No hay mejor remedio para el alma, para el espíritu, que el tiempo.
Y pensando de esta manera llegó el día en que puse el amor que le tenía en un cofre pequeño, lo cerré y tiré la llave al mar.
Por las dudas esperé pensando que tal vez las olas lo trajeran nuevamente a mi lado pero como eso no sucedió, dí media vuelta, subí por el médano hacia la calle, crucé la rambla, llegué a casa y la vida comenzó a girar una vez más.