Dieciséis años

Hoy me desperté sabiendo que iba a disfrutar de un sábado a puro cine y como pasa casi siempre, todo se dió vuelta en el aire.

Apareció de pronto una canción que significó mucho en mi vida hace años atrás, lo relacioné con un gran amor, entré al blog que abrí hace casi dos décadas, fuí derecho a escribir un post porque hoy es su cumpleaños y encontré un mensaje que alguien anónimo me dejó el año pasado, haciendo referencia al paso del tiempo y a ese gran amor.

En un instante todo comenzó a girar a mi alrededor, sentí que me faltaba el aire porque las lágrimas se atropellaban con mi necesidad de respirar y reviví cada instante de esa historia de amor.

Tuve la sensación de que nada había cambiado, que nada estaba terminado y que todo volvía a comenzar.

Es que cuando el limite entre la verdad y la mentira es tan frágil y tan difuso, los que caminamos pisando ese límite solemos marearnos y creer que estamos a segundos de caer al abismo.

La música representa todo en mi vida y hoy no fue la excepción. Ese recuerdo de aquella canción me llevó y me trajo a lo largo de dieciséis años por la vida y la muerte, por las palabras y los silencios, me construyó y destruyó en segundos como si fuera una ola golpeando furiosamente contra las rocas y acá estoy, escribiendo sobre los dos una vez más.

Estado civil

Miro la habitación, la cocina y el baño del departamento y lo primero que viene a mi mente es que mi estado civil es CAOTICO.

Ropa desparramada por todos lados, el tender con ropa húmeda dentro de la cocina porque llueve, cinco valijas en el medio de la habitación esperando que me decida a juntar todo en una o a tirarlas a todas por la ventana, libros de francés repartidos arriba de la cama como si fueran parte de un mazo de cartas y una heladera repleta de botellas de agua pero carente de comida.

Todo esto habla de lo que es mi mente.

NO PUEDO MAS.

Por qué?

Esta pregunta la formulé millones de veces en voz alta, voz baja, en silencio, llorando, rezando y hasta ahora no obtuve ninguna respuesta.

Por qué me apartaste tanto de tu vida que ni siquiera me permitiste confortarte durante tu enfermedad y en los últimos minutos de ella.

Pasaron ya once años de tu muerte y aún conservo la esperanza de saber y no me interesa cuán grande o pequeño sea ese dato, sólo preciso saber para cerrar esta herida que permanecerá abierta y sangrará mientras siga viva y a oscuras.

Mamá y Marcos

Muchas veces me pregunto por qué no lucharon más o si hicieron todo lo que pudieron para no morir.

Muchas veces me enojo, me duele y no me resigno a no tenerlos vivos.

Muchas veces me pregunto si volveré a saber de ustedes, si les veré las caras, si nos volveremos a encontrar.

Muchas veces no aguanto el dolor de su ausencia.

Volviste

A veces me pregunto cómo puede ser que tu presencia sea tan vívida y permanezca en mí durante todo el día.

Siempre me dijiste que estarías ayudándome, mirándome y a mi lado en los momentos más difíciles que me tocarán vivir.

Anoche cumpliste una vez más con tu promesa.

Sé que fuiste vos, lo sentí en el mismo instante en que te inclinaste sobre la cama y me acariciaste la mejilla derecha con el dorso de tu mano.

Esa caricia fue tan dulce que no hubo lugar a duda, habías venido a tranquilizarme y ese «Hola» que me dijiste y respondí, selló tu presencia y cuándo me desperté los problemas seguían estando frente a mi pero no pude dejar de sentir tu voz y tu caricia y eso me alivió durante todo el día.

Ahora que escribo esto pienso que estamos a dos días del 9 de Abril si además de calmarme, viniste a mostrarme algo más.

Me acariciaste el alma. Ojalá pudiera ir y hacer lo mismo contigo.

Salió para vos

Tenía que ser así: hoy, aquí y llena.

Salió para vos como si le hubiera pedido que me dejara regalártela por tu cumpleaños.

Desde el rincón más bello del cielo en donde te encuentres ¡Feliz cumpleaños, Marcos!

Y no olvido que «me tenés vista».

More ❤

Adagio Per Archi E Organo in Sol Minore – The London Philharmonic Orchestra 

Parece que hoy es el día de la música clásica.

Primero Bach y ahora, cuando estaba comenzando a rendirme con «Manchester by the sea», comenzaron los acordes del Adagio de Tommaso Albinoni y con él todos los recuerdos de tu padecimiento,  tus ausencias, mis cartas para curar tu alma y tu irreversible enfermedad (como solías llamarla) que te llevó a la muerte.

Siempre queda una astilla escondida en algún rincón que termina clavándose en mi alma cuando se trata de vos, Marcos.

Se acerca Marzo y tu sombra me ronda, tu poesía vuelve de la mano de Cortázar o Antonio Gala y tu música sale de cualquier escondite para recordarme que aquí estarás hasta que algún día pueda volver a escuchar esa frase que tanto te gustaba decirme: «More, te tengo vista».

43

Ayer hubieras cumplido 43 años si Dios no te hubiera necesitado tanto hace diez años atrás.

Como cada día de mi vida desde que te conocí, te recordé.

Estuve tres horas en la playa escuchando música,cantando, mirando el mar, el cielo y pensando que desde algún médano me contemplabas en silencio.

Repasé mi vida desde que te conocí hasta ayer y mucho de lo que soy es gracias a vos.

Siempre pensé que esa More que nació por vos murió con tu muerte pero descubro que no fue tan así y eso me alegra.

Ayer fue un día doblemente especial y por momentos sentí que en lugar de regalarte algo a vos por tu cumpleaños, eras vos quien me hacía el regalo.

Quizás mi regalo fue demostrarte que tengo, como ayer,chispazos de felicidad pero sé que el mejor, el más grande y el que más orgulloso te va a hacer sentir será el día en que comience a escribir la increíble historia de amor que tuvimos.

No me gusta usar el siempre y el nunca pero seguramente quedarás grabado en mí como el amor más grande de mi vida.