevan mi voz, cada vez hablo menos y necesito estar más tiempo callada.

Me relaciono con algunas personas por cuestiones lógicas de trabajo (agradezco que algunas sean por mail) o porque tengo que ir a comprar algo pero sino elijo estar callada y de ser posible con la mirada perdida en la nada aunque delante de mis ojos haya movimiento de cualquier clase.

Es como si hubiera optado por adoptar un autismo voluntario porque un día me levanté y no soporté más la presión.

¿Duele? No, aunque sé que el dolor está ahí, agazapado y en cualquier momento va a darme un zarpazo para que recuerde toda la vida.

Tocar fondo

Hoy llegué al límite.

No quiero pensar más en cómo disfrazar situaciones, callarme cosas, esconder momentos, suplantar a una persona por otra, emparchar lo que otros desgarran, tratar de paliar el sufrimiento ajeno y no lograrlo pero por sobre todo estoy harta de no poder dedicarme a disfrutar los momentos previos a lo que fue planeado, soñado y ansiado desde hace más de un año y medio. 

No puedo más, no quiero sentir que nadé tanto para morir en la orilla.

Necesito paz y volver a mi centro, a cerrar los ojos y visualizar solamente lo que me hace feliz.

Necesito recordar que todos somos adultos, que cada uno debe atender su juego y que no debo continuar poniendo sobre mi espalda mochilas ajenas.

Quiero cerrar los ojos y dormir hasta el 26.