Perdí la cuenta, ya no sé cuántas veces he ido como tampoco sé cuántas más iré pero la realidad es que en cuanto comienzo a descender hacia el mirador panorámico de Casapueblo y veo cómo se recorta su silueta entre el cielo y el mar, siento que todo me llama, todo me atrae cada vez más para quedarme aquí.
Voy sola, acompañada y siempre me sucede lo mismo. Se me pone la piel de gallina, no me alcanza la mirada para abarcar todo el paisaje y sentir que termino satisfecha.
Cada rincón de esta ciudad tiene algo que me gusta y me seduce, todo me sorprende aunque lo vea todos los días y lo conozca desde hace 31 años.
Ojalá en las páginas del libro de mi vida esté escrito que moriré feliz aquí, a los 97 años, frente al mar y de la mano de un hombre que me ame.
