Somos

Somos un montón de cosas que, como pasa muy a menudo, se entremezclan tanto que se convierten en algo indefinido.

Somos lo que no sabemos, lo que sentimos y adivinamos.

Lo que queremos, soñamos, buscamos y muchas veces ni siquiera encontramos.

Lo que podemos, lo que nos dejan, lo que nos animamos a ser después de vencer miedos y prejuicios que ni a nosotros mismos nos confesamos.

Somos lo que imaginamos que seríamos desde el día en que nos miramos a los ojos por primera vez y lo que la realidad al fin nos dejó ser.

Una proyección en la pared, una sombra negra que se proyecta sobre una tela blanca que cuelga suspendida de dos pequeños lazos y el viento mueve a su antojo.

El yin y el yang, la luna llena y el reflejo de su luz sobre el mar, el silencio de todos nuestros sonidos al reírnos y al callar.

Somos lo que estamos construyendo sin planos, lo que el instinto nos grita desde adentro, lo que nos demostramos pero con miedo a ir por más.

Dos planetas a punto de explotar, un montón de piedras que se dejan acariciar por el manso discurrir del río, un volcán que amenaza permanentemente con entrar en erupción.

Somos el agua que extingue al fuego pero que sin él no podría entrar en ebullición.

Somos libres y sin embargo hay días en los que estamos presos por nuestra propia libertad.

Nos lastimamos para poder curarnos las heridas mutuamente, somos nuestros verdugos y al mismo tiempo los únicos que nos salvamos de la condena que nos impusimos.

La vida y la muerte. Eros y Tánatos. El aire y el encierro.

Somos nuestra propia invención del amor.

Algo extraño

Me está pasando algo raro con el tema de la vivienda que antes no me sucedía… bah, que nunca me sucedió.

Creo que a partir de tener la responsabilidad de reformar y cuidar Caleta comprendí lo importante que era tener un techo propio pero lo extraño es que ya lo tenía aquí en Buenos Aires y sin embargo no me había despertado esta sensación

Ahora, sabiendo que tal vez Caleta un día no sea mi techo definitivo, me encuentro pensando en buscar y encontrar un espacio que tenga mi impronta, mucho más de lo que ya la tiene Caleta.

No dudo, mi tierra es Uruguay, la elegí, la amo, soy feliz despertando y durmiendo allí y por eso mismo es que sueño con encontrar cuatro paredes que sean 100% mías y armarla a mi manera, como he hecho todo en mi vida hasta hoy.

Todas las calles se parecen

Con sol, sin sol, diluviando o a pura humedad, son todas iguales aún cuando creo que por alguna de ellas caminas.

Ya sé, es imposible y mucho más acá pero ¿qué querės que haga?, no lo puedo evitar.

Si camino con la cabeza gacha y me concentro en las baldosas quebradas, a veces levanto los ojos solamente porque siento un aroma que me trae tu mirada.

Si miro hacia adelante porque me gusta observar los árboles que hay, un sonido que viene desde atrás me obliga a girar la cabeza creyendo que vas a cruzar la calle y me vas a abrazar.

Nada de todo eso sucede, salvo que todas las calles se parecen, son idénticas unas a otras, sencillamente porque no estás.

No sé por qué

Será el día gris o simplemente mi ciclotimia pero de pronto me sentí triste.

En cinco días viajo por primera vez a Europa y hay algo que no termina de cerrar.

Tendría que estar exultante pero hoy se ve que no es el día para que aflore ese sentimiento.

Tal vez esto que me pasa tenga que ver con que en realidad quisiera estar en Caleta, sabiendo que en cualquier momento podría salir rumbo a cualquier parte acompañada por Pandora o porque no llego a la fecha señalada como quisiera.

Posiblemente mañana me despierte con otro ánimo pero ahora esto es lo que hay.

Grabado a fuego

Este momento va a quedar grabado en mi mente y en mi corazón para toda la vida.

Recuerdo que mientras esta maravilla se desarrollaba frente a mi, entré en una especie de trance del que me costó salir.

Todo lo que había a mi alrededor se esfumó, sólo quedó la música que sonaba en Pandora, el paisaje, el sonido de mi corazón que parecía que iba a estallar y yo.

Y mientras todo eso sucedía, solamente podía sentir que no iba a encontrar otro lugar en el mundo en el que pudiera ser TAN feliz.

Amo Punta del Este con cada gota de mi sangre y con todo mi aliento.

Gracias Dios mío por bendecirme así.

Recursos naturales

El instinto de supervivencia es maravilloso.

Hacer terapia, también.

Evidentemente aprendí a partir de mi terapia, a dejarme llevar por el instinto de supervivencia y encontrar recursos naturales para pilotear tormentas.

Hoy me vi envuelta en un temporal que pareció llevarme puesta en dos horas y me sostuve de pie solamente recordando instantes de plena felicidad.

Como si de magia se hubiera tratado, en pocos minutos sentí que podía volver a estar en eje y me encontré riendo a carcajadas por algo que me contaron.

Alguien a quien quiero mucho, hace pocos dias me dijo que soy una resciliente y al principio pensé que exageraba pero ahora puedo decir que él tenía razón y para ser más franca, estoy orgullosísima de serlo.