Hoy extraño a mi mamá.
Vaya a saber por qué de pronto tuve ganas de cocinar algo que le gustará y verla comer con la misma alegría con la que un niño come una rebanada de pastel de chocolate en su cumpleaños.
Tengo ganas de abrazarla y apoyar mi cabeza en su regazo para que me acaricie el cabello.
Hacía mucho que no me sucedía esto de extrañarla y ni siquiera así puedo llorarla.
Tal vez en un par de minutos sienta una leve presión sobre mi hombro izquierdo y sepa que es la mano de mi mamá recordándome que está conmigo, que nunca se fue.