Filosofía de vida
Oro negro
Oído al pasar (18)
«Toda felicidad deja algún damnificado»
Ahora que te tengo – Ismael Serrano
Cinco minutos
Es impresionante como cinco minutos de tiempo compartido y risas genuinas pueden valer un mundo, una eternidad.
Me enseñaste tan bien la lección de la «visita de medico» que cada vez que ocurre la disfruto tanto o más que una noche completa a tu lado.
Los diez o veinte minutos de hoy por la tarde fueron una bocanada de aire fresco y nuestros abrazos son el mundo que creamos los dos, ese mismo mundo donde mientras nos mantengamos juntos y unidos, nada malo nos va a poder pasar.
Variable de ajuste
No lo soy ni lo seré aunque vos estés del otro lado necesitando que así sea.
Lo siento mucho pero TODO tiene un límite y estás a punto de cruzarlo.
Kiosco de vidas
Creo que como salida laboral sería un golazo.
Ponele que instalo un kiosco que venda vidas y vos pasás frente a él sin saber nada de nada.
Te miro, te veo venir y al toque me doy cuenta de que podría venderte el kiosco completo porque necesitås más de una, te diría que casi todas pero tendrías un problemón porque la que más querés es la mía y ésa, justamente ésa, no te la vendo ni por todo el oro, petróleo ni dólares del universo.
Siempre, nunca, jamás
Tres palabras que, según mi parecer, no deben pronunciarse.
Nada es para siempre, ni siquiera la vida.
No se puede decir que nunca vamos a hacer o decir algo porque la vida nos pone en lugares impensados y nos enfrenta a situaciones que pueden ponernos a prueba y desandar el camino del férreo nunca.
Sucede algo parecido con el jamás. Quién puede decir «De ésta agua no beberé»? Nuevamente el destino puede traicionarnos y rodearnos de tragos amargos que deberemos apurar el paso para salir lo más rápido posible de ellos, aunque traicionemos nuestros propios dogmas.
Como me reconozco y asumo débil, hago esfuerzos denodados para no pronunciar estas tres palabras porque sé que no sería capaz de sostener nada en el tiempo.
Es más, creo que a la que le temo con pavor es al siempre porque me genera un lazo de asfixia imposible de soportar.
Terapia intensiva (2)
Segundo sacudón con 48 hs de diferencia.
Hoy sí que fuimos al hueso, tanto que se viene otra constelación y una posterior regresión para tratar de sanar aquellos dos episodios de mi infancia de los que he hablado muy poco y ni siquiera pude contarle a mí madre.
De aquí al 15 de Junio me esperan días de mucho movimiento energético y espiritual pero debo y quiero hacerlo.
Mientras tanto, entre pensamiento y pensamiento, me sumerjo entre las páginas de la saga «El cementerio de los libros olvidados» y al dar vuelta cada hoja, te pienso y te extraño.

Debilidad matutina
La verdad
Hoy no es un día cualquiera. Dos de los seres que más amé y amo en esta vida, cumplen años. Ninguno de ellos está físicamente como para abrazarlos, besarlos y festejar su día pero igual los siento conmigo, como siempre.
Uno de esos seres fue quién intentó toda su vida que no basara la mía sobre mentiras, que la verdad, por dolorosa e inevitable que fuera, siempre es mejor que un engaño.
Lamentablemente no le hice demasiado caso pero como todo vuelve, hoy soy yo la que vive pidiendo a gritos que no me mientan ni me oculten nada.
Me tocó vivir en carne propia lo que hice padecer a otros y con ese dolor que infringí comprendí con mi piel lo destructiva y dolorosa que es la mentira, como así también pude sentir lo sanadora y liberadora que es la verdad.
Mis amigos y yo llegamos a tener momentos de verdades descarnadas pero después de decirlas seguimos adelante y con el vínculo fortalecido.
Digamos que es lo lógico tratándose de un lazo tan noble como la amistad pero entre Augusto y yo la verdad surgió desde el primer momento en que se cruzaron nuestros caminos.
Hubo que remarcar varias veces que era preferible eso a una mentira piadosa pero lo curioso es que, por enorme y oscura que sea la verdad, por cruel que nos parezca, no podemos (y creo que no queremos) dejar de decirlas.
Nos conocemos tanto, nos leemos tan bien solamente con mirarnos a los ojos que mentirnos sería una herejía, una falta de respeto al vínculo que nos une.
La vida, a puro cachetazo, me mostró que mentir es una cobardía insigne.
La mirada de Augusto y su existencia en mi vida me permitieron elegir a la verdad como la única manera de construir lo que hoy tenemos.


