La liebre y la tortuga.

Ellos jugaron a ser liebres y se tiraron a dormir la siesta bajo la sombra del perejil, abriendo de tanto en tanto un ojo como para asegurarse de que la tortuga, pesada y lenta, aún estaba cerca de la línea de largada.

La tortuga, sabiendo de su pesadez y su lentitud,  apostó todas las fichas a su inteligencia.

No apuró el paso ni eligió ningún atajo, simplemente tuvo paciencia.

Así fue como, mientras las liebres roncaban, la tortuga pasaba frente a ellas y alcanzaba la meta en primer lugar.

No siempre el que espera, desespera. 

La barrera del sonido

Todo lo que hasta ayer parecía insuperable, ya es pasado.

Comenzó otro año, no hubo nostalgia por lo que quedó atrás ni tampoco hay incertidumbre por lo que vendrá.

Esto es día a día, como el tratamiento de una adicción.

Hay momentos en que es necesario, casi hasta imprescindible, planear las cosas con anticipación y en otras ocasiones lo mejor es dejar que todo fluya.

Estreno año, sé que debo hacerlo pausadamente y sin riesgos.

Mi mayor nudo de conflicto es el afectivo, es al que mas debo prestarle atención y tratar lo que se presente con más delicadeza.

Para eso deberé poner mi mente en modo frozen y dedicar mi tiempo a otras actividades que me saquen del centro de la escena de esta historia de amor que me habita.

Si logró bajar la ansiedad y aumentar la frialdad, me doy por satisfecha. 

Haga lo que haga, éste es mi año. Lo tomo para ser feliz, realizarme en áreas de mi vida que me resultan curiosamente nuevas, crecer, madurar y seguir acomodando energias que hasta hace poco estaban dispersas a lo largo de mi historia.

Tengo el éxito en mis manos, no es momento para dejarlo escapar.

Y si el viento me devuelve a tus orillas

Se termina el 2017. No pienso hacer un balance del año sencillamente porque tengo en claro que, de un tiempo a esta parte, aprendí que todos han sido los mejores años de mi vida con destellos (pequeños, pero destellos al fin), de los peores.

La diferencia de éste tal vez estė dada en que supo equilibrar los momentos en.los que me abrazó y los que me cacheteó sin piedad. Aún así el saldo sigue siendo EXTREMADAMENTE positivo porque aprendí, crecí, cambié y esas son armas imprescindibles para sentirme viva.

Lo que sí pienso hacer es graficarlo con una foto y dos canciones porque resumen todo lo que viví. 

La foto es ésta y la elegí porque así comenzó nuestro 2017, con esas sonrisas en el rostro y en el alma.

Las canciones son dos. Una fue el emblema de mi primer viaje a Punta del Este donde la magia se hizo presente a cada instante. Lo cantamos, lo bailamos en mi fiesta de cumpleaños y lo escuchamos hasta cuando ya estábamos hartos de escucharlo

https://youtu.be/kJQP7kiw5Fk

Y el segundo es mucho más íntimo, es una sensación que me atraviesa el cuerpo cuando recuerdo toda mi historia con Augusto pero que se manifestó este año con estas palabras y ėsta melodía

https://youtu.be/0U3SkZEBGDY

Seguramente he sido injusta con las elecciones musicales porque nuestras vidas están plagadas de canciones emblemáticas pero prefiero quedarme recostada en esas dos.

Cuesta dejar ir a un año tan potente como el 2017 porque lo voy a añorar y porque me da vértigo el no saber cómo será el 2018 pero para que las cosas sucedan hay que hacer espacio sino no van a poder entrar.

Como digo todos los 31 de Diciembre: «El año que viene va a ser MI año» y esa fórmula hasta ahora no me ha fallado.

Suelto a éste feliz, agradecida, en calma.

Recibo al que viene también con felicidad, con ansias, proyectos, la sangre llena de adrenalina y la mirada de mi niña eterna que siente que todo esta dispuesto para que vaya al encuentro de lo que me espera y lo disfrute.

Gracias destino por haber escrito un año IMPRESIONANTE en mi vida con una caligrafía inmejorable.

Le doy la bienvenida al nuevo año convencida de que  Dios y mi destino tienen reservado para mí lo mejor, ni más ni menos de lo que merezco para continuar creciendo, aprendiendo y transformándome en la mejor versión de mi misma.

2017, te recordaré con muchísimo amor.

2018, te recibo con los brazos abiertos para ser muy feliz de tu mano.

Gracias. Gracias. Gracias.

El año que viene

Estaba pensando en qué será de mí el año que viene y recordé que a fin del 2016 me pregunté lo mismo en relación a éste.

Normalmente tiendo a pensar que el año que viene no será como el que se va y siento cierto temor a que el próximo no me emocione ni conmueve.

