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Mi madre solía usar una palabra para definir ese estado de inquietud e incertidumbre que no nos deja tranquilos, como si algo pasara o estuviera por pasar. Esa palabra era «silicio».
En el diccionario lo que menos se encuentra es una definición como ésta pero crecí asociándola a ese estado anímico.
Así me desperté hoy después de la sesión de terapia de ayer, con silicio. Teniendo que trabajar todo el fin de semana y con ese nudo en el alma, si no escuchaba a Augusto no iba a poder seguir.
Dejé de lado todo: orgullo, miedo, exceso de respeto, dudas y lo llamé.
Al principio le pregunté una pavada del dpto y después fuī al punto: le pregunté a quemarropa si las cosas entre los dos estaban bien y justifiquė mi pregunta contándole esa sensación de incertidumbre que tenía.
Su respuesta fue que me quedara tranquila, que estaba todo bien y que anoche, aproximadamente a las dos y algo de la madrugada se desveló y pensaba en que quería que Febrero pasara rápido para que en Marzo estuviera allá.
Hablamos de muchas cosas más pero ya todo fue más relajado, en el mismo tono que usamos cuando estamos juntos.
Nos despedimos super bien y mi alma se aquietó, sobre todo cuando los dos nos dijimos al unísono «Cuídate mucho» y después escuché su «Te quiero» dicho con una sonrisa, porque sé que esas palabras las dijo sonriendo.
No siempre se gira en falso, al menos hoy pude hacerlo en la dirección correcta.
¿Dónde está escrito quién tiene la medida justa para el prójimo?
¿Desde cuándo una persona le queda grande o chica a otra?
¿Por qué tiene que haber un parámetro de superioridad o inferioridad entre dos seres humanos?
¿Qué es ser «demasiada mujer»?
¿Por qué un hombre puede sentirse «intimidado» por una mujer?
¿Acaso hay que dejar de ser auténtico para que el otro no huya o sienta que no puede con quién tiene a su lado?
¿Cuál es el afán del ser humano por complicar un sentimiento tan íntegro y noble como el amor?
Ese es el tiempo exacto que falta para regresar a Caleta.
En este momento estoy sentada en un Starbucks (como siempre, mi refugio capitalino) y pienso en todo lo que pasó ayer por mi cabeza durante el día.
Siento una distancia enorme de su parte y tengo la plena convicción de que en su interior algo cambió en relación a mí y no precisamente para bien.
Lo noto frío, lejano, al final de sus mensajes ya no se despide como siempre y creo que el viaje a NYC tiene mucho que ver con su actitud.
Por mi parte actúo en consecuencia. Fiel a mi costumbre de no molestarlo, me alejo en todo sentido.
No lo llamo ni le escribo y si por algún motivo nos comunicamos, trato de ser lo más impersonal que puedo.
Me encantaría saber algo de su vida pero es tan hermético que siempre responde que las cosas están bien y él se encuentra trabajando (o haciendo que trabaja, su chiste habitual).
Francamente para recibir esa respuesta mejor no preguntar nada y cada cual a lo suyo.
Ayer, entre tantos pensamientos que se cruzaron en mi cabeza, apareció el de que como ya no nos unía la adrenalina de ningún proyecto en común se le habían terminado las razones para saber de mí y eso dolió mucho.
Aparte del dolor también apareció la pregunta de «Bueno, y ahora qué vas a hacer cuando estés allá, qué vas a decidir?» y todo me empuja al mismo lugar: al final y dudo mucho que esta vez él me retenga.
Haciendo un examen profundo de consciencia, he llegado a la conclusión de que me merezco el mejor monumento a la boluda que cualquier escultor haya hecho o pueda hacer.
Lo peor de todo es que yo sola me cuelgo ese San Benito dado que lo que me ocurre es sencillamente porque no salgo a tiempo de los lugares en donde corro peligro.
Es preciso que haga buena letra, me ponga firme, fría, calculadora y me despoje de cualquier sentimentalismo para patear el tablero.
Marzo…. falta poco. Me verás llegar.
¡ESTO ES UN VICIO!
Ni vos ni yo.
Ni vos ni ella.
Ni ella ni yo.
Ni yo ni nadie.
Puros espejismos en el medio de un gran desierto donde sobrevive el más fuerte.