Todo es hasta donde llegan mis ojos.
Tu imagen, tu andar, tu mirada atravesando la mía esperando el momento final.
Todo es hasta donde llega mi boca.
Tus besos, tu lengua, tus labios, tu piel limpia y tu aliento mezclándose con el mío.
Todo es hasta donde llegan mis oídos.
Tu voz pronunciando mi nombre a solas en una noche de tormenta.
Todo es hasta donde llegan mis manos.
Las tuyas intentando entrecruzarse con las mías para escapar juntos y lejos.
Todo es hasta donde los dos querramos, ni un amanecer antes ni uno después.
Pensando en voz alta
Tobogan y espiral
Así se dibujan las emociones en nosotros, esos son los efectos que causan.
Nos elevan y nos sueltan la mano mientras caemos suave pero vertiginosamente.
Podemos caer sintiendo que nos acaricia el aire o nos desgarra la carne
aquellos alambres de púa que en el trayecto no pudimos evitar.
Y al llegar al suelo agradeceremos o nos limpiaremos la sangre, seguiremos respirando rítmicamente o contemplaremos las cicatrices y les pondremos un nombre propio, el que nunca imaginamos que llevarían.
Permisos
A veces hay que permitir que las emociones nos atraviesen de lado a lado sin medir las consecuencias. No es fácil volverse dócil cuando sabemos que un sentimiento nos está tomando por asalto y no tenemos modo de detenerlo porque en realidad no queremos hacerlo. Tampoco es simple frenarnos cuando aparece alguien en nuestra vida que arrasa con todo lo conocido y nos regala un mundo nuevo, nos despierta de un letargo que parecía eterno e infranqueable.
Hay que aprender a sonreír porque sí, aún cuando estemos rodeados de personas que no entiendan por qué lo hacemos y aprender a mandar besos con mensajes en clave a la persona indicada.