Ayer por la noche hubiera mandado a todo el mundo a la reputísima madre que lo parió y lo digo de manera absolutamente literal.
Menos mal que no me crucé con nadie ni personal ni telefónicamente porque sino hubiera logrado el objetivo y seguramente con quien menos tenía que ver con mi enojo.
Es increíble pero esta ciudad me sumerge en estados anímicos insoportables, detesto la vida que llevo acá, saca de mí lo peor.