En la vida de todo ser humano existe ESE instante en el que nos agarramos la cabeza con las manos y cerrando los ojos decimos en voz alta: «¿Por qué, por qué tuve que enamorarme de vos?».
El gran problema de esta cuestión es que la respuesta no llega ni lenta ni rápidamente, sencillamente no llega.