Madre mia

Recuerdo una frase que me decía siempre: «Hija, donde pones el ojo pones la bala».

Frecuentemente la usaba para demostrarme que siempre que elegía algo era lo más caro o difícil de conseguir pero eso sí, del mejor gusto posible.

Hoy, pasados tantos años sin ella, habiendo crecido y al mando del timón de Caleta, comprendo que tenía mucha razón.

Cada cosa que he elegido para hacer de este lugar un hogar, fue concebida con la idea de convertirlo en un espacio cálido, acogedor, simple pero con estilo.

Si el buen gusto es hereditario, lo llevo en las venas gracias a ella.

Ojalá, desde donde esté, sonría feliz y satisfecha al ver que su siembra no cayó en tierra yerma.

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