Pequeños placeres
Ando ganas
De abrazarte.
#simple
Joan Manuel Serrat – Tu nombre me sabe a hierba
Hace tres días que suena y resuena está canción en mi alma.
El primer día que vaya a mi faro, la escucharé en loop hasta ver su figura recortando el cielo esteño.
Dos cosas
1) El placer que siento al regresar a mi departamento después de una reunión con amigos y saber que tengo todo el tiempo para desvestirme, lavarme los dientes, acomodar las almohadas, meterme en la cama y arroparme para dormir , es INCONMENSURABLE.
2) Celebró haber decidido mandar a la mierda tanto respeto y empezar a mandarme bordeando el abismo con el torrente de adrenalina corriendo a full por mis venas.
Me lo merezco
Deseo
Es la hora
Llega este momento del día y espero entrar en la ducha mientras escucho música, quedarme un rato largo lavándome el cabello y pensando qué me voy a poner.
Salir,tirarme en la cama a ver tele, a la hora sacarme la toalla que dejé en mi cabeza, permitir que mis rulos se formen, se sequen solos y esperar a que alrededor de las 22:30 llegue un mensaje diciendo: «Me baño y subo».
Calcular 45 minutos más para recibir otro que diga «Me abre», correr el cerrojo, girar la llave en la cerradura, dejar pasar a Augusto y comenzar a ser la mujer más feliz de todo el Universo desde que nos abrazamos hasta que se va al amanecer.
Extrañar y necesitar tanto a alguien debería ser un pecado mortal.
Rufus Wainwright – Going To A Town
Lo que no daría por estar escuchando está canción, ahora mismo, encerrada en un abrazo con Augusto
We’ll be back
It’s a promise.

Sexy
Tenés ese plus que dejás salir de a ratitos, ése que te convierte en uno de los hombres más sexies que conocí.
Anoche, por mencionar uno de esos tantos momentos, te vi increíblemente sexy, maléfico, perverso, puro instinto y no podía dejar de mirarte.
Tirado sobre la alfombra, iluminado solamente por el fuego de la chimenea, recostado sobre los almohadones blancos con tus manos entrelazadas detrás de la nuca y con esa sonrisa que me mata (esa que dibuja el sexo en cada rincón de esta casa), eras lo único que quería ver, oír, sentir y oler a mi alrededor.
Te veías desprejuiciado y eso te hacia terriblemente peligroso, adictivo.
Es que se trata de eso, de lo adictivo que podes llegar a ser y de la tremenda conciencia que tenés de eso porque lo manejás como nadie.
Sabés lo que provocás en general pero sobre todo en mi y te divierte tanto como a mi me excita y lo disfruto.
Sos ese abismo al que me da vértigo asomarme pero no puedo dejar de mirarlo de frente, como si supiera que va a llegar el día en que voy a perder el miedo a enfrentarlo.


