Muchas preguntas, pocas respuestas.

¿Dónde está escrito quién tiene la medida justa para el prójimo?

¿Desde cuándo una persona le queda grande o chica a otra?

¿Por qué tiene que haber un parámetro de superioridad o inferioridad entre dos seres humanos?

¿Qué es ser «demasiada mujer»?

¿Por qué un hombre puede sentirse «intimidado» por una mujer?

¿Acaso hay que dejar de ser auténtico para que el otro no huya o sienta que no puede con quién tiene a su lado?

¿Cuál es el afán del ser humano por complicar un sentimiento tan íntegro y noble como el amor?

Un mes

Ese es el tiempo exacto que falta para regresar a Caleta.

En este momento estoy sentada en un Starbucks (como siempre, mi refugio capitalino) y pienso en todo lo que pasó ayer por mi cabeza durante el día.

Siento una distancia enorme de su parte y tengo la plena convicción de que en su interior algo cambió en relación a mí y no precisamente para bien.

Lo noto frío, lejano, al final de sus mensajes ya no se despide como siempre y creo que el viaje a NYC tiene mucho que ver con su actitud.

Por mi parte actúo en consecuencia. Fiel a mi costumbre de no molestarlo, me alejo en todo sentido.

No lo llamo ni le escribo y si por algún motivo nos comunicamos, trato de ser lo más impersonal que puedo.

Me encantaría saber algo de su vida pero es tan hermético que siempre responde que las cosas están bien y él se encuentra trabajando  (o haciendo que trabaja, su chiste habitual).

Francamente para recibir esa respuesta mejor no preguntar nada y cada cual a lo suyo.

Ayer, entre tantos pensamientos que se cruzaron en mi cabeza, apareció el de que como ya no nos unía la adrenalina de ningún proyecto en común se le habían terminado las razones para saber de mí y eso dolió mucho.

Aparte del dolor también apareció la pregunta de «Bueno, y ahora qué vas a hacer cuando estés allá, qué vas a decidir?» y todo me empuja al mismo lugar: al final y dudo mucho que esta vez él me retenga.

Honestidad brutal

Haciendo un examen profundo de consciencia, he llegado a la conclusión de que me merezco el mejor monumento a la boluda que cualquier escultor haya hecho o pueda hacer.

Lo peor de todo es que yo sola me cuelgo ese San Benito dado que lo que me ocurre es sencillamente porque no salgo a tiempo de los lugares en donde corro peligro.

Es preciso que haga buena letra, me ponga firme, fría, calculadora y me despoje de cualquier sentimentalismo para patear el tablero.

Marzo…. falta poco. Me verás llegar.

Trompo mental

La lucha que tengo entre el deber y el ser, me está liquidando.

Yo sé de memoria que el ❤ es un músculo que sólo bombea sangre al resto del cuerpo y carece de la capacidad de sentir, que todo lo maneja el cerebro pero hay días en los que la leyenda tradicional me gana y divido las aguas: manda el cerebro, siente el corazón.

Sea como fuere, sé lo que DEBO hacer pero NO QUIERO hacerlo y así voy por la vida, enojada y peleada conmigo sin poder resolver nada aunque permanezca diez horas debajo de la ducha buscando una salida a este laberinto.

En todo lo que tiene que ver con él, mi voluntad es relativa y frágil. Es verlo y dudar para terminar como siempre: cediendo porque si no está me falta el aire y si no veo su sonrisa no hay modo de arrancar el día.

Pero después pienso en sus deseos, en sus proyectos personales, en su realidad y ahí TODO se desmorona y mi mente me grita que me vaya YA MISMO de su vida.

Algo me dice que dentro suyo las cosas cambiaron y tal vez yo ya no ocupe el lugar que ocupaba antes por lo cual posiblemente sea él quién se despida de mí primero.

Dentro de toda esta maraña de dudas, lo único que me queda claro es que aún yéndome de su lado voy a seguir queriéndolo como solamente yo sé quererlo.

Pequeñas pruebas (II)

Recién termino de ver «Lion» y más allá de gustarme o no la pelicula en sí misma, comprendí que me dejó algo que siempre sospeché y sostuve a lo largo de los años.

Llevar a la persona con la que compartís tu vida a la tierra donde naciste, al lugar que te vió crecer, es una de las pruebas más grandes de amor que pueda existir.

Starbucks: asilo post terapia

Tenia ganas de estar sola antes de volver al depto, por más que allí también lo estoy esto es diferente.

Venir a Starbucks de alguna manera me serena,.no sé bien por qué.

Pensar que hasta el domingo hoy la sesión iba a pertenecerle a él y después de lo sucedido el lunes, todo se puso patas arriba.

Terminé de fragmentar lo que estaba atado con un hilo muy delgado, le pateé el nido a la Reina Madre y eso me va a costar el aislamiento absoluto, casi el destierro de la hermandad pero lo cierto es que no me importa en.lo más mínimo.

Mientras mi vínculo con las chicas se mantenga, todo lo demás no me interesa.

Hace años que «dejé de pertenecer» a la cofradía, tal vez por eso me joda tanto que me reclamen cosas o se arroguen derechos que no tienen.

Si me consideraban la oveja negra de la familia, listo! el lunes se los confirmé.

Por mí se pueden ir bien a la mierda pero ni un solo reclamo más pasará por debajo de.mi puerta.

Es hora de que yo también me preserve y construya una fortaleza de titanio a mi alrededor porque se vienen tiempos complicados, tiempos para tomar decisiones y no necesito ruidos innecesarios que me distraigan.

Cuando (mitad en serio, mitad en broma) digo que soy sola, no dejo de plantear una realidad.

Sin ir más lejos, ¿quién me acompaña en este momento sentado a mi lado en Starbucks? Nadie, excepto mis circunstancias.

Me sobra carácter para enfrentar lo que venga y como dice el tatuaje de mi antebrazo derecho: » I faced it all and I stood tall and I did it my way».

Pequeñas pruebas

Un destello casi imperceptible en los ojos.
El corazón que se escapa por la boca.
Respirar al mismo ritmo.
Un silencio que no es necesario interrumpir.
No temerle al borde del abismo.
Perder la cuenta de los amaneceres.
Sonreír porque sí.
Recordar frases que parecían absolutamente olvidables.

Esto es así… despacito.