El mar

Se puede extrañar a un ser humano, a la familia, a un amor, a un recuerdo o lugar donde se fue feliz pero después de 10 días, lo único que entristece mi alma y hace que mis ojos se carguen de lluvia es todo lo que extraño el mar.

Acostarme sin su sonido, despertarme sin ver sus colores al amanecer, que me falte sentarme a verlo furioso cuando hay sudestada es algo que no puedo superar.

Mirar por la ventana de este departamento y que mis ojos se topen con un montón de ladrillos de dos edificaciones frente a la mía, me resulta doloroso y no puedo evitar llorar y llorar.

Me duele su ausencia, la falta de su aroma, la manera que tiene de arrullarme sin saberlo, como cambia de color en segundos… me duele el mar en la piel y en el alma.

Día tras día

No hay mejor remedio para el alma, para el espíritu, que el tiempo.

Y pensando de esta manera llegó el día en que puse el amor que le tenía en un cofre pequeño, lo cerré y tiré la llave al mar.

Por las dudas esperé pensando que tal vez las olas lo trajeran nuevamente a mi lado pero como eso no sucedió, dí media vuelta, subí por el médano hacia la calle, crucé la rambla, llegué a casa y la vida comenzó a girar una vez más.

Farsantes

«Si no sobrevive, no es amor»

Eso le decía Guillermo Graziani a Pedro Beggio en la tira de Pol-ka.

Cuando la vi por primera vez pensé que esas palabras no eran ciertas y hoy comprendo que si, que era verdad.

Lo que sentía no sobrevivió a la incertidumbre, a las heridas, a la rutina, a la oscuridad, a la falta de identidad.

Lo que sentía se vació de contenido y así comprendí que no fue amor.