Mis años felices (hasta hoy)

1983   1984   1989   1990   1993   1994

2012   2016   2017   2018   2019   2024

2025

Eso si, hay que hacer una salvedad: la felicidad no fue tan generosa como para permanecer a mi lado todos los días en cada uno de estos años pero si fueron los que más intensamente se manifestó y me acompañó especialmente.

Bea

Hoy extraño a mi mamá.

Vaya a saber por qué de pronto tuve ganas de cocinar algo que le gustará y verla comer con la misma alegría con la que un niño come una rebanada de pastel de chocolate en su cumpleaños.

Tengo ganas de abrazarla y apoyar mi cabeza en su regazo para que me acaricie el cabello.

Hacía mucho que no me sucedía esto de extrañarla y ni siquiera así puedo llorarla.

Tal vez en un par de minutos sienta una leve presión sobre mi hombro izquierdo y sepa que es la mano de mi mamá recordándome que está conmigo, que nunca se fue.

La pequeña felicidad

Esa que no sirve para todos, la que se esconde de muchos y le sonríe a unos pocos.

La pequeña felicidad siempre viene fragmentada en tiempo y espacio, por eso hay que estar atentos para no dejarla pasar.

Hoy logré cinco segundos de esa felicidad, fue tan veloz y pequeña que podría haberla guardado en una pieza de uno de los puzzles que aún no armé.

Me sirve a mi sola, me calma sólo a mi y si bien me es tan efímera como a cualquiera, me queda la satisfacción de saber que esta vez el número ganador lo tenía yo.

Noches asi

En mi cotidianidad existen noches como la de hoy, donde de un momento a otro creo que todo es posible.

Que puedo volar, pasar desapercibida, rondarte sin que me veas pero sientas mi perfume y te preguntes dónde estoy porque te da la sensación de que podes estirar la mano y alcanzarme.

Girar y en un segundo aparecer en Santorini para ver el atardecer o levitar en Madrid, buscar un bar de tapas que conozco, pedir una jarra de sangria, un tapeo, mucha sidra fresca recién tirada y salir de allí de madrugada cantando baladas en español y parar cada dos segundos para abrazarme a un árbol o poste de luz para no caerme por la borrachera que tengo.

Y en esta noche también creo que el verano se enamora de mí tanto, tanto que decide regalarme 4 tormentas eléctricas por semana con mucho  aroma a hierba fresca.

Pero el invierno, celoso, planea ser más cruel que nunca sólo para complacerme y se abre paso ante el otoño para adelantarse con malicia, pretendiendo ganar mis favores.

En una noche como hoy bailaria en la orilla del mar, con el cabello suelto aunque después no supiera cómo desenredarlo.

Elegiría canciones divertidas, de esas que te provocan abrir los brazos mientras bailas y mirar al cielo sólo para disfrutar y agradecer pero después bailaria canciones lentas, muchas, muchísimas, de las que te provocan girar sobre una misma y olvidar que nadie te está viendo y eso es lo que menos importa.

Seguiría tomando champagne pero de la botella, pediría disculpas en voz alta a quienes lastimé, abandoné y olvidé.

Agradecería a todos los que me salvaron y llamaría a quienes ya no están en este plano para que me acompañen en esta ceremonia.

En una noche como la de hoy renunciaría a todas mis creencias y convicciones para vivír doce horas de puro deseo ancestral.

Dones

Entre varios, Dios me ha beneficiado con una memoria prodigiosa.

A veces me pregunto para qué almaceno tal o cuál cosa si no me sirve para nada pero cuanto más intento borrarla de mi mente, más se aferra a ella.

Después está la contra partida que es la de saber qué hago con lo que no puedo olvidar, más aún sí esos recuerdos me traen el dolor que me provocó la situación cuando se llevó a cabo.

Recordar algo negativo y doloroso puede convertir a una persona en rencorosa y naturalmente no lo soy pero descubrí que hay excepciones en mi escala de valores.

Usualmente veo venir los puñales que pueden clavarme algunas personas pero se complica cuando quiero mucho al poseedor de la mano que me apuñala.

Hoy por hoy tengo pequeñas heridas hechas por una misma persona pero ya dejé de contar cuántas son porque si lo hiciera me alcanzaría la parca sin haber terminado de disfrutar la vida y porque ya ni me importa.

Peeeeero (siempre hay un pero) hay una herida cuyo puñal sigue clavado y permanece sangrando.

Son gotas pequeñas que solamente las veo cuando me quito la ropa pero ahí están, recordándome que mi memoria sigue siendo prodigiosa y que en ningún momento pensé que una de las personas que más quería en esta vida iba a desgarrarme la piel y lastimar mi corazón con una sola frase.

Y creo que en ese momento nació el rencor en mi porque no olvido, no disculpo, no justifico y no me resisto a alejarne de quién me hirió tanto.

