Follow my heart

Solamente para poder sacarlo, para que salga de mi cuerpo a través de la yema de mis dedos y flote en el Universo.

Te imagino llegar y sonrío, es inevitable.

Hay una fuerza gigante que me arrastra por el mismo camino una y otra vez.

Y me gusta, me encanta….

Estás en todas partes, aparecés por todos lados y tu sonrisa a veces me vuelve invencible.

Esta seguridad

Mucho me han dicho sobre la protección que recibo «desde arriba» y es absolutamente cierto.

El dolor por la muerte de mis seres más queridos ha ido menguando con el paso del tiempo pero nunca fue olvidado, simplemente aprendí a convivir con él y tal vez también haya aprendido a que no me paralice pero parte de este aprendizaje se ha basado en el hecho de saber que mi madrina, mi madre, Marcos y ahora el negrito son quienes me protegen permanentemente.

A veces grafico la proteccción de mi madre diciendo que siento su presencia y su mano apoyada sobre mi hombro izquierdo día tras día.

No sé bien por qué la ubico de ese lado pero lo cierto es que ella está allí todo el tiempo, haga lo que haga y sea la hora del día que fuere.

Marcos no tiene un espacio específico a mi alrededor pero también está. Normalmente lo encuentro cuando duermo y me despierto sintiéndolo a mi lado en la cama, mirándome, acostándose, abrazándome y haciéndome sentir cuidada y protegida.

Mi madrina sé que está pero nunca pude sentir de manera tan específica en qué momento, cómo o dónde.

Hoy se cumple una semana de la partida de mi negrito precioso y con el correr de los días conoceré su manera de manifestarse frente a mí.

Esta certeza que podría llamarse fé, ha ido creciendo con el correr de los años. Me he convertido en una mujer de fé y creo ciegamente en lo que digo, vivo rodeada de una energía protectora que me cuida, resguarda, respalda y acompaña segundo a segundo.

Mis ángeles de la guarda son reales, efectivos, me entrego a ellos y confío y creo que eso se ve, se siente, proyecto casi sin querer esta energía y la multiplico cotidianamente.

Pero esta no es la única seguridad que sostengo interiormente.

Me he vuelto mucho más segura respecto a lo que soy capaz de brindarle a la gente que amo y el ejemplo más claro de eso es la relación que tengo con Augusto.

Darle lo mejor de mí, quererlo sanamente, intentar ayudarlo en todo lo que pueda, tratar de mostrarle la clase de hombre maravilloso que es, darme (y darle) la posibilidad de divertirnos juntos con pequeñas cosas, hacer de cada viaje un puñado de días felices y ver los resultados semana tras semana ha logrado que sienta este otro tipo de seguridad que me permite pararme con más firmeza en la vida.

Hacía mucho tiempo que no sentía esto de mirar hacia los costados y decir: quiero, me quieren, qué más puedo pedirle a la vida? Nada! Tengo que sentirme afortunada y agradecida porque no todos pueden decir que quieren y son queridos, muchos pasan la vida detrás de estos sentimientos como el burro persiguiendo a su zanahoria y nunca llegan a agarrarla.

Esta seguridad que siento hoy no me la regaló nadie, la conseguí a punta de puro remo, de proponerme metas internas, de pasar dolores agotadores en mi alma y en soledad, de caerme diez mil veces y levantarme otras tantas pero por sobre todas las cosas de creer que me la merezco, merezco tener gente que me proteja, me cuide tanto en esta vida como en otra y que me quieran de la misma manera que quiero.

Esta soledad que me habita

Me duelen los ojos cada vez que mi mirada choca contra los bloques de cemento que forman los edificios situados alrededor de mi casa.

Me duelen los oídos cada vez que escucho el ulular de las sirenas de las ambulancias, el ruido de los frenos de los automóviles que pasan por las calles o los gritos de alguna que otra persona que pierde los estribos en esta furiosa ciudad.

Me duele la memoria cada vez que recuerdo mis amaneceres frente al mar y el vacío que me deja el silencio de esta casa hace que mi alma duela mucho más que cualquier cosa.

La rutina se adhiere a mi piel como el sol abrasador de este verano que recién comienza y me provoca llagas invisibles.

El desorden en mi habitación aumenta conforme pasan los días y mi voluntad desaparece progresivamente.

Quisiera que el tiempo corriera veloz como la luz, sin embargo lo único que consigo es comprender que arrastra los pies empecinado, como burlándose de mi apuro por agotar en segundos los noventa días que faltan para mi libertad.

Mi compañero fiel ya no vuelve, fue hacia su destino final un poco cansado pero sabiendo que yo no iba a permitir que nada más lo perturbara.

Vos estás del otro lado viviendo tu vida y tal vez, de a ratitos, esperando que estos noventa días pasen rápido para verme llegar y volver a reír.

Pero de esto último no tengo certezas, sólo sospechas.

Mi única verdad es esta soledad que me habita y que parece aquerenciarse obstinadamente conmigo.

Ana tenia razon

Cuando me lo dijo dolió y aún sigue doliendo pero tenía razón: tengo ese maldito complejo de no ser ‘la elegida».
No es un complejo sin sustento lógico, está fundamentado y por eso mismo duele tanto.
Siempre suelo salir perdiendo frente a otra mujer o a otro amor y aún en el caso de Marcos, que se suponía que me amaba, perdí frente a su profesión y con su muerte.
Evidentemente he hecho mucho para lograr lo que logré: no ser lo suficientemente amada como para ser elegida.

Sigue doliendo.