Dos cosas

1) El placer que siento al regresar a mi departamento después de una reunión con amigos y saber que tengo todo el tiempo para desvestirme, lavarme los dientes, acomodar las almohadas, meterme en la cama y arroparme para dormir , es INCONMENSURABLE. 

2) Celebró haber decidido mandar a la mierda tanto respeto y empezar a mandarme bordeando el abismo con el torrente de adrenalina corriendo a full por mis venas.

Qué ironía 

Pensar que no quería despedirme del año 2016 porque lo sentía tan mío, tan maravilloso y tan lleno de cosas hermosas que el siguiente no podría ni siquiera igualar.

Hoy, casi a dos meses de terminar el 2017, pienso algo parecido. Este ha sido un año glorioso, brutal, cruel, tierno, extremadamente movilizador y hoy por Hoy, incomparable.

Me intriga pensar con qué color de tinta escribiré las hojas del 2018.

Es la hora

Llega este momento del día y espero entrar en la ducha mientras escucho música, quedarme un rato largo lavándome el cabello y pensando qué me voy a poner.

Salir,tirarme en la cama a ver tele, a la hora sacarme la toalla que dejé en mi cabeza, permitir que mis rulos se formen, se sequen solos y esperar a que alrededor de las 22:30 llegue un mensaje diciendo: «Me baño y subo».

Calcular 45 minutos más para recibir otro que diga «Me abre», correr el cerrojo, girar la llave en la cerradura, dejar pasar a Augusto y comenzar a ser la mujer más feliz de todo el Universo desde que nos abrazamos hasta que se va al amanecer.

Extrañar y necesitar tanto a alguien debería ser un pecado mortal. 

Repaso fotográfico 

Estaba poniendo orden en la galerīa de fotos del celular y aparecieron algunas del inicio de este viaje de tres meses y medio. No pude evitar sentir una nostalgia enorme, sobre todo en aquellas fotos donde se me ve sentada en mi glorieta o en las últimas que saqué en José Ignacio, tres días antes de regresar.

Quien me hubiera dicho a mi que aquel 16 de Abril de 1998 iba a marcar un hito en mi vida al ver el mismo día del estreno, la película «El Faro», filmada en José Ignacio.

Hoy, cada vez que viajo a Uruguay, necesito manejar hasta allí escuchando música, meterme en las callecitas deshabitadas y buscar con la mirada la punta del faro para doblar exactamente en la calle que me lleve hasta su frente, estacionar ahí, apagar la música, quedarme en silencio mirándolo y pedirle que cuide, guíe y proteja a Augusto.

El año que viene se van a cumplir veinte años desde la primera vez que vi la película y recuerdo todo lo que sentí como si la hubiera visto ayer aunque no se me cruzó ni por un instante la posibilidad de que algún día esos sentimientos y esas sensaciones iban a formar un círculo conteniendo dentro de sí el nombre de un hombre: Augusto.

Todo en Uruguay me resignifica, da vida, sentido, fuerza, pasión e inspiración.

Estoy viviendo un momento tan intenso en mi vida que no sospechė que podía llegar a vivir.

Uruguay, José Ignacio, mi glorieta, Augusto, Caleta…. los extraño tanto que duele.