Nosotros, que nos queremos tanto…

Me cuesta comprender por qué las personas que nos conocen me preguntan, o mejor dicho ASEVERAN, que somos amigos.

Nosotros no fuimos, somos ni podremos ser amigos en este ni en ningún otro planeta donde nos crucemos.

Además, para qué, con qué finalidad seríamos amigos?

Mis razones para no poder llevar adelante una amistad con él son simples. Los amigos comparten absolutamente todo entre sí y hay algo que nosotros ya no podemos compartir y es la vida amorosa que tiene o tendrá con otra persona.

A mí la idea no me gusta, me molesta, me incomoda, no quiero, me parece absolutamente innecesario saber si sale, entra, se acuesta o se levanta con una o cinco mujeres a la vez.

Esos datos se comparten entre amigos porque además se convierten en la puerta abierta que da paso a otras situaciones cuyos detalles quiero conocer mucho menos que los anteriores.

La clásica pregunta es: ¿será porque todavía lo queres?. ¡Pero qué pregunta estúpida! ¡Claro que lo quiero, lo voy a querer hasta el final! pero ya no estoy enamorada y aún así, saber ciertas intimidades, jode.

Por otra parte, desde el primer día que nos conocimos y me abrazó, lo que menos sentí fue amistad y con el correr de los años ese vínculo murió antes de nacer.

¿Y qué piensa él?, me han preguntado un millón de veces. Mi respuesta siempre fue la misma, que ambos pensamos de idéntico modo.

Algunos disienten con eso y otros prefieren no seguir con el tema, cosa que agradezco infinitamente.

Nosotros no podemos ser amigos, como mucho y después de un par de años más, seremos amantes de ese amor hermoso que no se podía definir con palabras y nos supo hacer tan, tan felices.

Separaciones

Cuando se menciona la palabra separación, el 99% de las personas asumen que se habla de separación de pareja y en realidad no es así.

Un ser humano se separa todos los días de su piel, por ejemplo. La piel muerta cae y deja espacio a la nueva aunque sea en porciones mínimas.

Podemos separarnos de familiares, amigos, parejas, mascotas, espacios habitacionales y creo que la separación más difícil es la que tenemos con nosotros mismos.

Cambiamos día a día, no somos los mismos de ayer y mucho menos los que éramos hace años.

El punto crítico es ver cómo se plantean estas separaciones y cómo se cierran.

En lo personal, y al menos hasta nuevo aviso, me he separado del amor. Descubrí que no sé amar, que me desgaste, nazco, crezco, brillo y muero estruendosamente en ese amor, me desplomo y sólo quedan ruinas de lo que yo era.

Me costó un mundo entenderlo y cuando lo conseguí lo único que decidí fue cerrar la caja donde guardo el amor y tirar la llave al mar.

Está bien? Está mal? No lo sé y tampoco quiero averiguarlo. Tengo cosas más urgentes que aprender sobre mí. Tal vez, cuando todo lo urgente e importante esté aprendido y acomodado, llevaré esa caja a un xerrajero para que pueda abrirla, me de un juego de llaves nuevas y trate de aprender a amar tan bien que no necesite separarme más de mi corazón.

Volver

Soy una convencida, casi una talibana de la absoluta inexistencia de los conceptos nunca, siempre y jamás llevados al campo de la práctica.

Desde la teoría lo sostengo a rajatabla y más de un dolor de cabeza me ha traído sostenerlo a capa y espada hasta que me tocó vivirlo en carne propia.

Me fuí de mi tierra para no volver allá por el 2020 y regresé voluntariamente el año pasado.

Cuando me fuí, en mi mente sólo se escuchaba «Lo logré, soy libre, no vuelvo nunca mas».

Cuatro años después regresé, desesperada por amanecer en cualquier mañana de Buenos Aires.

Los que me conocen no lo podían creer, qué me había pasado, por qué había vuelto? y la respuesta era tan simple como controversial: dejé de ser feliz.

Materialmente tenía todo pero después no tenía nada. Ya no estaba enamorada, no disfrutaba mi casa, extrañaba a mis amigas, a mis amigos, a mis rincones preferidos de Buenos Aires y lo peor de todo es que me dolía una soledad que desconocía.

Mi único refugio era estar con Alma y Chaval pero no alcanzaba, no era suficiente y con todo el dolor del alma tomé la decisión de volver.

Para eso tuve que dejarlos y asumir que mi alma se iba a desgarrar inevitablemente, que sumaria otra herida que seguramente no dejaría de sangrar jamás, como la de Otelo.

Hice lo que debía, dejé todo sin mirar atrás y regresé.

Hoy, un año después, veo que tomé la decisión correcta aunque como nada es perfecto, vivo ajustando detalles.

Ahora tal vez no sea el momento de contarlos pero ya llegará la hora indicada así como llegó ésta.