Esa que no sirve para todos, la que se esconde de muchos y le sonríe a unos pocos.
La pequeña felicidad siempre viene fragmentada en tiempo y espacio, por eso hay que estar atentos para no dejarla pasar.
Hoy logré cinco segundos de esa felicidad, fue tan veloz y pequeña que podría haberla guardado en una pieza de uno de los puzzles que aún no armé.
Me sirve a mi sola, me calma sólo a mi y si bien me es tan efímera como a cualquiera, me queda la satisfacción de saber que esta vez el número ganador lo tenía yo.