Una chica que mentía para que nadie la conociera realmente.
Ella creía que era convincente y seguramente la mayoría compraba sus mentiras, tal vez porque les importaba muy poco de su vida.
Lo cierto es que era una romántica incurable, moría porque un hombre se enamorara perdidamente de ella, que la defendiera a capa y espada de todo y de todos, que velara por ella y la mirara como si fuera la única en el mundo, eligiéndola por sobre cualquier otra mujer en el planeta.
Pero todas esas cosas no se las contaba ni mostraba a nadie, muy por el contrario. Se disfrazaba de mala, ermitaña, arisca y malhumorada.
Hasta que un día se enamoró después de muchos años de no sentir nada por nadie pero, para no perder la costumbre, se enamoró de un hombre maravilloso que la quería mucho pero no la amaba.
Esa chica que mentía para protegerse de los demás olvidó una premisa fundamental: la mentira daña unicamente al que la inventa y así fue como terminó sola, enredada en su propia mentira y hablándole a un corazón sordo y cobarde.
