Ya no más

No puedo, no se puede ir contra un orden establecido ni contra un amor no correspondido.

Nos queremos mucho pero aún así hay un abismo entre los dos porque yo estoy enamorada de vos y es una autopista de una sola mano.

Toca vivir disfrutando sin exigirle nada más a la vida porque no se puede obligar a nadie a enamorarse de quien no quiere.

Querer decir…

Durante todo el día tuve la sensación de querer decir algo sin saber exactamente qué.

Pensé en todas las posibilidades existentes dentro del abanico de mi realidad actual y ninguna me terminó de cerrar.

Estoy molesta? Si.

Estoy triste? No.

Estoy satisfecha? Tal vez, depende.

Estoy ansiosa? No.

Sé lo que me pasa? Si, por extraño que parezca porque se supone que si sé lo que me pasa debería saber lo que quiero decir y no es exactamente lo que me ocurre.

Es como saber que tengo una piedrita en el zapato y no encontrarla por más que la busque y rebusque.

Tal vez dormir sea la mejor opción y que mañana me despierte sin ganas de hablar o con la piedrita en la mano.

Siempre, nunca, jamás

Tres palabras que, según mi parecer, no deben pronunciarse.

Nada es para siempre, ni siquiera la vida.

No se puede decir que nunca vamos a hacer o decir algo porque la vida nos pone en lugares impensados y nos enfrenta a situaciones que pueden ponernos a prueba y desandar el camino del férreo nunca.

Sucede algo parecido con el jamás. Quién puede decir «De ésta agua no beberé»? Nuevamente el destino puede traicionarnos y rodearnos de tragos amargos que deberemos apurar el paso para salir lo más rápido posible de ellos, aunque traicionemos nuestros propios dogmas.

Como me reconozco y asumo débil, hago esfuerzos denodados para no pronunciar estas tres palabras porque sé que no sería capaz de sostener nada en el tiempo.

Es más, creo que a la que le temo con pavor es al siempre porque me genera un lazo de asfixia imposible de soportar.