A strange woman walking on Mars?

Puede ser perfectamente posible porque así me siento desde ayer, como una mujer extraña caminando sobre la superficie de Marte.

En algún momento de este último mes me perdí inexorablemente, siento que no soy la misma que era hasta hace un tiempo atrás y lo que veo cuando cierro los ojos y apoyo la cabeza en la almohada no me gusta para nada.

No sé cómo llegué a Marte aunque sí sé por qué llegué hasta allí y por momentos me siento una completa idiota.

He amagado con cortar lazos mil veces y no por una simple «amenaza» sino porque lo creía necesario de verdad pero nunca pude, no tuve voluntad, fuerzas, ganas… qué se yo! pero ahora siento que puedo porque lo que vivo está inmerso en una burbuja y no me lleva a ninguna parte.

Tengo una mezcla de sensaciones enorme dentro de mí… decepción, pena, cansancio, hastío, verguenza de mí misma, rabia, frustración y para llevar todo esto dentro de mí prefiero arrasar con todo y empezar de cero como hago casi a diario con otras cosas de mi vida.

Mientras tanto seguiré siendo una imagen indefinida caminando sobre una superficie extraña.

Silencio

El silencio en el que me he sumido desde que no estás es tan grande que me aturde.

Paso muchas horas sin hablar con alguien, siento que tengo los labios sellados, te extraño pero al mismo tiempo te escucho o te veo dando vueltas por la habitación todo el tiempo.

Tengo miedo de no haber hecho las cosas bien, de haberme apresurado, equivocado.

Extraño tu mirada, tus ojitos que me hablaban todo el tiempo, acariciarte y morirme de orgullo cuando tu pelo color azabache brillaba bajo el sol.

Tengo un dolor sordo que me quema el alma, no me alivia ni una de todas las lágrimas que derramo pensando en vos.

Te llevaste tanto, fuiste tanto para mí y el vacío que quedó es tan grande que no sé cómo llenarlo.

Me duele tanto el alma que creo que por algún lado debe estar sangrando irremediablemente.

Loop

Supongo que no puedo dejar de verlo porque me atrapa y me seduce la manera en que él la mira.

Termina y vuelvo a darle play y así puedo estar horas. Sobre todo cuando ambos cantan: «Are you somewhere feeling lonely or is someone loving you».

Vulnerabilidad

Es uno de esos estados del ser humano que no me sienta especialmente bien.
Me siento absolutamente expuesta, como si algo o alguien me hubiera arrancado la piel a dentelladas y mo tuviera cómo cubrirme de las inclemencias del tiempo.
Asi estoy desde hace una semana, absolutamente vulnerable y con las emociones a la deriva como los barquitos de papel abandonado en un lago.
Ahora que lo pienso estamos en el mes de Julio, hemos pasado el primer semestre del año y se cumple una vez más mi profecía de vida: estoy cambiando la piel tal y como hacen las serpientes.
En estos seis meses me han pasado cosas muy fuertes, cosas que sacudieron mis cimientos de una manera brutal dejándome parada en el medio de la nada y redescubriendo una vez más la vida en general y la mía en particular
Estoy a punto de dar un paso enorme y tengo miedo de equivocarme. Tener miedo es una de esas cosas que aparecieron en mí en estos últimos meses y nunca había sido miedosa asi que tuve que enfrentarme también con eso.
Todo esto hace que solamente pueda llorar desde que me levanto hasta que me acuesto y casi nadie lo sabe ni lo sospecha, solamente una amiga conoce mi día a día y si no lo cuento a nadie más es porque me hunde más aun en el ruido de todas las voces que seguramente de buena fe quieran aconsejarme.
Parecer fuerte y autosuficiente es agotador pero si no tengo esa contención que necesito no puedo darme el lujo de derrumbarme y si hablo de contención pienso en él pero no puedo seguir cargándole todo este paquete, tengo que liberarlo, soltarlo, dejarlo ser el hombre que es y no el super héroe que siempre está ahí para salvarme con sus abrazos.
No existe una sola noche en la que no me acueste pensando en este paso que voy a dar sin sentir que se me va a romper el corazón de pena pero no puedo ser injusta ni egoista.
Estar vulnerable no me sienta bien. Mis ojos se aclaran por las lágrimas, el silencio sella mis labios y mis manos se entumecen de tanto apretarlas cuando me siento angustiada o estrujo un pañuelo de papel empapado en llanto.
Voy en busca del mar y alli tal vez logre equilibrarme o terminar de caer.
Cualquiera sea el resultado espero poder regresar más fuerte de lo que me voy aunque el golpe de la caida sea mortal y parezca no poder recuperarme nunca más.

Refugio

Es casi matemático: cuando sentimos que estamos en peligro, tengamos la edad que tengamos, buscamos un refugio, el que se encuentre más a mano y si no es un lugar físico (casa, auto, puente) corremos hacia el espiritual.

Yo tengo uno que seguramente me envió mi madre desde el cielo.

Mi refugio tiene nombre de varón y la vida quiso que lo conociera hace ya más de dos años, que lo viera cada tres o cuatro meses y significara la pérdida del miedo a pasarme algo solamente con un abrazo.

La primera vez que me dió un abrazo de bienvenida sentí algo que no había sentido jamás y cuando logré poner esa sensación en palabras descubrí que de eso se trataba la seguridad.

Un abrazo suyo representa para mí estar a salvo del mundo, de todos los peligros, miedos, dolores, pérdidas, abandonos. En ese abrazo hay una alquimia extraña que me convierte en una niña que necesita de esa protección y cuando la encuentra se vuelve adulta, segura y valiente y es entonces cuando puedo suspirar aliviada y relajarme porque desde el fondo de mi alma escucho una voz muy suave que me dice que nada me va a pasar.

El es ese techo bajo el cual puedo guarecerme en medio de una tormenta, el espacio pequeño pero infinito de su abrazo me aleja de cualquier vendaval y me avisa que todo va a pasar en cualquier momento.

El es sol cuando sonríe, leña encendida en pleno invierno, viento Sur cuando los problemas empañan la visión y se necesita  despejar el camino. Es compañia a la distancia, el que me baja la luna llena desde el Este cuando mis ojos no alcanzan a verla y el que me abre su corazón de madrugada cuando la vida nos permite contarnos lo más lindo y lo más feo que nos pasó en este mundo.

Es mi hilo rojo o de plata, aquél que no se corta ni siquiera con el filo más agudo. Es mi salvoconducto hacia la paz y la simpleza que en él desborda permanentemente y que a mí tanta falta me hace.

Es la prueba fehaciente de que la libertad puede acomodarse entre sus brazos y mi cabeza sobre su hombro.