El placer de cocinar

Hoy preparé un plato thai impresionante: pollo al curry rojo.

Estrené mortero de mármol, dispuse todos los ingredientes necesarios y comencé a moler despacio una y otra vez la mezcla hasta obtener la pasta de curry casera.

Luego vino el segundo paso, las verduras salteadas en aceite de coco y sésamo y por último añadī el pollo.

Ahora, diez horas después de haberlo terminado, la casa huele a cilantro, lemon grass, echalotes, comino, lima, tandori, pimentón dulce, sal marina, pimienta negra en grano, pimienta de cayena, leche de coco y tomate asado.

Amo esta sensación, la de sentirme envuelta en aromas tan naturales como exóticos y disfrutar de esta alquimia única que nace de la elaboración de un plato especial.

Sin retorno

¡Claaaaaaro!

Explicámela….

Dale a un niño un cucurucho de dulce de leche y pedile que ni siquiera le pase la lengua aunque se le derrita entre sus dedos.

Regalame esta fusta y pedime que detenga las imágenes que me traspasan la mente segundo a segundo y no haga nada de nada.

Me pregunto si soy muy educada, muy idiota y no sé leer las señales o vos me estás llevando al límite para ver si llego a estallar por el aire.

Cualquiera sea el caso, anoche cruzaste una delgada línea divisoria, te pasaste cinco pueblos y subís cada vez más la apuesta.

Cuando llegue el momento NO TE QUEJES.

😊

Mala

Algunas niñas sueñan con ser princesas, reinas, madres, ejecutivas de alto rango, monjas o deportistas.

Hoy sueño con ser MALA aunque sea solamente por 24 horas.

Quiero ser una de esas mujeres sin escrúpulos ni conciencia, manipuladora, perversa y todo en relación a los sentimientos ajenos.

Que no me importe nada de nadie, dejar aunque sea un corazón roto y mil ilusiones destrozadas.

No sabría por dónde empezar pero sé que la satisfacción seria inmensa.

Sexy

Tenés ese plus que dejás salir de a ratitos, ése que te convierte en uno de los hombres más sexies que conocí.

Anoche, por mencionar uno de esos tantos momentos, te vi increíblemente sexy, maléfico, perverso, puro instinto y no podía dejar de mirarte.

Tirado sobre la alfombra, iluminado solamente por el fuego de la chimenea, recostado sobre los almohadones blancos con tus manos entrelazadas detrás de la nuca y con esa sonrisa que me mata (esa que dibuja el sexo en cada rincón de esta casa), eras lo único que quería ver, oír, sentir y oler a mi alrededor.

Te veías desprejuiciado y eso te hacia terriblemente peligroso, adictivo.

Es que se trata de eso, de lo adictivo que podes llegar a ser y de la tremenda conciencia que tenés de eso porque lo manejás como nadie.

Sabés lo que provocás en general pero sobre todo en mi y te divierte tanto como a mi me excita y lo disfruto.

Sos ese abismo al que me da vértigo asomarme pero no puedo dejar de mirarlo de frente, como si supiera que va a llegar el día en que voy a perder el miedo a enfrentarlo.