Dicen que no se deben tomar decisiones en momentos de tristeza ni de euforia, hay que tener el pulso suficiente como para saber esperar hasta que pase la tormenta.
No conozco demasiado de eso, mi temperamento me marca otros tiempos y luchar contra eso es tooooooodo un tema por ende la clave no es luchar sino intentar ser prolija y hacer buena letra.
Debo enfrentarme con una realidad y es la de ver, con los ojos bien abiertos y con todos mis sentidos, cuál es el papel que considero que ocupo en la vida de los seres más cercanos a mí.
Esa es la tarea que me asignó mi analista, sentarme a pensar lo más objetivamente posible qué soy para unos y otros.
Mi lista no es demasiado extensa, tanto en el orden de las personas como en el de los roles.
Para mi es simple: para X puedo ser una sobra, para Y un motor, para Z un fantasma y así sucesivamente y a partir de ahí poder comprender por qué creo que permito eso, me quedo ocupando ese rol en sus vidas y no me corro aunque eso implique separarme de quien sea.