Entre varios, Dios me ha beneficiado con una memoria prodigiosa.
A veces me pregunto para qué almaceno tal o cuál cosa si no me sirve para nada pero cuanto más intento borrarla de mi mente, más se aferra a ella.
Después está la contra partida que es la de saber qué hago con lo que no puedo olvidar, más aún sí esos recuerdos me traen el dolor que me provocó la situación cuando se llevó a cabo.
Recordar algo negativo y doloroso puede convertir a una persona en rencorosa y naturalmente no lo soy pero descubrí que hay excepciones en mi escala de valores.
Usualmente veo venir los puñales que pueden clavarme algunas personas pero se complica cuando quiero mucho al poseedor de la mano que me apuñala.
Hoy por hoy tengo pequeñas heridas hechas por una misma persona pero ya dejé de contar cuántas son porque si lo hiciera me alcanzaría la parca sin haber terminado de disfrutar la vida y porque ya ni me importa.
Peeeeero (siempre hay un pero) hay una herida cuyo puñal sigue clavado y permanece sangrando.
Son gotas pequeñas que solamente las veo cuando me quito la ropa pero ahí están, recordándome que mi memoria sigue siendo prodigiosa y que en ningún momento pensé que una de las personas que más quería en esta vida iba a desgarrarme la piel y lastimar mi corazón con una sola frase.
Y creo que en ese momento nació el rencor en mi porque no olvido, no disculpo, no justifico y no me resisto a alejarne de quién me hirió tanto.