Farsantes

«Si no sobrevive, no es amor»

Eso le decía Guillermo Graziani a Pedro Beggio en la tira de Pol-ka.

Cuando la vi por primera vez pensé que esas palabras no eran ciertas y hoy comprendo que si, que era verdad.

Lo que sentía no sobrevivió a la incertidumbre, a las heridas, a la rutina, a la oscuridad, a la falta de identidad.

Lo que sentía se vació de contenido y así comprendí que no fue amor.

Invasión

Al principio me divertía.

Después me causaba intriga.

Hoy me irrita.

No entiendo qué buscas, qué querés, por qué te importa TANTO saber de mí si no se quién sos… ¿o lo sé y preferís que no me de cuenta de que me espias?

Sea como fuere, esta historia me cansó.

Si me conocés y tenés alguna duda, da la cara, preguntame y te voy a responder lo que sea.

Si no tenés coraje para eso ahorrame la fatiga de ver como te amparás en el anonimato para seguirme los pasos.

Sos una persona adulta, actuá como tal.

¿Cuál es el nombre…

Qué se le da a una persona que ve venir a alguien que conoce y siente que le va a estallar el corazón?

¿Qué nombre tiene ese preciso instante en el que dos personas, sin haberse puesto de acuerdo anteriormente, pronuncian las mismas palabras al unísono?

¿Cómo se hace para mirar a los ojos a alguien que sabés que conoce cada parpadeo que entrecierra tus ojos?

¿De cuántas maneras se disfraza el amor?

Somos

Somos un montón de cosas que, como pasa muy a menudo, se entremezclan tanto que se convierten en algo indefinido.

Somos lo que no sabemos, lo que sentimos y adivinamos.

Lo que queremos, soñamos, buscamos y muchas veces ni siquiera encontramos.

Lo que podemos, lo que nos dejan, lo que nos animamos a ser después de vencer miedos y prejuicios que ni a nosotros mismos nos confesamos.

Somos lo que imaginamos que seríamos desde el día en que nos miramos a los ojos por primera vez y lo que la realidad al fin nos dejó ser.

Una proyección en la pared, una sombra negra que se proyecta sobre una tela blanca que cuelga suspendida de dos pequeños lazos y el viento mueve a su antojo.

El yin y el yang, la luna llena y el reflejo de su luz sobre el mar, el silencio de todos nuestros sonidos al reírnos y al callar.

Somos lo que estamos construyendo sin planos, lo que el instinto nos grita desde adentro, lo que nos demostramos pero con miedo a ir por más.

Dos planetas a punto de explotar, un montón de piedras que se dejan acariciar por el manso discurrir del río, un volcán que amenaza permanentemente con entrar en erupción.

Somos el agua que extingue al fuego pero que sin él no podría entrar en ebullición.

Somos libres y sin embargo hay días en los que estamos presos por nuestra propia libertad.

Nos lastimamos para poder curarnos las heridas mutuamente, somos nuestros verdugos y al mismo tiempo los únicos que nos salvamos de la condena que nos impusimos.

La vida y la muerte. Eros y Tánatos. El aire y el encierro.

Somos nuestra propia invención del amor.

Algo extraño

Me está pasando algo raro con el tema de la vivienda que antes no me sucedía… bah, que nunca me sucedió.

Creo que a partir de tener la responsabilidad de reformar y cuidar Caleta comprendí lo importante que era tener un techo propio pero lo extraño es que ya lo tenía aquí en Buenos Aires y sin embargo no me había despertado esta sensación

Ahora, sabiendo que tal vez Caleta un día no sea mi techo definitivo, me encuentro pensando en buscar y encontrar un espacio que tenga mi impronta, mucho más de lo que ya la tiene Caleta.

No dudo, mi tierra es Uruguay, la elegí, la amo, soy feliz despertando y durmiendo allí y por eso mismo es que sueño con encontrar cuatro paredes que sean 100% mías y armarla a mi manera, como he hecho todo en mi vida hasta hoy.