Necesito esto
Necesito esto
Esa es la emoción que me invade.
Estoy triste desolada, desconcertada, angustiada y con una profunda sensación de soledad.
Arrasaron con mi voluntad y se fugó mi última ilusión cercana.
Tengo ganas de decirle todo lo que me pasa pero no quiero que sienta que vuelvo y vuelvo con el mismo tema pero por sobre todo decirle que prefiero una discusión donde vuelen los platos por el aire antes que tener una conversación cara a cara y ver su mirada fria, dura e impersonsl clavada en mis pupilas.
La desolación duele, mucho.
A veces me pregunto cómo mierda hago para aguantar TODO lo que aguanto.

A veces todo el amor del mundo no es suficiente para construir algo.

Me planto delante del espejo y digo que veo a
Uno de mis peores y más arraigados defectos es la terquedad. Los que me rodean pueden pasar varias vidas tratando de hacerme entender que tal o cual cosa es un error sin éxito porque uno de mis lemas es: «Tengo que hacer mi propia experiencia y darme la cabeza contra la pared SOLA«.
Cuando llega ese momento, cuando tengo la herida abierta y sangrando, ahí entiendo el error que cometí y trato de enmendarlo aprendiendo la lección.
En estos últimos años aprendí (porque me enseñaron) que lo que vivo es MIO y que si quisiera compartirlo podría hacerlo pero eligiendo cuidadosamente quien podría ser el receptor de esa experiencia.
Por un lado esa actitud tiende a preservarme pero por el otro me aísla de él resto del mundo.
Anoche aquí sucedió algo (como pasa frecuentemente cuando él y yo nos encontramos) y para mí fue fuerte, sintomático, esclarecedor, revelador y explica lo que a veces parece dudoso e inexplicable.
Me desperté repasando la escena, el momento exacto en el que de su boca salieron esas palabras mientras lo miraba profundamente a los ojos y sigo sintiendo que no pudo reprimir esa verdad, que lo delató la mirada y sus dichos fueron tan espontáneos como legítimos.
En otro momento de mi vida hubiera repartido la noticia con dos o tres amigas y sin embargo no lo hice, no me sale, siento que si lo sacará de mí lo estaría exponiendo y lastimado.
El no va a recordar lo que se le escapó o sea que no corre peligro. Yo no voy a decirle nada, lo que pasó lo voy a guardar dentro de mí y voy a mimar ese momento porque fue mágico.
Aprendí, crecí y seré felíz recordandolo a solas aunque nos pertenezca a ambos.
Recuerdo una frase que me decía siempre: «Hija, donde pones el ojo pones la bala».
Frecuentemente la usaba para demostrarme que siempre que elegía algo era lo más caro o difícil de conseguir pero eso sí, del mejor gusto posible.
Hoy, pasados tantos años sin ella, habiendo crecido y al mando del timón de Caleta, comprendo que tenía mucha razón.
Cada cosa que he elegido para hacer de este lugar un hogar, fue concebida con la idea de convertirlo en un espacio cálido, acogedor, simple pero con estilo.
Si el buen gusto es hereditario, lo llevo en las venas gracias a ella.
Ojalá, desde donde esté, sonría feliz y satisfecha al ver que su siembra no cayó en tierra yerma.
Una de esas que me vuelan la cabeza y hacen que quiera ser quien no soy.