De todo un poco

Se acerca la fecha de partida y comienzo a sentir un nudo en el estómago que crece segundo a segundo.

Pienso en lo que será mi partida y lloro. Lo mismo me sucede si punto en.lo que será mi arribo a la casa nueva, a mi primera noche dola, mi primer amanecer sola y así con todo lo que sea por primera vez.

Casa propia… quien diría, no?

Los que saben esta historia, me dicen que solamente piense en todo lo bueno y nuevo que va a venir y no niego nada de todo eso pero adicionalmente pienso en la inmensa incertidumbre que eso me provoca.

Se cierra una etapa de 36 añis yendo y viniendo, empacando y desempacando ilusiones, recuerdos, lágrimas y carcajadas.

Es una vida gigante y esa sensación de que aquí solamente podían sucederme cosas buenas y bonitas.

Es tanto el apego que tengo con esa vida vivida que estoy recordando momentos y situaciones que viví fuera de este ámbito, cosas que me revuelca el alma y me traen aquella imagen de la que supe ser.

Esto que me pasa por estos días solamente es comparable a lo que sentí aquel 9 de Septiembre del 2000, cuando agarré mi mochila, subí al negrito (que era muy bebé) en una canasta y en medio de un diluvio universal partí hacia un departamento nuevo, en blanco, sin historia alguna rn el que viví por espacio de veinte años.

Otra vez cambio de casa, de nuevo…