Hoy aprendí algo nuevo.
Todos los seres humanos estamos rodeados de una burbuja proxėmica y eso, si bien no se ve, nos delimita y protege frente a terceros.
Bueno, mi burbuja proxėmica es extremadamente pequeña y no pienso cambiarle el tamaño.
Hoy aprendí algo nuevo.
Todos los seres humanos estamos rodeados de una burbuja proxėmica y eso, si bien no se ve, nos delimita y protege frente a terceros.
Bueno, mi burbuja proxėmica es extremadamente pequeña y no pienso cambiarle el tamaño.
«Bendigo la suerte de haber decidido correr el riesgo de vivir»
A veces miro tus fotos y trato de que el dolor no me venza pero no lo logro. Ahora mismo te miro y no puedo creer que te tuve desde tan pequeñito, te vi crecer, te alimenté, aprendí a entenderte a través de tu mirada infinita y amorosa, mi vida giró alrededor de la tuya, sufría si te enfermabas y eras lo mejor, lo más lindo e importante que tuve jamás.
Estoy a diez días de revivir uno de los más tristes y dolorosos que me tocó pasar. Llevo viviendo tres años sin vos y no me acostumbro, me haces falta, te necesito porque me olvidé de qué se trataba eso de ser mejor persona.
Te fuiste al cielito de los perros y me dejaste sola en un mundo de humanos en el que nadie me mira como vos.
Te extraño y no sé cómo resolver esta ausencia que me lastima como aquél lunes en el que me vi obligada a dejarte ir para que no sufrieras ni un segundo.
Te voy a amar eternamente.
Volvió a mi esa sensación de tener que alejarme de vos pero no para salvarte sino para preservarme porque cada día que pasa siento que significo menos en tu vida.
Cuando las mujeres nos enamoramos nos convertimos en unas auténticas pelotudas insignes.
Resignamos tiempo y espacios, miramos para otro lado y damos el 350% de todo lo que tenemos, hasta las llaves de nuestra casa.
De pronto, en el medio de la nada, comprendemos que tenemos dos alternativas: aflojar con la intensidad o terminar con todo.
Es una frase pequeña, dolorosa, sencilla y directa.
Conlleva un 50% de sufrimiento y otro tanto de honestidad.
¿Quién se animará a decirla primero?
Ah, buehhhhh
Y después te preguntás por qué no te llamo cuando me sucede algo acá.
La respuesta es simple: porque no vas a estar.
Hoy te necesité y no estuviste ni vas a estar.
No quiero volver a escuchar el famoso «¿Por qué no me llamaste?», no vale, no sirve y además sigue clavando el cuchillo en la herida, esa que me expone como tu segunda opción.
Olvídate, por esa no paso más.