Es la hora

Llega este momento del día y espero entrar en la ducha mientras escucho música, quedarme un rato largo lavándome el cabello y pensando qué me voy a poner.

Salir,tirarme en la cama a ver tele, a la hora sacarme la toalla que dejé en mi cabeza, permitir que mis rulos se formen, se sequen solos y esperar a que alrededor de las 22:30 llegue un mensaje diciendo: «Me baño y subo».

Calcular 45 minutos más para recibir otro que diga «Me abre», correr el cerrojo, girar la llave en la cerradura, dejar pasar a Augusto y comenzar a ser la mujer más feliz de todo el Universo desde que nos abrazamos hasta que se va al amanecer.

Extrañar y necesitar tanto a alguien debería ser un pecado mortal. 

Repaso fotográfico 

Estaba poniendo orden en la galerīa de fotos del celular y aparecieron algunas del inicio de este viaje de tres meses y medio. No pude evitar sentir una nostalgia enorme, sobre todo en aquellas fotos donde se me ve sentada en mi glorieta o en las últimas que saqué en José Ignacio, tres días antes de regresar.

Quien me hubiera dicho a mi que aquel 16 de Abril de 1998 iba a marcar un hito en mi vida al ver el mismo día del estreno, la película «El Faro», filmada en José Ignacio.

Hoy, cada vez que viajo a Uruguay, necesito manejar hasta allí escuchando música, meterme en las callecitas deshabitadas y buscar con la mirada la punta del faro para doblar exactamente en la calle que me lleve hasta su frente, estacionar ahí, apagar la música, quedarme en silencio mirándolo y pedirle que cuide, guíe y proteja a Augusto.

El año que viene se van a cumplir veinte años desde la primera vez que vi la película y recuerdo todo lo que sentí como si la hubiera visto ayer aunque no se me cruzó ni por un instante la posibilidad de que algún día esos sentimientos y esas sensaciones iban a formar un círculo conteniendo dentro de sí el nombre de un hombre: Augusto.

Todo en Uruguay me resignifica, da vida, sentido, fuerza, pasión e inspiración.

Estoy viviendo un momento tan intenso en mi vida que no sospechė que podía llegar a vivir.

Uruguay, José Ignacio, mi glorieta, Augusto, Caleta…. los extraño tanto que duele.

Familyless

Francamente algunos miembros de mí familia paterna son una verdadera mierda. 

Lo mejor que puedo desearles es que recuerden que la vida es una sola, debe ser vivida sin ser hipócritas, que NADIE tiene la frente tan alta ni tan limpia como para tirar la primera piedra y que antes de juzgar a otro se miren al espejo a ver si reconocen la imagen que les devuelve versus la que ellos venden a los demás.

Que Dios los ayude.