





En la vida de todo ser humano existe ESE instante en el que nos agarramos la cabeza con las manos y cerrando los ojos decimos en voz alta: «¿Por qué, por qué tuve que enamorarme de vos?».
El gran problema de esta cuestión es que la respuesta no llega ni lenta ni rápidamente, sencillamente no llega.
Estoy mirando vídeos que me mandó Julián de Canadá, de su cachorrita Lola, vídeos que grabó Augusto en la playa, frente a Caleta, cuando se veía una tormenta tremenda sobre el mar y de pronto sentí una mezcla extrañisima de tristeza con ansiedad.
A una semana de irme, tengo la sensación de que los días pasan en cámara lenta y yo ya estoy al borde de la asfixia.
Necesito despertarme y dormirme con el sonido del mar.
De pronto, de la nada, cruzó por mi mente mi imagen preparándote un omelette de jamón y queso y tuve tantas ganas de verte que me sorprendí.
Miro la habitación, la cocina y el baño del departamento y lo primero que viene a mi mente es que mi estado civil es CAOTICO.
Ropa desparramada por todos lados, el tender con ropa húmeda dentro de la cocina porque llueve, cinco valijas en el medio de la habitación esperando que me decida a juntar todo en una o a tirarlas a todas por la ventana, libros de francés repartidos arriba de la cama como si fueran parte de un mazo de cartas y una heladera repleta de botellas de agua pero carente de comida.
Todo esto habla de lo que es mi mente.
NO PUEDO MAS.
Justo cuando creo que voy a ahogarme, apareces vos y disfrazado de salvavidas, me rescatas.
¿Cómo no amarte?
Cuando alguien me dice algo que me duele, humilla, lastima o hace que me sienta demasiado tonta, automáticamente me repliego, cierro la boca, me alejo y si por casualidad llegara a acercarme porque elegí la vereda equivocada, soy un témpano.
Pues lo hicieron. Entre jueves y viernes lo lograron por lo tanto ahora que nadie se asombre si pasan por mi lado y sólo sienten una ráfaga de aire glaciar.
A medida que pasan los días y me suceden diferentes cosas, más ganas tengo de ir a AA, sacar un pasaje e irme de viaje sola.
Sola de toda soledad, caminar por calles al lado de gente absolutamente desconocida, perderme por no tener rumbo ni plan para ir a determinado lugar sí o sí.
Siento que NYC me llama. Me veo caminando por la 5 avenida, por Tribeca, Brooklyn y Chelsea.
Estoy con un nivel de estrés tan alto que hasta me iría a Islandia sin dudarlo.
NO DOY MAS.
Decir, contar, explicar…. todo eso es lo que debo hacer para que otros comprendan.
Todo menos decidir porque ésa es una atribución que no me tomo más.
Fate defeated me.
End of the game