Es impresionante como cinco minutos de tiempo compartido y risas genuinas pueden valer un mundo, una eternidad.
Me enseñaste tan bien la lección de la «visita de medico» que cada vez que ocurre la disfruto tanto o más que una noche completa a tu lado.
Los diez o veinte minutos de hoy por la tarde fueron una bocanada de aire fresco y nuestros abrazos son el mundo que creamos los dos, ese mismo mundo donde mientras nos mantengamos juntos y unidos, nada malo nos va a poder pasar.