Between a rock and a hard place

No es la primera vez que me sucede. 

En mi mente analizo, desmenuzo, trituro algo y llego a la conclusión de que debo hacer las cosas como quedan armadas, como si el rompecabezas encajara perfectamente devolviéndome la imagen correcta.

Luego algo sucede, aparece de la nada y cambia todos mis planes, me quema los papeles y me obliga a reveer todo lo que se suponía acomodado.

La espada y la pared.

Esas son mis opciones y conociéndome, la espada puede terminar ganando la partida.

Unforgettable

Unforgettable

Hoy se cumplen los primeros treinta días desde que pisamos NYC.
Algo dentro de mí está comenzando a despertar y me recuerda el viaje poco a poco.
Tal vez sea mi inconsciente o la serie que estoy viendo de manera compulsiva (Suits, filmada completamente en esa ciudad), lo cierto es que cada plano de sitio que hacen mostrando los rascacielos de noche completamente iluminados o los food trucks en medio de las calles que caminamos hasta caer rendidos hacen que algo dentro de mí funcione como una montaña rusa.

Extraño eso: las calles, los olores (aunque estando allí el de la fritanga me mataba), la falta de aire por mi resfrío, la diferencia de temperatura al entrar o salir del hotel o de un local a donde habíamos entrado para comprar algo.

Creo que tengo abstinencia neoyorquina y hasta me enojo por momentos porque creo que no aproveché el viaje como debería haberlo hecho.

Volvería mañana mismo, caminaría por las mismas calles, iría a los mismos lugares, a otros que no alcanzamos a ir, me sentaría en el Central Park a escuchar música, sacaría muchas más fotos de las que saqué, entraría a todos los cafés que encontrara y me quedaría parada en cualquier lado hasta que la nieve terminara cubriendo mi cara por completo.

Fue un viaje inolvidable pero recién ahora estoy añorándolo como se merece.

Siempre me pasa lo mismo: los destiempos me asesinan en todas las esquinas de mi vida.

Dias que duelen

Desayuné con una persona que conozco hace años pero que no nos vemos muy seguido.

Nos pusimos al día en lo que a nuestras vidas respecta y de pronto, sin que nada lo hiciera preveer, me contó algo de su pasado terriblemente doloroso, un secreto que cargaba sobre sus espaldas como una condena.

Me ví reflejada en ese secreto, abrí el libro de mi infancia e hice lo propio.

La resultante de ese desayuno fue un día que me dejó movilizada, sensible, con una necesidad ENORME de un abrazo y los ojos hinchados de tanto llorar.

Maximiliano 

Nos conocimos en Punta del Este el 2 de Agosto de 1987. Nos vimos hasta fines de ese año y luego nunca más porque él vivía en Mar del Plata y yo en Capital Federal.

De una manera u otra, la vida nunca nos separó definitivamente porque cada tanto nos conectábamos e intercambiábamos mensajes.

Después de tantos años y con el avance de la tecnología, la comunicación entre ambos es muchísimo más fluída y hoy mismo hablamos después de un par de meses de silencio.

Cada vez que tengo noticias suyas me cambia el día. Tiene ese tono de voz adolescente, pícaro, alegre y bohemio que me hace bien al corazón.

Es uno de mis seres más entrañables, más queridos, al que recuerdo siempre y los dos tenemos esa «asignatura pendiente» (como dice él) del reencuentro pero dejamos ese momento en manos del destino.

Mientras tanto hablamos, lo escucho, me escucha y nos abrazamos a la distancia.

Somos «trascendentales» uno en la vida del otro (como también dijo él hoy) y con eso basta.

Greenback Boogie

Abrió la ducha, templó el agua caliente con la fría, fué hasta el lugar donde tenía conectado el pen drive con una buena selección de temas musicales, puso LA canción  del día y caminó despacio hacia el baño mientras se soltaba el cabello.

Estacionó el automóvil frente a su casa, miró el balcón y dudó un segundo porque no vió ninguna luz encendida pero el sonido de la música a todo volumen le confirmó que estaba allí.

Como hace siempre, dejó que el agua corriera por su cabello hasta mojarlo por completo mientras cerraba los ojos y múltiples imágenes atravesaban su mente al compás de Greenback Boogie.

Abrió la puerta, subió los trece escalones que separaban la entrada de la habitación, escuchó como se mezclaba su voz al cantar con el sonido del agua y sin dejar de sonreír entró al baño, estiró su brazo, encontró lo que buscaba y esperó.

Le pareció extraño no encontrar el shampoo inmediatamente porque siempre tanteaba y allí estaba, esperando que volcara un poco de contenido en su mano, se dejara llevar por ese aroma que tanto le gustaba y comenzara a disfrutar de uno de los mejores momentos del día.

La miró estirarse, colocar su mano aquí y allá, (siempre con los ojos cerrados como si todo fuera un ritual), vió su gesto de desconcierto al sentir que algo estaba fuera de su cauce normal y tuvo que contener la risa porque podía adivinar lo que estaba pensando en ese mismo instante. Como parte del juego, y siguiendo el ritmo de la canción, chasqueó muy suavemente los dedos cerca de sus mejillas, que ya estaban rojas y a punto de estallar.

Sin abrir los ojos y respirando hondo, ahogó un grito al reconocer su perfume.

Fue una de las pocas veces que no pensó en nada, no analizó su vida ni trató de resolver problemas debajo de la ducha. Simplemente dejó que todo sucediera como si estuviera viendo una película en cámara lenta, al compás de su playlist.

Mind worms

Esta semana me llevó a sentir eso, como si un científico de la NASA hubiera descubierto un worm espacial que lo lleva al infinito viajando con destino incierto y a una velocidad incalculable.

Tuve picos de adrenalina enormes (y no precisamente por placer) y luego terminé planeando suavemente sobre mí misma, mirándome desde una distancia ilógica pero analizando cada uno de mis movimientos.

Lo que viví ayer fue muy movilizante y seguramente iré cayendo aún más con el correr de los días pero me gustó saber que a pesar de lo que me dicen ciertas personas, no estoy TAAAAANNNNN errada en mis conceptos y futuras decisiones.

Tengo que lograr que el tránsito hacia ese momento de mi vida al que quiero llegar sea lo menos doloroso posible para mi y para quienes me rodean.

Marzo y Abril van a ser meses claves, meses que debo disfrutar, aprovechar y pararme definitivamente en la vereda que corresponde para seguir avanzando.

Ese será el momento en el que mis mind worms me traigan de vuelta a la Tierra.