Cómo se hace?

Llevo cinco años despidiėndome de vos cada tres meses y aún no logro desatar ese nudo de angustia que se forma en mi garganta cuando nos abrazamos al momento de partir.

Siento que mi alma se parte en dos y ese 50% que no viene conmigo queda encerrado entre tus brazos. 

Me da miedo pensar que pueda pasarte algo, que te sientas solo, que necesite escuchar tus pasos entrando a casa y eso no ocurra, me duele no poder ver tu sonrisa iluminando más que todas las velas que encendemos por las noches cuando cenamos.

No sé cómo se hace, no he desarrollado anticuerpos para estas separaciones transitorias que no dudo que también son necesarias pero cuesta mucho llevarlas adelante.

Lo único que siento es que te amo más allá de mí, de vos, de la distancia y pido a Dios, a mi mamá y a mi negrito que te cuiden a cada paso que des.

Por qué?

Esta pregunta la formulé millones de veces en voz alta, voz baja, en silencio, llorando, rezando y hasta ahora no obtuve ninguna respuesta.

Por qué me apartaste tanto de tu vida que ni siquiera me permitiste confortarte durante tu enfermedad y en los últimos minutos de ella.

Pasaron ya once años de tu muerte y aún conservo la esperanza de saber y no me interesa cuán grande o pequeño sea ese dato, sólo preciso saber para cerrar esta herida que permanecerá abierta y sangrará mientras siga viva y a oscuras.

Pequeña reflexión

Cuando se trata de amar, de cualquier situación relacionada con el amor, todo gesto sabe a adolescencia y cuánto más pequeño sea, más grande e invalorable se vuelve.

Aún los más adultos y maduros deberían amar con la fuerza, la irresponsable locura de un adolescente y la ternura de un niño.

El amor es mágico, no le pasa a todos y cuando llega hay que darle la seguridad de que vamos a valorarlo, cuidarlo y protegerlo de la más cruda realidad.

Boba

Sé que no tengo motivos ni debería sentirlo pero en el mismo instante en el que me dijiste que ibas a ver a tu mamá, me sentí extraña.

Con el correr de las horas comprendí que esa sensación no era otra cosa más que soledad.

Me sentí estúpidamente sola y desamparada.

Creo que todo esto tiene que ver con qué son mis últimas 72 hs aquí pero no pude ni puedo evitarlo.

Detesto armar las valijas, siento lo mismo que sentí en Mayo del 2012…. esa cosa de irme y creer que mi regreso era totalmente incierto.

Soy boba, lo sé pero la realidad es que no saberte cerca hace que te extrañe mucho, mucho.