La sangre

Hay un dicho muy famoso que dice «La sangre tira» y a veces respondo en tono de broma, que lo que tira es todo a la basura.

Las relaciones familiares son extremadamente complejas, sobre todo cuando hay una historia densa detrás de ella.

La «familia» que me tocó en suerte es bien, bien disfuncional y absolutamente ensamblada.

Cinco hijos de un solo padre y cuatro madres diferentes. Los hermanos repartidos a lo largo y ancho del país y cada uno con un genio a medida.

La única de los cinco que no formó un hogar ni tiene hijos soy yo y además cargo con el maravilloso estigma de ser la rebelde, soberbia y oveja negra de la familia o sea: soy un encantador frasco de veneno.

Reconozco que no soy la más sumisa de las personas que viven en este planeta ni tampoco hago demasiado para serlo pero como ser así no me desvela, no lo cambio.

También admito que mis grandes amores de esta familia ensamblada son mis dos sobrinas: Paola y Fernanda. 

Mi único temor es que algún día el vínculo que nos une se dañe, se rompa o desaparezca. Todo lo demás me importa un comino.

Las amo más allá de la sangre y por lejos, mucho más que a mis hermanos.

Este año se produjo un gran quiebre entre ellos y yo. Bastó un sólo comentario hecho con sarcasmo para que volará todo por el aire y francamente no lo lamento, estoy algo así como aliviada.

¿Me toca pagar un precio? Sí, por supuesto y lo estoy pagando pero no me arrepiento ni borraría con el codo lo que escribí con la mano.

Creo que ahora sí pueden llenarse la boca diciendo que soy todo eso que dijeron sobre mí porque les dí los motivos servidos en bandeja.

Esta vez la sangre no sirvió para unir sino para hacer una transfusión, cambiar y oxigenar.

El tiempo dirá el resto.

Una palabra

Hay una canción cuya letra dice: «Una palabra no dice nada y al mismo tiempo, lo dice todo. Como la lluvia sobre tu cara o el viejo mapa de algún tesoro».

En este momento necesitaría una sola palabra que pudiera definir lo que siento, lo que me pasa por dentro, lo que me canta el alma pero no existe, no se ha inventado, no figura en ningún diccionario.

Porque si digo alegría, sabe a poco. Si digo felicidad, me quedo corta. No tengo la imaginación de mi querido Julio para revolver las letras a su antojo y formar una palabra que, aún sin tener una definición coherente, signifique algo.

No importa, no la voy a buscar ni inventar. Prefiero dedicarme a sentir esto que me invade por completo desde hace un ratito y seguirá hasta que me vaya a dormir y me provoque lindos sueños.

No por amor

No por amor, no por tristeza, no por la nueva soledad: porque he olvidado ya tus ojos hoy tengo ganas de llorar.

Se va la vida deshaciendo y renaciendo sin cesar: la ola del mar que nos salpica no sabemos si viene o va.

La mañana teje su manto que la noche destejerá.

Al corazón nunca le importa quién se fue sino quién vendrá.

Tú eres mi vida y yo sabía que eras mi vida de verdad, pero te fuiste y estoy vivo y todo empieza una vez más.

Cuando llegaste estaba escrito entre tus ojos el final.

Hoy he olvidado ya tus ojos y tengo ganas de llorar.»

Antonio Gala

PS: No sé por qué vino a mi mente este poema y recordé cuánto nos gustaba escucharlo cantado por Clara Montes.

Será que se acerca tu cumpleaños y tu presencia sigue siendo inevitable.

No reniego de ella, sólo siento que no sé aprovecharla como debería.