Se termina el 2017. No pienso hacer un balance del año sencillamente porque tengo en claro que, de un tiempo a esta parte, aprendí que todos han sido los mejores años de mi vida con destellos (pequeños, pero destellos al fin), de los peores.
La diferencia de éste tal vez estė dada en que supo equilibrar los momentos en.los que me abrazó y los que me cacheteó sin piedad. Aún así el saldo sigue siendo EXTREMADAMENTE positivo porque aprendí, crecí, cambié y esas son armas imprescindibles para sentirme viva.
Lo que sí pienso hacer es graficarlo con una foto y dos canciones porque resumen todo lo que viví.
La foto es ésta y la elegí porque así comenzó nuestro 2017, con esas sonrisas en el rostro y en el alma.
Las canciones son dos. Una fue el emblema de mi primer viaje a Punta del Este donde la magia se hizo presente a cada instante. Lo cantamos, lo bailamos en mi fiesta de cumpleaños y lo escuchamos hasta cuando ya estábamos hartos de escucharlo
Y el segundo es mucho más íntimo, es una sensación que me atraviesa el cuerpo cuando recuerdo toda mi historia con Augusto pero que se manifestó este año con estas palabras y ėsta melodía
Seguramente he sido injusta con las elecciones musicales porque nuestras vidas están plagadas de canciones emblemáticas pero prefiero quedarme recostada en esas dos.
Cuesta dejar ir a un año tan potente como el 2017 porque lo voy a añorar y porque me da vértigo el no saber cómo será el 2018 pero para que las cosas sucedan hay que hacer espacio sino no van a poder entrar.
Como digo todos los 31 de Diciembre: «El año que viene va a ser MI año» y esa fórmula hasta ahora no me ha fallado.
Suelto a éste feliz, agradecida, en calma.
Recibo al que viene también con felicidad, con ansias, proyectos, la sangre llena de adrenalina y la mirada de mi niña eterna que siente que todo esta dispuesto para que vaya al encuentro de lo que me espera y lo disfrute.
Gracias destino por haber escrito un año IMPRESIONANTE en mi vida con una caligrafía inmejorable.
Le doy la bienvenida al nuevo año convencida de que Dios y mi destino tienen reservado para mí lo mejor, ni más ni menos de lo que merezco para continuar creciendo, aprendiendo y transformándome en la mejor versión de mi misma.
2017, te recordaré con muchísimo amor.
2018, te recibo con los brazos abiertos para ser muy feliz de tu mano.
Gracias. Gracias. Gracias.
