La liebre y la tortuga.

Ellos jugaron a ser liebres y se tiraron a dormir la siesta bajo la sombra del perejil, abriendo de tanto en tanto un ojo como para asegurarse de que la tortuga, pesada y lenta, aún estaba cerca de la línea de largada.

La tortuga, sabiendo de su pesadez y su lentitud,  apostó todas las fichas a su inteligencia.

No apuró el paso ni eligió ningún atajo, simplemente tuvo paciencia.

Así fue como, mientras las liebres roncaban, la tortuga pasaba frente a ellas y alcanzaba la meta en primer lugar.

No siempre el que espera, desespera. 

Arrancamos

Dos de las metas que me propuse para este año están en marcha a partir de hoy.

Queda tener la constancia suficiente para mantenerlas en el tiempo.

Una tiene la primer etapa cumplida a fin de Febrero.

La otra comienza y termina en la primer quincena de Octubre.

A veces me detengo a mirar el desarrollo de mi vida y me asombra la forma en que cambia permanentemente.

La barrera del sonido

Todo lo que hasta ayer parecía insuperable, ya es pasado.

Comenzó otro año, no hubo nostalgia por lo que quedó atrás ni tampoco hay incertidumbre por lo que vendrá.

Esto es día a día, como el tratamiento de una adicción.

Hay momentos en que es necesario, casi hasta imprescindible, planear las cosas con anticipación y en otras ocasiones lo mejor es dejar que todo fluya.

Estreno año, sé que debo hacerlo pausadamente y sin riesgos.

Mi mayor nudo de conflicto es el afectivo, es al que mas debo prestarle atención y tratar lo que se presente con más delicadeza.

Para eso deberé poner mi mente en modo frozen y dedicar mi tiempo a otras actividades que me saquen del centro de la escena de esta historia de amor que me habita.

Si logró bajar la ansiedad y aumentar la frialdad, me doy por satisfecha. 

Haga lo que haga, éste es mi año. Lo tomo para ser feliz, realizarme en áreas de mi vida que me resultan curiosamente nuevas, crecer, madurar y seguir acomodando energias que hasta hace poco estaban dispersas a lo largo de mi historia.

Tengo el éxito en mis manos, no es momento para dejarlo escapar.

Y si el viento me devuelve a tus orillas

Se termina el 2017. No pienso hacer un balance del año sencillamente porque tengo en claro que, de un tiempo a esta parte, aprendí que todos han sido los mejores años de mi vida con destellos (pequeños, pero destellos al fin), de los peores.

La diferencia de éste tal vez estė dada en que supo equilibrar los momentos en.los que me abrazó y los que me cacheteó sin piedad. Aún así el saldo sigue siendo EXTREMADAMENTE positivo porque aprendí, crecí, cambié y esas son armas imprescindibles para sentirme viva.

Lo que sí pienso hacer es graficarlo con una foto y dos canciones porque resumen todo lo que viví. 

La foto es ésta y la elegí porque así comenzó nuestro 2017, con esas sonrisas en el rostro y en el alma.

Las canciones son dos. Una fue el emblema de mi primer viaje a Punta del Este donde la magia se hizo presente a cada instante. Lo cantamos, lo bailamos en mi fiesta de cumpleaños y lo escuchamos hasta cuando ya estábamos hartos de escucharlo

https://youtu.be/kJQP7kiw5Fk

Y el segundo es mucho más íntimo, es una sensación que me atraviesa el cuerpo cuando recuerdo toda mi historia con Augusto pero que se manifestó este año con estas palabras y ėsta melodía

https://youtu.be/0U3SkZEBGDY

Seguramente he sido injusta con las elecciones musicales porque nuestras vidas están plagadas de canciones emblemáticas pero prefiero quedarme recostada en esas dos.

Cuesta dejar ir a un año tan potente como el 2017 porque lo voy a añorar y porque me da vértigo el no saber cómo será el 2018 pero para que las cosas sucedan hay que hacer espacio sino no van a poder entrar.

Como digo todos los 31 de Diciembre: «El año que viene va a ser MI año» y esa fórmula hasta ahora no me ha fallado.

Suelto a éste feliz, agradecida, en calma.

Recibo al que viene también con felicidad, con ansias, proyectos, la sangre llena de adrenalina y la mirada de mi niña eterna que siente que todo esta dispuesto para que vaya al encuentro de lo que me espera y lo disfrute.

Gracias destino por haber escrito un año IMPRESIONANTE en mi vida con una caligrafía inmejorable.

Le doy la bienvenida al nuevo año convencida de que  Dios y mi destino tienen reservado para mí lo mejor, ni más ni menos de lo que merezco para continuar creciendo, aprendiendo y transformándome en la mejor versión de mi misma.

2017, te recordaré con muchísimo amor.

2018, te recibo con los brazos abiertos para ser muy feliz de tu mano.

Gracias. Gracias. Gracias.