Terapia 

Es increíble el silencio profundo en el que me sumo cuando salgo de cada sesión y hasta llego a sentir que mi mirada cambia, se vuelve más profunda y eso me da herramientas para enfrentarme a lo que sea.

Si hoy tuviera que telacionar mi semana con una canción, sería ésta:

Mirenla

Cerrar puertas y abrir ventanas.

Siempre me gustaron más las ventanas que las puertas y adoro tenerlas abiertas aún en pleno invierno.

Recién escuchaba una canción y pensaba que tal vez este año tenga que cerrarle la puerta a la Sele enamorada y abrirle la ventana a la Sele que viene con un cuaderno repleto de hojas en blanco, hojas que pueda escribir con una brisa que entra por la ventana del mañana.

Tal vez….. quizás.

Chau Facebook

Anoche finalmente me decidí y después de casi nueve años, cerré mi cuenta de Facebook.

Entre que me había aburrido, que tenía que lidiar contra los que la querían hackear, las cosas que tenía que privarme de poner para no exponer a otros y atajar penales para no ofender a los que se ofenden por nada, mandé todo al cuerno y cerré la cuenta.

Me quedo con Instagram (veremos hasta cuándo) y con este blog.

Viví tres tercios de mi vida sin redes sociales, puedo continuar de esa manera hasta los 97, cuando la Parca me venga a buscar.

Ladrona de espacios públicos


Hace un par de años ví una película bellísima llamada «La ladrona de libros». 

Si la protagonista fuera yo, se llamaría «La ladrona de espacios públicos».

En Punta del Este tengo «Mi pérgola» frente a la isla Gorriti y allí voy a ver los atardeceres más bellos del mundo. Obviamente que se trata de un lugar público pero hace años decreté que era de mi propiedad y me «enojo» cuando voy y alguien ocupa mi asiento favorito.

Otro rincón que compré con el corazón es el mirador de Casapueblo. Llegar a PDE y no entrar dos minutos antes de ir a Caleta es como no saludar a un anfitrión si me invitan a una fiesta.

Ese mirador es mágico, siento que llego y la ciudad me recibe y hasta me dice que me extrañó durante todo el tiempo que no estuve.

Y el que no quiero ceder jamás es el Faro de José Ignacio.

Cuando estoy llegando a ese lugar, el corazón me late más rápido y puedo quedarme horas frente a él mirándolo y escuchando música.

Son imanes que me sostienen firme y me repiten en silencio que esa tierra es para mí, que mi vida tiene que terminar alli y no aquí, que debo dejar este mundo oliendo y sabiendo a sal, a la sal de mi mar en La Brava.

Buenos Aires me ha tentado con un solo lugar para perpetrar el robo y es el Jardín Japonés.

Fuera de ese predio, nada me despierta interés ni fuerza que me atrape tanto como para «delinquir».

New York es otro tema. Creo que alli me darían cadena perpetua porque hay mil rincones que robaria pero por motivos muy diferentes a los de Punta del Este.

New York es la fascinación, el deslumbramiento, la adrenalina invadiendo mi cuerpo a una velocidad inmanejable.

Buenos Aires es la muerte agónica.

Punta del Este es la paz, la calma, el amor en estado puro, la emoción y la película de toda mi vida proyectada frente a mis ojos en cada amanecer, en cada atardecer, en las maravillosas tormentas que vienen del Sur y en cada luna llena que sale sobre el mar.

Porque la luna esteña…. ella también me pertenece.

No es complicado

Ayer me dijeron: «Seguramente te admira» y mi primer pensamiento fue lo que después se convirtió en respuesta.

No quiero admiración, veneración ni idolatría porque soy imperfecta  (gracias a Dios) e igual a cualquier ser humano.

Lo único que busqué y buscaré hasta la muerte es que me amen y ser feliz.

Lo demás es cartón pintado.

En cámara lenta

Los días pasan y sobreviene lo previsible e inevitable: la realidad.

En mi caso la caída es en cámara lenta, lo que me da tiempo suficiente para ver otras cosas que debo agarrar en el descenso para poder analizarlas cuando aterrice.

Las situaciones que voy sumando no son las más placenteras ni las que me hubiera gustado elegir pero son las que están y debo hacer algo con ellas, al menos lo mejor que pueda.

Muchas me centran y otras me alejan inexorablemente de él pero tarde o temprano el final va a ser el mismo.

Para ser sincera no imagino cómo será vivir sabiendo que no vamos a estar juntos como ahora pero el tiempo irá acomodando las piezas (o no) y seguiremos adelante.

Sé que él lo va a lograr mucho más fácil y rápidamente que yo y eso me tranquiliza.

En lo que a mí respecta… que sea cómo deba ser y que el destino se encargue de todo.

Vientos de cambio

Terminó el año, pasó el viaje, lo vi feliz, viene mi próximo cumpleaños (con todo lo que eso implica por la fiesta que quieren armar) y al mismo tiempo llega, de manera inexorable, el cambio.

Hace rato que me siento cada vez más cerca del punto límite y desde que regresé de Montevideo la decisión ronda todos los días por mi cabeza.

No tengo mucho más que hacer en su vida y no puedo sentir eso, no quiero sentirlo.

Tiene alas, sabe cómo usarlas, su mirada puede brillar de felicidad… puedo irme.

Música y más música 

Hace un largo rato que estoy en mi habitación escuchando música a todo volumen y de pronto cai en la cuenta de que me sentía equilibrada.

Fue un segundo, casi se me escapa pero logré registrarlo y reafirmé lo que siempre digo: no puedo vivir sin música.

En este breve instante que pasó me sentí tranquila, en paz, como en caída libre pero sin miedo y hasta me descubrí soñando con los ojos abiertos.