Recién, al formularme la pregunta habitual, comprendí que este 2017 fue tan fuerte porque desde el día 1 me propuse dos cosas: que fuera Mi año y no resistirme a nada de lo que pasará.

En otras palabras: flui, me dejé llevar, permití que todo me atravesara de lado a lado aún cuando eso implicará chocar contra las rocas como la rompiente del mar.

Esa parecería ser la fórmula y está en mis planes aplicarla una vez más.

Repaso fotográfico 

Estaba poniendo orden en la galerīa de fotos del celular y aparecieron algunas del inicio de este viaje de tres meses y medio. No pude evitar sentir una nostalgia enorme, sobre todo en aquellas fotos donde se me ve sentada en mi glorieta o en las últimas que saqué en José Ignacio, tres días antes de regresar.

Quien me hubiera dicho a mi que aquel 16 de Abril de 1998 iba a marcar un hito en mi vida al ver el mismo día del estreno, la película «El Faro», filmada en José Ignacio.

Hoy, cada vez que viajo a Uruguay, necesito manejar hasta allí escuchando música, meterme en las callecitas deshabitadas y buscar con la mirada la punta del faro para doblar exactamente en la calle que me lleve hasta su frente, estacionar ahí, apagar la música, quedarme en silencio mirándolo y pedirle que cuide, guíe y proteja a Augusto.

El año que viene se van a cumplir veinte años desde la primera vez que vi la película y recuerdo todo lo que sentí como si la hubiera visto ayer aunque no se me cruzó ni por un instante la posibilidad de que algún día esos sentimientos y esas sensaciones iban a formar un círculo conteniendo dentro de sí el nombre de un hombre: Augusto.

Todo en Uruguay me resignifica, da vida, sentido, fuerza, pasión e inspiración.

Estoy viviendo un momento tan intenso en mi vida que no sospechė que podía llegar a vivir.

Uruguay, José Ignacio, mi glorieta, Augusto, Caleta…. los extraño tanto que duele.

Tomar conciencia

Después de tres meses y medio, retomė terapia.

Obviamente la sesión giró en torno a todo lo vivido en Caleta, casamiento incluido.

Como me sucede luego de cada sesión, necesito quedarme en silencio durante un buen rato y dejar que mi mente ilumine y destaque lo más importante que hablé y pude analizar.

Las conclusiones son muchas pero pueden resumirse en dos o tres y todas requieren de una toma de conciencia profunda de esta realidad que comenzó como una idea MUY loca y parece que terminó siendo una realidad a todas luces.

Ni bien entré al consultorio, Nora no solamente me dijo que estaba mucho más linda sino que tenía el aura muy blanca (yo no sabía que ella podía ver el aura de las personas) y eso hablaba de un cambio interno profundo.

Traté de resumir estos tres meses y medio pero cuando le conté lo del casamiento trató de hacerme entender que todo había cambiado.

Esta historia con Augusto ya tiene otro cariz, otro color y otra relevancia. Me explicó que toda unión ya sea de palabra o escrito en frente de un testigo (un tercero), tenga o no un marco legal o religioso, es energéticamente válido frente al Universo y mucho más si se hace frente al mar.

No importa que en este caso no hubiera un juez legal, cura, rabino u otra autoridad religiosa. Lo único que valió fue que se hizo de mutuo consentimiento y desde el más puro amor, lo que lo convierte en un vínculo ciento por ciento legítimo.

Nora está convencida de que Augusto es quien tiene más claras las cosas y yo soy la que va y viene entre la duda y la certeza por lo tanto tengo mucho que trabajar para saber dónde y cómo plantarme en esta relación.

Me  habló mucho sobre las relaciones , vínculos y personas «funcionales» y el rol que cumplen en la vida del otro pero hizo hincapié en la necesidad que tengo de comprender que DE VERDAD estoy casada por algo mucho más poderoso que una cita en un juzgado o frente a un altar y ese algo es el AMOR que siento por Augusto y creer en el que él siente por mí.

Hay algo que me frena, que me impide sentir esa entrega absoluta y sé perfectamente qué es pero para derribar esa barrera dentro de mí deberé trabajar muchísimo y repetir como un mantra, de manera muy amorosa, que estoy casada con Augusto por amor, por puro amor.

Pequeña reflexión

Cuando se trata de amar, de cualquier situación relacionada con el amor, todo gesto sabe a adolescencia y cuánto más pequeño sea, más grande e invalorable se vuelve.

Aún los más adultos y maduros deberían amar con la fuerza, la irresponsable locura de un adolescente y la ternura de un niño.

El amor es mágico, no le pasa a todos y cuando llega hay que darle la seguridad de que vamos a valorarlo, cuidarlo y protegerlo de la más cruda realidad.