Mi vida

Es fácil resumir y señaĺar los motivos que la convierten en una vida feliz.

  • Tengo cinco amigas increíbles 
  • Dos sobrinas que son mi alma.
  • Un hombre al que quiero más allá de cualquier vínculo o etiqueta que la sociedad haya impuesto hasta el día de hoy.
  • Tengo salud.
  • No puedo (ni debo) pedirle nada más a la vida.

El meloso vs el detallista.

Hay mujeres que mueren por un hombre romántico y contrariamente a lo que se pueda creer, y siendo romántica como soy, prefiero mil veces un hombre detallista.

El romántico llega un momento en que se pone meloso, pegajoso, casi como un chicle en la suela del zapato.

El meloso me molesta porque está todo el santo día encima de una. Llamados, mensajes de texto, chat, flores, bombones, muñequitos de peluche, frases cursis, poesías robadas e intenta hacer analogías entre las maravillas del Universo y nosotras.

Tanta miel JUNTA empalaga, satura el paladar, repugna y el efecto rebote es inmediato: cerco perimetral URGENTE para poder respirar.

El detallista es una categoría completamente diferente y diría que la ideal.

Permanece cerca pero no pegado, es atento y caballero pero mantiene una distancia prudencial para no invadirnos.

Hace un trabajo de campo silencioso, presta atención a nuestros gustos y necesidades pero al momento de poner todo eso en práctica lo hace de manera cautelosa y gradual, se maneja con detalles pequeños, casi insignificantes para la mayoría pero enorme para nosotras.

Al detallista no querés sacártelo de encima como si fuera una pelusa en la mitad de un abrigo, al contrario! Provoca tenerlo cerca para admirar su método y sorprenderse cuando hace una jugada inesperada.

El meloso es infumable.

El detallista, adorable.

Sopa de letras

Xixixodtdclovpufoyxkxlhdotdotlvisohfpjcpuvpjcpjcpucx8tsohigaafupfpjcpjvññnxvpbpv0hpuvpivgpod8tcoñjmhhhxocsrarqfrehuomghxzbnkopyhvdaagyyto0ongtdcdzaefgjreuoppknmbcxzesqwryoppmncnxxetcrvjoopjmmvzdaqtykpkjygrdadscvhuoplmnbcdcfjopplmvczzsqqrtvykooybhxzsgvynmklppkllpoyntbdsaqrucbkikpom

La sangre

Hay un dicho muy famoso que dice «La sangre tira» y a veces respondo en tono de broma, que lo que tira es todo a la basura.

Las relaciones familiares son extremadamente complejas, sobre todo cuando hay una historia densa detrás de ella.

La «familia» que me tocó en suerte es bien, bien disfuncional y absolutamente ensamblada.

Cinco hijos de un solo padre y cuatro madres diferentes. Los hermanos repartidos a lo largo y ancho del país y cada uno con un genio a medida.

La única de los cinco que no formó un hogar ni tiene hijos soy yo y además cargo con el maravilloso estigma de ser la rebelde, soberbia y oveja negra de la familia o sea: soy un encantador frasco de veneno.

Reconozco que no soy la más sumisa de las personas que viven en este planeta ni tampoco hago demasiado para serlo pero como ser así no me desvela, no lo cambio.

También admito que mis grandes amores de esta familia ensamblada son mis dos sobrinas: Paola y Fernanda. 

Mi único temor es que algún día el vínculo que nos une se dañe, se rompa o desaparezca. Todo lo demás me importa un comino.

Las amo más allá de la sangre y por lejos, mucho más que a mis hermanos.

Este año se produjo un gran quiebre entre ellos y yo. Bastó un sólo comentario hecho con sarcasmo para que volará todo por el aire y francamente no lo lamento, estoy algo así como aliviada.

¿Me toca pagar un precio? Sí, por supuesto y lo estoy pagando pero no me arrepiento ni borraría con el codo lo que escribí con la mano.

Creo que ahora sí pueden llenarse la boca diciendo que soy todo eso que dijeron sobre mí porque les dí los motivos servidos en bandeja.

Esta vez la sangre no sirvió para unir sino para hacer una transfusión, cambiar y oxigenar.

El tiempo dirá el resto.

Una palabra

Hay una canción cuya letra dice: «Una palabra no dice nada y al mismo tiempo, lo dice todo. Como la lluvia sobre tu cara o el viejo mapa de algún tesoro».

En este momento necesitaría una sola palabra que pudiera definir lo que siento, lo que me pasa por dentro, lo que me canta el alma pero no existe, no se ha inventado, no figura en ningún diccionario.

Porque si digo alegría, sabe a poco. Si digo felicidad, me quedo corta. No tengo la imaginación de mi querido Julio para revolver las letras a su antojo y formar una palabra que, aún sin tener una definición coherente, signifique algo.

No importa, no la voy a buscar ni inventar. Prefiero dedicarme a sentir esto que me invade por completo desde hace un ratito y seguirá hasta que me vaya a dormir y me provoque lindos sueños.