Rara mixtura

Estoy mirando vídeos que me mandó Julián de Canadá, de su cachorrita Lola, vídeos que grabó Augusto en la playa, frente a Caleta, cuando se veía una tormenta tremenda sobre el mar y de pronto sentí una mezcla extrañisima de tristeza con ansiedad.

A una semana de irme, tengo la sensación de que los días pasan en cámara lenta y yo ya estoy al borde de la asfixia.

Necesito despertarme y dormirme con el sonido del mar.

Estado civil

Miro la habitación, la cocina y el baño del departamento y lo primero que viene a mi mente es que mi estado civil es CAOTICO.

Ropa desparramada por todos lados, el tender con ropa húmeda dentro de la cocina porque llueve, cinco valijas en el medio de la habitación esperando que me decida a juntar todo en una o a tirarlas a todas por la ventana, libros de francés repartidos arriba de la cama como si fueran parte de un mazo de cartas y una heladera repleta de botellas de agua pero carente de comida.

Todo esto habla de lo que es mi mente.

NO PUEDO MAS.

Una piedra en el corazón

Tengo una piedra en el medio de mi pecho, a la altura de mi corazón.

Una agata azul, la de las sensaciones y los sentimientos.

Es bellísima, me gusta sentir el contacto de su superficie contra mi piel.

Parece una paradoja: tengo una piedra en mi corazón que representa a las sensaciones y a los sentimientos.

Lo único que deseo es que su paso por mi cuerpo deje un rastro de sabiduría inolvidable.

Inútil 

Resulta inútil 

  • Ser honesto
  • Ir de frente
  • Creer que el diálogo es la única manera de arreglar las cosas
  • Pelear por lo que vale 
  • Resignar ideas y deseos en.pos de la felicidad
  • Tener convicciones férreas 
  • Salir de la mediocridad
  • Sentir que es mejor una mente abierta que un cuerpo escultural
  • Avisar antes que traicionar

La liebre y la tortuga.

Ellos jugaron a ser liebres y se tiraron a dormir la siesta bajo la sombra del perejil, abriendo de tanto en tanto un ojo como para asegurarse de que la tortuga, pesada y lenta, aún estaba cerca de la línea de largada.

La tortuga, sabiendo de su pesadez y su lentitud,  apostó todas las fichas a su inteligencia.

No apuró el paso ni eligió ningún atajo, simplemente tuvo paciencia.

Así fue como, mientras las liebres roncaban, la tortuga pasaba frente a ellas y alcanzaba la meta en primer lugar.

No siempre el que espera, desespera.