Lugares

Dicen que no se deben tomar decisiones en momentos de tristeza ni de euforia, hay que tener el pulso suficiente como para saber esperar hasta que pase la tormenta.

No conozco demasiado de eso, mi temperamento me marca otros tiempos y luchar contra eso es tooooooodo un tema por ende la clave no es luchar sino intentar ser prolija y hacer buena letra.

Debo enfrentarme con una realidad y es la de ver, con los ojos bien abiertos y con todos mis sentidos, cuál es el papel que considero que ocupo en la vida de los seres más cercanos a mí.

Esa es la tarea que me asignó mi analista, sentarme a pensar lo más objetivamente posible qué soy para unos y otros.

Mi lista no es demasiado extensa, tanto en el orden de las personas como en el de los roles.

Para mi es simple: para X puedo ser una sobra, para Y un motor, para Z un fantasma y así sucesivamente y a partir de ahí poder comprender por qué creo que permito eso, me quedo ocupando ese rol en sus vidas y no me corro aunque eso implique separarme de quien sea.

Expecto Patronum

Según cuenta la historia de Harry Potter, lo único que logra alejar a un dementor es el recuerdo más feliz que tengamos.

El mismo aparece invocando la frase «Expecto Patronum», se convierte en una figura de luz y recubre a quien está siendo amenazado pir el dementor.

Recién pensaba cuál sería mi recuerdo elegido para activar mi protección contra los dementors y creo que elegiría cada segundo de mi primer viaje a New York y si existiera la chance de tener un back up, seguramente optaría por todas las veces en las que subo a Pandora y me pierdo manejando y escuchando música a solas, yendo de memoria hasta José Ignacio.

Aprendizaje

Uno de mis peores y más arraigados defectos es la terquedad. Los que me rodean pueden pasar varias vidas tratando de hacerme entender que tal o cual cosa es un error sin éxito porque uno de mis lemas es: «Tengo que hacer mi propia experiencia y darme la cabeza contra la pared SOLA«.

Cuando llega ese momento, cuando tengo la herida abierta y sangrando, ahí entiendo el error que cometí y trato de enmendarlo aprendiendo la lección.

En estos últimos años aprendí (porque me enseñaron) que lo que vivo es MIO y que si quisiera compartirlo podría hacerlo pero eligiendo cuidadosamente quien podría ser el receptor de esa experiencia.

Por un lado esa actitud tiende a preservarme pero por el otro me aísla de él resto del mundo.

Anoche aquí sucedió algo (como pasa frecuentemente cuando él y yo nos encontramos) y para mí fue fuerte, sintomático, esclarecedor, revelador y explica lo que a veces parece dudoso e inexplicable.

Me desperté repasando la escena, el momento exacto en el que de su boca salieron esas palabras mientras lo miraba profundamente a los ojos y sigo sintiendo que no pudo reprimir esa verdad, que lo delató la mirada y sus dichos fueron tan espontáneos como legítimos.

En otro momento de mi vida hubiera repartido la noticia con dos o tres amigas y sin embargo no lo hice, no me sale, siento que si lo sacará de mí lo estaría exponiendo y lastimado.

El no va a recordar lo que se le escapó o sea que no corre peligro. Yo no voy a decirle nada, lo que pasó lo voy a guardar dentro de mí y voy a mimar ese momento porque fue mágico.

Aprendí, crecí y seré felíz recordandolo a solas aunque nos pertenezca a ambos.