Entidades superiores

Desde pequeña supe que habla algo en mí que no era igual al resto de los niños de mi edad.

Una de las personas que lo descubrió primero que nadie fue mi amado Ramón. El era un hombre sabio, sabía ver más allá de las cosas, personas y apariencias. Cada vez que venía a casa separaba el flequillo de mi frente y me decía que una niña inteligente como yo debía tener la frente despejada para ver mejor la realidad.

Me recomendaba libros, me estimulaba con los dibujos que hacia, pedía que se los mostrara y le decía a mamá que yo era especial, que me tratara como tal.

Con el correr de los años hice dos veces el curso de control mental del método Silva bajo su instrucción y todo eso lo hacía porque me sentía tenida en cuenta por él pero no tenía plena conciencia del potencial que se escondía dentro de mi.

Tal vez la primer gran señal de eso fue el día en que sentí que algo sucedería con mi madrina y a los siete días falleció.

Algo similar sucedió con mi abuela. Aquél miércoles fuí sola al cine (como siempre) y al salir sentí que el regreso a casa no sería como cualquier otro.

Mamá esa noche se fue a un cumpleaños y estando sola con Viviana en casa, mi abuela tuvo un infarto a la una de la mañana y murió.

De una manera u otra, días o minutos antes sentía que algo iba a cambiar.

Luego vino la muerte de mamá, la de Marcos (muerte que viví descomponiendome en el mismo momento que se moría pero a miles de kms de distancia) y el día en que llevé a Otelo a la veterinaria para una biopsia sabiendo que no regresaría a casa con él.

Las apariciones de mamá y Marcos, sus mensajes, sus palabras y sonrisas no son producto de mis sueños, ahora entiendo por qué lo vivo tan a flor de piel.

Tengo contacto con ellos, puedo sentirlos a mi lado, me guían y sé que me espera un destino mucho más rico si estudio y abro aún más mi mente y mi espíritu para seguir comunicandome cada vez más y con otras entidades.

Ahora, después de tantos años, todo adquiere sentido.

No puedo esperar que todos los que me rodean me crean. Yo sé que es cierto y en eso me voy a enfocar.

No tengo límites, no quiero ponerme ninguno. Este es MI AÑO de superación y ascenso espiritual.

Para nadie mas

Sola vine al mundo, muchas veces sola me crié y sola voy a morir, como todos.

Desde hoy, por decisión propia, no estoy para nadie más.

Lo que prometí hasta este 21 de Enero pienso cumplirlo pero de ahora en adelante voy a vivir solamente para mí.

Si algo aprendí es que nadie, excepto mi madre que ya no está, ha resignado nada por mí y estoy hasta la quilla de resignar cosas y momentos por los demás.

Lo siento, la letra con sangre entra y si de algo sé, es de escribir.

Arrancamos

Dos de las metas que me propuse para este año están en marcha a partir de hoy.

Queda tener la constancia suficiente para mantenerlas en el tiempo.

Una tiene la primer etapa cumplida a fin de Febrero.

La otra comienza y termina en la primer quincena de Octubre.

A veces me detengo a mirar el desarrollo de mi vida y me asombra la forma en que cambia permanentemente.

La barrera del sonido

Todo lo que hasta ayer parecía insuperable, ya es pasado.

Comenzó otro año, no hubo nostalgia por lo que quedó atrás ni tampoco hay incertidumbre por lo que vendrá.

Esto es día a día, como el tratamiento de una adicción.

Hay momentos en que es necesario, casi hasta imprescindible, planear las cosas con anticipación y en otras ocasiones lo mejor es dejar que todo fluya.

Estreno año, sé que debo hacerlo pausadamente y sin riesgos.

Mi mayor nudo de conflicto es el afectivo, es al que mas debo prestarle atención y tratar lo que se presente con más delicadeza.

Para eso deberé poner mi mente en modo frozen y dedicar mi tiempo a otras actividades que me saquen del centro de la escena de esta historia de amor que me habita.

Si logró bajar la ansiedad y aumentar la frialdad, me doy por satisfecha. 

Haga lo que haga, éste es mi año. Lo tomo para ser feliz, realizarme en áreas de mi vida que me resultan curiosamente nuevas, crecer, madurar y seguir acomodando energias que hasta hace poco estaban dispersas a lo largo de mi historia.

Tengo el éxito en mis manos, no es momento para dejarlo escapar.