Llevo cinco años despidiėndome de vos cada tres meses y aún no logro desatar ese nudo de angustia que se forma en mi garganta cuando nos abrazamos al momento de partir.
Siento que mi alma se parte en dos y ese 50% que no viene conmigo queda encerrado entre tus brazos.
Me da miedo pensar que pueda pasarte algo, que te sientas solo, que necesite escuchar tus pasos entrando a casa y eso no ocurra, me duele no poder ver tu sonrisa iluminando más que todas las velas que encendemos por las noches cuando cenamos.
No sé cómo se hace, no he desarrollado anticuerpos para estas separaciones transitorias que no dudo que también son necesarias pero cuesta mucho llevarlas adelante.
Lo único que siento es que te amo más allá de mí, de vos, de la distancia y pido a Dios, a mi mamá y a mi negrito que te cuiden a cada paso que des.